(OPINIÓN) La revancha de los Bolsonaro. Por: María Fernanda Cabal
Brasil todavía no ha elegido presidente. La segunda vuelta está abierta y corresponde exclusivamente a los brasileños decidir su futuro.
Las ideas no se encarcelan ni desaparecen porque quienes las representan sean apartados del poder. Su fortaleza se manifiesta cuando los ciudadanos las defienden en las urnas. Eso demostró Brasil, donde Flávio Bolsonaro superó a Lula en la primera vuelta presidencial, mientras el Partido Liberal consolidó una fuerza parlamentaria capaz de modificar el equilibrio político del país.
Contra el pronóstico de las encuestas, Flávio obtuvo el 47,03 por ciento de los votos frente al 45,16 por ciento de Lula y disputará la presidencia el próximo 25 de octubre. El Partido Liberal tendrá una bancada de 28 senadores y 121 representantes. Es una fuerza política organizada y millones de ciudadanos que se resisten a que sus convicciones sean descartadas como una anomalía democrática.
Brasil es el país más poblado de América Latina y la mayor economía de la región. Si Flávio alcanza la presidencia, el giro a la derecha en distintos países adquirirá una dimensión continental. Este resultado deja una enseñanza: los gobernantes deben responder por lo que hacen con el poder.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeLa izquierda brasileña enfrenta el desgaste de años de promesas incumplidas, escándalos de corrupción y una inseguridad que golpea la vida cotidiana. Según Datafolha, el 41 por ciento de los brasileños percibe la presencia del crimen organizado en sus barrios, mientras organizaciones como el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital extienden su influencia. A ello se suman el escándalo de los descuentos fraudulentos a jubilados del INSS y las investigaciones sobre presunto tráfico de influencias que involucran a Lulinha, hijo del presidente.
Durante años, el Partido de los Trabajadores convirtió la superioridad moral en una bandera. El Mensalão reveló una trama de compra de apoyos parlamentarios que terminó con dirigentes condenados. Después vino Lava Jato. Lula estuvo encarcelado y sus condenas fueron posteriormente anuladas por falta de competencia del juzgado y cuestionamientos a la imparcialidad del juez. Pero esas decisiones no borran los hechos de corrupción acreditados en otros procesos. Gobernar en nombre de los pobres no da licencia para saquear el Estado. La corrupción también les roba el futuro a los pobres.
El respaldo a los Bolsonaro, sin embargo, va más allá del rechazo a Lula. Representa a ciudadanos que defienden la familia, la propiedad privada, la seguridad, la autoridad legítima y la libertad económica. La política no puede convertirse en un escenario donde unas ideas tienen derecho a existir y otras deben pedir permiso.
He seguido esta lucha de cerca. Soy amiga personal de Eduardo Bolsonaro y compartí con Flávio en marzo de este año, durante la cumbre conservadora CPAC celebrada en Dallas. Conozco las convicciones de una familia que ha enfrentado años de confrontación política, procesos judiciales y separación. Por eso celebro su perseverancia y el respaldo que han recibido de los brasileños.
Jair Bolsonaro cumple una condena por su participación en una tentativa de golpe de Estado. Eduardo, residente en Estados Unidos, también enfrenta decisiones judiciales que han profundizado la controversia sobre el Supremo Tribunal Federal y las atribuciones ejercidas por el magistrado Alexandre de Moraes. Considero legítimo cuestionar la proporcionalidad de esas actuaciones, las garantías procesales y la concentración de poder en un tribunal cuyas decisiones tienen enormes consecuencias políticas.
La justicia debe investigar y sancionar los delitos, independientemente de quién los cometa. Pero ninguna autoridad puede considerarse inmune al escrutinio público. El mismo Supremo Tribunal Federal que anuló las condenas de Lula terminó condenando a Jair Bolsonaro. Son procesos jurídicamente distintos, pero ambos muestran la influencia que los tribunales pueden ejercer sobre la vida democrática. La independencia judicial no significa ausencia de controles ni inmunidad frente a la crítica.
Y aquí aparece el hecho político más revelador: mientras Jair Bolsonaro permanece privado de la libertad, su movimiento obtiene un respaldo extraordinario. Flávio encabeza la primera vuelta; Michelle Bolsonaro fue elegida senadora por el Distrito Federal y Carlos por Santa Catarina. La familia mantiene una presencia política que trasciende sus circunstancias judiciales. Las responsabilidades penales son individuales, pero las convicciones de millones de ciudadanos pertenecen al debate democrático. Ninguna sentencia puede borrar por sí sola una corriente de pensamiento.
Lo que ocurre en Brasil forma parte de una convergencia internacional. Trump, Milei, Kast y los Bolsonaro representan, con diferencias propias de sus países, una derecha que ha decidido defender sus ideas sin pedir permiso ni disculpas. La libertad económica, la propiedad privada, la seguridad, la familia y la soberanía vuelven a ocupar el centro de la discusión política. Son principios que pueden unir a sociedades distintas.
Esa coincidencia puede abrir una nueva etapa de cooperación continental. El crimen organizado no reconoce fronteras, el narcotráfico amenaza nuestras democracias y la inseguridad jurídica desalienta las inversiones que necesitan nuestros países. Una convergencia alrededor de la autoridad democrática, la libertad económica y la cooperación internacional permitiría enfrentar desafíos que ningún gobierno puede resolver aisladamente.
Brasil todavía no ha elegido presidente. La segunda vuelta está abierta y corresponde exclusivamente a los brasileños decidir su futuro. Pero las urnas ya dejaron un mensaje: la derecha brasileña conserva una fuerza política que sus adversarios subestimaron y que podría transformar el equilibrio de poder de América Latina.
La verdadera revancha de los Bolsonaro será demostrar que el amor por su pueblo está por encima del miedo.
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