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(OPINIÓN) “Colombia es una sola y todos somos Colombia” Por: John Jairo Llano Cano

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(OPINIÓN) “Colombia es una sola y todos somos Colombia” Por: John Jairo Llano Cano

Después de cada proceso electoral pareciera que Colombia se parte en dos. Los discursos de la izquierda, del centro y de la derecha terminan construyendo la sensación de que existen dos países irreconciliables, dos pueblos enfrentados y dos visiones condenadas a coexistir en permanente conflicto.

Las redes sociales, algunos medios de comunicación y ciertos dirigentes políticos han encontrado en la división un escenario rentable. Allí prosperan los insultos, las etiquetas y los prejuicios. Unos son llamados “paracos”; otros, “guerrilleros”. Unos son señalados de fascistas; otros, de vivir de las dádivas del Estado. Unos son los “de siempre”; otros, los “de nunca”. Sin embargo, la realidad colombiana es mucho más grande que cualquier campaña electoral. Más de cincuenta millones de colombianos compartimos el mismo territorio, las mismas carreteras, los mismos hospitales, los mismos problemas de seguridad, los mismos dolores y las mismas esperanzas.

Cuando una tragedia golpea una región, el sufrimiento no pregunta por quién votó la víctima. Cuando una familia pierde un ser querido, el duelo no distingue entre izquierda, centro o derecha. Colombia continúa soportando enormes desafíos: corrupción, violencia, desigualdad, deficiencias en la salud, inseguridad y pobreza. Muchos ciudadanos denuncian estas situaciones con argumentos válidos y exigen resultados frente a quienes han causado tantos daños a la nación. Pero también existe otra Colombia.

La Colombia que produce alimentos para millones de personas. La que exporta café, flores, frutas y talento. La que cuenta con dos océanos, seis regiones naturales y una de las mayores biodiversidades del planeta. La Colombia que posee cerca del 10 % de la biodiversidad mundial y ocupa lugares privilegiados en riqueza de aves, orquídeas y especies naturales. Somos uno de los países más diversos del mundo culturalmente. Más de cien pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, campesinos, empresarios, obreros, jóvenes, adultos mayores y millones de familias construyen diariamente esta Nación.

Colombia ha entregado al mundo escritores, científicos, deportistas, artistas, empresarios y líderes reconocidos internacionalmente. Desde el realismo mágico hasta la innovación empresarial, desde el café hasta la música, desde nuestras montañas hasta nuestros mares, el país sigue demostrando una enorme capacidad de resiliencia. Vivimos en un territorio que millones de extranjeros desean conocer y donde miles han decidido quedarse para construir sus vidas. Nuestras ciudades se transforman, nuestras regiones avanzan y nuestras comunidades siguen demostrando que la solidaridad aún es una de las mayores riquezas nacionales.

Acá seguiremos conviviendo los ricos y los no tan ricos; los que apoyaron al presidente ganador y quienes respaldaron al candidato derrotado; los que celebran las decisiones del gobierno y quienes las cuestionan. Todos compartiremos las consecuencias de los aciertos y los errores de quienes gobiernan. En democracia, un presidente no gobierna únicamente para quienes votaron por él. Gobierna para todo un país. Para quienes lo apoyan y para quienes se oponen. Para quienes tienen mucho y para quienes apenas sobreviven. Para quienes habitan las grandes ciudades y para quienes viven en las regiones olvidadas. No podemos seguir educando a nuestros hijos en la idea de que el vecino es enemigo porque piensa distinto. No podemos aceptar que la política destruya amistades, familias y comunidades. No podemos convertir la diferencia en odio.

La Patria no le pertenece a un partido político ni a un gobierno de turno. La patria es del campesino que madruga, de la madre cabeza de hogar, del policía, del maestro, del empresario, del líder comunal, del estudiante, del médico, del conductor, del vendedor ambulante y del pensionado. Colombia no está dividida en dos mitades. Colombia es una sola y todos somos Colombia. Nuestra responsabilidad como ciudadanos no consiste en profundizar las fracturas, sino en construir puentes. No en señalar quién merece quedarse o irse del país, sino en preguntarnos qué podemos aportar para hacerlo mejor.

Porque cuando termine la campaña, cuando se apaguen los discursos y cuando cambien nuevamente los gobiernos, seguiremos encontrándonos en las mismas calles, en los mismos barrios y bajo la misma bandera. Y allí comprenderemos que, por encima de cualquier diferencia política, continúa existiendo algo mucho más grande que nosotros mismos: la Nación que compartimos.

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