(OPINIÓN) Es la hora de la firmeza política y de la consolidación del triunfo de Abelardo. Por: Juan José Gómez
Me cabe la satisfacción de haber sido uno de los columnistas de La Linterna Azul que siempre creyó en el triunfo de Abelardo.
Naturalmente que eso no tiene ninguna importancia, pues leyendo al revés las afirmaciones y números de varias encuestas nacionales, uno se daba perfecta cuenta de la mala leche de algunas, que ahora no sabemos si fueron orientadas por los adversarios de El Tigre o si se trataba de una información pagada realmente por quién sabe quién entre sus adversarios.
Pero Dios que siempre ha velado por nuestra Patria especialmente cuando lo invocábamos y Nuestro Señor Jesús a cuyo Sagrado Corazón deberá ser consagrada nuevamente la república por todos los obispos colombianos durante el gobierno de Abelardo De la Espriella (y si ellos no lo hacen lo haremos nosotros que somos el pueblo de Dios), inspiró a una mayoría de colombianos a votar por la Patria-Milagro propuesta por el candidato y de esta manera obtuvimos un triunfo que debiera ser mayor sin tantos votos anulados, lo cual debe alertar a la Registraduría Nacional del Estado Civil para que de acuerdo con los gobernadores y con los alcaldes de las grandes ciudades, desplacen personal idóneo por todo el territorio nacional enseñando cómo se vota para participar en la elección presidencial.
¿Qué sigue ahora? Una intensa campaña de un poco más de dos semanas, demostrando firmeza, sinceridad, valor civil, genuino fervor por la Patria y por la Democracia y sobre todo si así le parece al candidato, seleccionando los dos temas que en la actualidad ocupan preferentemente la atención del electorado, como son la salud y con ella la operatividad de las EPSs con algunas modificaciones como son la, la instalación de atención médica en los campos y veredas (es decir en la Colombia profunda) volver al sistema anterior de pagos y una mayor remuneración para el personal de salud que en realidad lo merece.
El otro tema es más delicado, pero más urgente, y se trata de acabar con la farsa de la paz total, terminando de plano con la alcahuetería de Petro y haciendo lo que tantas veces ha ofrecido Abelardo, esto es, contratar la administración privada de cárceles seguras mientras se construyen las nuevas por parte del Estado. Esto es fundamental y, si Abelardo quiere asesoría, en El Salvador existe un hombre talentoso y valiente que preside la república y es muy experto en ese tema. Y además le gusta compartir sus experiencias con otros gobiernos de la región.
La paz se necesita en Colombia, pero todos los intentos que se han hecho hasta ahora para conseguirla han fracasado a causa de la mentira y de la demostrada falta de interés por parte de los capos que aprovechan el tiempo de las conversaciones para aumentar sus actividades criminales, mientras se burlan del Estado y del gobierno. El asunto es sencillo: el delincuente que desee pactar con el estado, debe demostrarlo sin lugar a duda, entregando sus tesoros ocultos y pagando un tiempo de prisión acordado entre las partes y retirándose a una zona determinada donde puede hacer su vida discretamente vigilada y hasta ocuparse en labores agrícolas, ganaderas, artesanales, etc.
Por supuesto, esto tendrá que quedar en las manos de jueces y magistrados muy bien escogidos, profesionales expertos y de una conducta intachable seleccionados por la Corte Suprema y el Consejo de Estado, lo cual implica la desaparición de la cuestionada Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que al parecer solo sirve para juzgar a soldados y policías y que ha demostrado una gran ineptitud.
Esta es una modesta propuesta sometida a la consideración por parte del doctor De la Espriella y de los colaboradores de su campaña para la segunda vuelta, que quienes hemos trasegado por los municipios y territorios antioqueños (el departamento desde donde escribo esta columna) ha sido verificada por diferentes amigos y promotores de la elección del 21 de junio.
Para finalizar, me voy a referir a las maromas de Petro y Cepeda, intentando desconocer el claro triunfo de Abelardo. Es cierto que el presidente tiene el dinero de la nación y ha construido una red de petristas vinculados al gobierno y muy bien pagados, quienes, actuando contra las normas constitucionales y legales, se han metido a fondo en la campaña en contra de El Tigre, seguros de que no serán castigados.
Pero ya es hora de no tenerles miedo a Petro y a Cepeda, así ellos intenten causarlo en mentes débiles. Gustavo Petro es un exguerrillero de oficio y un vicioso y mentiroso que hasta ahora se ha salido con la suya porque lo han dejado que cometa todo tipo de atropellos a sus opositores. No es confiable en ningún aspecto. No siente el menor afecto por Colombia y lo demuestra cada que le dan ocasión. Le ha hecho muchos males a nuestra Patria y su gobierno ha sido lo más corrupto que se ha visto. Es hora de enfrentarlo por parte de la población decente de Colombia y de vencerlo bajo las órdenes de De la Espriella, cuya garra de tigre es poderosa y cuyo valor ha quedado demostrado en esta campaña.
En cuanto a Iván Cepeda, no tengo dudas de que es un individuo peligroso. Es comunista convicto y confeso y en su juventud recibió las enseñanzas de sus padres, ambos comunistas, y de sus maestros, que eran funcionarios del régimen asesino de Lenin y Stalin, en la Unión Soviética y en algunos países tras la Cortina de Hierro. Tiene una figura repulsiva y en sus discursos, expresados en tono menor, destila más veneno que una cobra real. Es decidido partidario del estatismo, que implica un total control del Estado y del gobierno en la economía de un país subyugado, tal como la aplicaron Chávez y Maduro.
Es autoritario, con clara tendencia a la tiranía y, como todo comunista con poder, en un gobierno suyo se apoderaría de la riqueza nacional. En conclusión, es la persona menos confiable para gobernar, ya que, al parecer, su labor estaría orientada a volver pobres a los ricos y miserables a los pobres. Hay que derrotarlo con firmeza y valor civil y, si él, como comunista, adopta “todas las formas de lucha”, el pueblo colombiano le responderá también usando todas las formas de lucha. Nada de miedo. Nada de doblegarse ante el aprendiz de tirano. Llegó la hora de la firmeza y de consolidar en la segunda vuelta el triunfo de Abelardo De la Espriella.
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