(OPINIÓN) Transición energética que transforma vidas. Por: Hernán García
La transición energética no puede medirse únicamente en paneles solares, baterías o capacidad instalada. Su verdadero impacto se refleja en la vida de las personas y en las oportunidades que se generan cuando la energía llega a territorios históricamente excluidos.
En Manaure, La Guajira, trabajamos en la implementación de soluciones fotovoltaicas aisladas que hoy benefician a 1.344 familias, muchas de ellas pertenecientes a comunidades Wayúu ubicadas en zonas rurales dispersas y sin acceso al sistema eléctrico convencional.
La extensión del territorio y las condiciones geográficas exigieron diseñar soluciones adaptadas a cada comunidad. En algunos sectores se instalaron sistemas solares comunitarios que abastecen varias viviendas mediante redes de baja tensión. En las zonas más apartadas se implementaron 203 sistemas individuales, garantizando que las familias con mayor aislamiento también pudieran contar con energía limpia, segura y confiable.
Sin embargo, el resultado más importante del proyecto no está solamente en su infraestructura. Está en lo que ocurre dentro de cada hogar cuando finalmente puede encenderse una luz, conservarse un alimento o medicamento, cargarse un teléfono celular o facilitarse el estudio de los niños y jóvenes durante la noche.
El acceso a la energía también abre posibilidades para la conectividad, el fortalecimiento de pequeños emprendimientos y el desarrollo de actividades productivas que contribuyen a mejorar los ingresos familiares.
Construir con las comunidades
Uno de los principales pilares de esta experiencia fue la participación de la comunidad Wayúu en las actividades constructivas, logísticas y operativas del proyecto.
Desde HG Ingeniería entendemos que las comunidades no deben ser consideradas únicamente como beneficiarias de una obra. Deben ser reconocidas como protagonistas de su propio desarrollo.
La vinculación de mano de obra local generó oportunidades económicas, fortaleció el sentido de pertenencia y permitió incorporar el conocimiento que las comunidades tienen sobre su territorio, sus accesos y sus dinámicas sociales y culturales.
Esta participación demuestra que los proyectos son más sostenibles cuando se construyen con la comunidad y no solamente para ella.
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