La humanidad no reacciona porque está avergonzada
Por Marta PalacioAnte la arremetida de la izquierda, que tomó la bandera de las víctimas, muchos están horrorizados, pero la gran mayoría sabe que es así. Porque son los artífices victimarios.El planeta tierra está concebido de una manera de aprendizaje. Vemos, pero hay quienes no ven.Oímos, pero ha

Por Marta Palacio
Ante la arremetida de la izquierda, que tomó la bandera de las víctimas, muchos están horrorizados, pero la gran mayoría sabe que es así. Porque son los artífices victimarios.
El planeta tierra está concebido de una manera de aprendizaje. Vemos, pero hay quienes no ven.
Oímos, pero hay quienes no oyen.
Caminamos, pero hay quienes no pueden caminar.
Hablamos, pero hay quienes no pueden hablar.
Tenemos inteligencia, pero hay quienes tienen falencias.
Son nuestros maestros de vida.
Si todos fuéramos perfectos, no trabajaríamos tanto por entender y buscar soluciones.
Utilizar las víctimas de la sociedad para sus propósitos, es una manera de desmoralizar, diezmar las respuestas.
Las personas que han sido violentadas, en su trabajo, en su cuerpo, en sus talentos, en sus derechos, en su sustento, en su autoestima, son ahora violentadas de una nueva manera:
Los exhiben como en una feria llena de colores por fuera, pero con el corazón llorando de dolor y miedo.
Sus vidas han estado bajo la humillación de «personas de bien» ante la sociedad.
Hipócritas que no dan la cara.
Malos jefes, estafadores, violadores, consumidores de sustancias narcóticas, que muestran cara de yo no fuí.
Víctimas de negocios ilegales y sucios, como la trata de personas, el pago por hacer los trabajos sucios, mulas, sicarios, mandaderos, etc.
Les pagan para utilizar su cuerpo para sus manías.
Ahora, dicen: los buenos somos más. Pero todos los pecados de la humanidad de todos los tiempos están aquí, presentes, evidentes, tratando de apabullar las defensas de la sociedad.
La única solución está en corregir, hacer Consciencia, en qué hemos contribuido para que se nos presente la condición de ser victimarios.
El dinero se convirtió en un arma que nos lleva al suicidio colectivo.
Tomó un valor en la vida de cada uno, tan fuerte, que ya no valemos nada.
El dinero ya no es fuente de subsistencia, sino de artilugios que nos denigran como personas.
Nos enamoramos de nuestras obras y nos olvidamos de nosotros mismos.
Ahora, la vergüenza nos alcanzó.
Todos tenemos responsabilidad en las circunstancias actuales y futuras.
De cada uno depende el rumbo que seguiremos.
Borrón y cuenta nueva.

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