Saltar al contenido

(OPINIÓN) La Patria Milagro. Por: Juan Esteban Cock Vélez

Colombia es, sin discusión, una Patria Milagro. Lo es porque ha sobrevivido a lo que muy pocos países del mundo habrían soportado.

IFMNOTICIAS-03
IFMNOTICIAS-03
4 min lectura
Escuchar artículo
(OPINIÓN) La Patria Milagro. Por: Juan Esteban Cock Vélez

Sobrevivió al narcoterrorismo que bombardeó sus calles, al secuestro masivo, a la guerrilla que le robó pedazos enteros de su territorio, al paramilitarismo, a las masacres, al desplazamiento de millones de campesinos. Sobrevivió a crisis económicas, apagones, terremotos y a la toma del Palacio de Justicia perpetuada por los socios del presidente actual de algunos colombianos, no el mío. De él siento vergüenza.

Y sobrevivió, sobre todo, porque en cada momento oscuro aparecieron personas valientes que decidieron no rendirse: líderes que llegaron para devolvernos la esperanza, ciudadanos que madrugaron a trabajar, madres que sacaron adelante a sus hijos en medio del fuego, empresarios que invirtieron cuando todos huían. Esa es la verdadera historia de Colombia: magia, pasión, resiliencia, compromiso, gente valiosa.

Es, literalmente, el país que Disney decidió contarle al mundo a través de Encanto. La familia Madrigal no es ficción: es la metáfora más precisa de un país cuya historia empieza con el desplazamiento por la violencia y termina con una comunidad reconstruyendo, juntos, su casita. Ese encanto es real.

Pero hay otra película animada que describe lo que está en juego. Monsters, Inc. nos enseñó algo terrible y verdadero: en la oscuridad hay monstruos que se alimentan del susto de los niños. Esa es, exactamente, la lógica del comunismo. No llega con tanques. Llega de noche, por debajo de la cama, susurrando insinuaciones diseñadas para asustar a los más débiles: que el vecino que progresó es sospechoso, que el empresario es explotador, que tener propiedad es robar, que defender los valores de la familia es retroceso.

Insinuaciones repetidas hasta que el susto se vuelve creencia. Y de ese susto fabricado se alimenta. Mientras más asustado el país, más poderoso se vuelve el monstruo. Lo vimos en Venezuela, Cuba, Nicaragua: encantos convertidos en cuartos oscuros, familias rotas, jóvenes exiliados, hospitales vacíos, sueños apagados uno por uno.

Y en Colombia, esas sombras ya son evidentes. Tuvimos el descenso más pronunciado del Índice Global de Democracia de The Economist en 2025, impulsado por la violencia política. Los grupos armados crecieron 23,5 % en el último año, superando los 27.000 hombres, mujeres y niños alzados en armas. La MOE identificó 185 municipios con riesgo de violencia y fraude, 94 en riesgo extremo. La salud agoniza, la energía colapsa, el fisco se ahoga. El monstruo ya está ahí. La decisión es si lo dejamos quedarse sin fecha de caducidad, o si encendemos la luz para espantarlo.

Espantarlo no se logra con candidatos que pretenden despertar al país a punta de "café tibio". Se necesita café caliente y sin azúcar. Una fórmula que combine pasión y método, alma e ingeniería, calle y cifras. De la Espriella aporta el coraje que necesita un país anestesiado por el miedo. Restrepo, la disciplina técnica que necesita una economía ad portas de una catástrofe. Juntos no son una promesa: son la combinación que permite que el milagro vuelva a ocurrir.

Y hay que elegir a tiempo: en primera vuelta. Porque cuando el monstruo está debajo de la cama, uno no discute con los hermanos qué linterna usar mientras la sombra crece. Uno enciende la que tiene carga suficiente para apagar el miedo.

Es momento de dejar los egos, los matices y las ideologías en el cajón de la mesa de noche. Cada duda, cada voto disperso, cada voto "de protesta", cada voto "útil", cada voto "en blanco por principios" es un minuto más de monstruo bajo la cama.

Ser fieles a nuestras ideologías, en un momento tan definitivo, no es protegerlas intactas: es aceptar que se ensucien un poco para salvar a Colombia. La historia no nos pide pureza: nos pide coraje.

Este 31 de mayo no se elige un presidente. Se elige entre el Encanto y el cuarto oscuro. Entre la magia y el monstruo. Entre la Patria Milagro y la pesadilla.

Encendamos la luz en primera vuelta. En la segunda puede ser tarde y nuestra querida patria se merece un milagro más.

Compartir:

Noticias relacionadas