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(OPINIÓN) Recordar y aclarar. Por: Héctor Quintero Arredondo

Esta consigna es la que debemos enarbolar los autonomistas por estos días. Abelardo ganó la presidencia con unas ideas entre las cuales estuvo la descentralización del poder hacia las regiones.

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(OPINIÓN) Recordar y aclarar. Por: Héctor Quintero Arredondo

Su ministro del Interior, el señor Lara, anunció que retiraría el proyecto petrista sobre Ley de Competencias, que pretendía cumplir con el mandato constitucional (AL03/2024) de presentar el proyecto de ley orgánica que facilitaría el desarrollo de la reforma y de esta manera dar otro paso para corregir el rumbo recentralizador que lleva el Estado colombiano, en contra del artículo 1 de la Carta. Digamos de paso que tal rumbo le ha costado a las entidades territoriales (departamentos, distritos, municipios y territorios indígenas) quinientos cincuenta billones sin que la centralidad pueda explicar el destino de semejante suma.

El desastroso proyecto Petro no tuvo impulso. Pero el gobierno actual no ha presentado proyecto alguno y entonces recordamos que la legislatura va por la mitad de su tiempo y que ahora todo el peso de la responsabilidad cae sobre este gobierno. Saludos al señor Procurador General de la Nación y le recordamos el texto del artículo 277 CP.

Como estamos seguros de que “volverán las oscuras golondrinas” (reminiscencia de Bécquer), nos adelantamos a colocar sobre el tapete algunas aclaraciones:

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1. No es cierto que la reforma constitucional vigente desquicie la delicada situación fiscal. La norma es clara: competencia cedida con su recurso aportado debe desaparecer del presupuesto nacional en la siguiente vigencia. Por eso, en Colombia Autonómica acuñamos una frase que no nos dejaremos quitar: no hay gasto nuevo, hay cambio de operador.

2. Los enemigos de la reforma sostienen que las entidades territoriales no tienen capacidad para asumir las competencias. Parece que no ven “la viga en el propio ojo por mirar la paja en el ajeno”; esta sociedad está asustada ante la inequidad existente y la pésima calidad de muchos servicios prestados, a la cabeza la educación, que debe ser la primera en pasar a las entidades territoriales. Pero a más de la existencia de este asunto, no cuentan que la reforma ordena capacitar donde hay falencia y reitera la existencia de la gradualidad en el proceso.

3. Los falsos o embolatados moralistas, como buenos fariseos, se postran en las primeras filas donde los “ponchen” las cámaras para expresar su preocupación por el peligro del aumento de la corrupción.

¡Por Dios! En el centralismo hemos llegado a niveles de corrupción que no imaginábamos. Qué tal la Unidad de Riesgos y Ecopetrol, por ejemplo.

Pero además agreguemos que el manejo presupuestal de la gran torta presupuestal es la que ha permitido congresos genuflexos ávidos de reelección, gobernadores y alcaldes amordazados y el refinamiento de mecanismos de contratación y ejecución venales desde su génesis hasta su liquidación. Por otro lado grandes financieros y sus técnicos pagos nadan en fiducias, cuentas gordas y cubren la elaboración de centenares de conceptos y estudios que benefician sus balances y validos.

4. Muchos se asustan porque impulsamos una reforma muy fuerte. Hasta tiene razón: es la más importante en 140 años, pretende airear esta sociedad para que el espíritu centralista quede en el lugar de algún museo inactivo, que es donde debe estar.

Como dijo la delicada pluma de Sor Juana Inés de la Cruz: «¿Que cuál es más de culpar, aunque cualquier mal haga, la que peca por la paga o el que paga por pecar? Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis».

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