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Nuevo «oso» internacional de Petro

Solo bastaron 21 minutos para que Gustavo Petro hiciera el ridículo ante los ojos del mundo, esta vez por cuenta de la defensa que hizo de Pedro Castillo. A las 12:29 p.m. de ayer, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió una comunicación en la que condenaba las decisiones contrarias al

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Redacción IFM
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Solo bastaron 21 minutos para que Gustavo Petro hiciera el ridículo ante los ojos del mundo, esta vez por cuenta de la defensa que hizo de Pedro Castillo.

A las 12:29 p.m. de ayer, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió una comunicación en la que condenaba las decisiones contrarias al orden constitucional en el Perú.

En el documento, la CIDH reconoció la respuesta democrática de las instituciones del Estado frente a la decisión de Pedro Castillo de disolver el Congreso, instalar un gobierno de emergencia y reorganizar el sistema de justicia, es decir, un golpe de Estado puro y duro.

Asimismo, la CIDH reconoció «la actuación inmediata de las instituciones del Perú en defensa de la democracia para evitar la concreción del quiebre institucional».

Sin embargo, a las 12:50 p.m., el presidente de Colombia publicó un tuit en el que solicitaba a la CIDH aplicar la Convención Americana de Derechos Humanos y expedir medidas cautelares en favor de Pedro Castillo.

En su acostumbrado tono autoritario, Petro creyó que podía impartir instrucciones a la CIDH para proteger a su colega comunista. Lo que no previó, ni tuvo el cuidado de verificar, fue que la Corte había emitido un comunicado en el que, en la práctica, aplaudió los mecanismos de salvaguarda adoptados en el Perú.

Es evidente que nadie, ni en la Casa de Nariño ni en la Cancillería, estuvo pendiente del pronunciamiento de la Corte Interamericana, organismo que calificó a Castillo como expresidente del Perú, lo que en lenguaje diplomático implica la aceptación de las acciones emprendidas en el país de los incas, en defensa de la democracia.

Además, para Petro, lo único que importaba era que se había «conculcado el derecho a elegir y ser elegido» y no las medidas dictatoriales que tomó Castillo para atornillarse en el poder y derrumbar la democracia.

Esa complicidad incondicional, con tiranos que quieren someter a sus naciones a dictaduras feroces, deja muy mal a Colombia en el concierto internacional, pues el presidente respaldó las tropelías antidemocráticas en el Perú, tal y como lo hizo en su momento con el monstruo nicaragüense Daniel Ortega.  

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