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El Parlamento Europeo aprobó el mandato para negociar el euro digital y reducir la dependencia de Visa y Mastercard

La Eurocámara respaldó este jueves la posición negociadora sobre el euro digital, un paso decisivo para dotar a la eurozona de una moneda pública electrónica. Con el aval del pleno, el expediente avanza hacia las conversaciones con los gobiernos, en un proyecto que Bruselas presenta como una apuesta por la autonomía estratégica frente a los grandes operadores de pago estadounidenses.

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El Parlamento Europeo aprobó el mandato para negociar el euro digital y reducir la dependencia de Visa y Mastercard
Imagen: IFMERAImagen procesada con IA

El Parlamento Europeo aprobó su mandato para iniciar las negociaciones sobre el reglamento del euro digital, la futura versión electrónica de la moneda única emitida por el Banco Central Europeo (BCE). La votación en el pleno se saldó con 416 votos a favor, 169 en contra y 22 abstenciones, según los resultados difundidos por la institución.

La decisión llega después de que la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) respaldara el texto el pasado 23 de junio por 43 votos a favor y 14 en contra, con una abstención. Con el respaldo del pleno, el expediente queda listo para la fase de negociaciones a tres bandas entre el Parlamento, el Consejo de la Unión Europea y la Comisión Europea, donde los ministros de Economía y Finanzas de los Veintisiete deberán fijar su posición.

Los promotores de la iniciativa la enmarcan en el objetivo de reforzar la soberanía financiera del bloque. En la actualidad, buena parte de los pagos electrónicos en la eurozona depende de plataformas extranjeras, especialmente de las estadounidenses Visa y Mastercard. El euro digital busca ofrecer una alternativa pública que garantice el funcionamiento de los pagos incluso ante interrupciones externas y que complemente, sin sustituir, al dinero en efectivo.

El texto aprobado por los eurodiputados incorpora salvaguardas destinadas a proteger la estabilidad del sistema bancario. Entre ellas figura un límite máximo de euros digitales que cada persona podrá mantener de forma simultánea, una medida pensada para evitar una fuga masiva de depósitos desde la banca comercial hacia el banco central. Según la posición parlamentaria, ese tope lo fijaría la Comisión Europea a partir de las recomendaciones técnicas del BCE y se revisaría al menos cada dos años, con un papel reforzado del Parlamento en dicho proceso.

Para las empresas, el proyecto prevé restricciones más estrictas: no podrían acumular euros digitales de manera permanente, sino únicamente retener los pagos entrantes durante un plazo limitado antes de transferirlos. El reglamento también contempla el llamado blindaje del efectivo, con el fin de garantizar que el dinero físico siga siendo un medio de pago aceptado en toda la zona euro.

El calendario posterior dependerá del avance de las negociaciones interinstitucionales. La normativa establece plazos para el despliegue una vez adoptada de manera definitiva, aunque la decisión final sobre la emisión del euro digital seguiría correspondiendo al BCE. La Comisión ha defendido el proyecto como una respuesta a la creciente digitalización de los pagos y a la necesidad de que la eurozona disponga de una infraestructura propia y resistente.

De prosperar, el euro digital se sumaría a una tendencia global en la que varios bancos centrales estudian o desarrollan sus propias monedas digitales, en un debate que combina consideraciones económicas, tecnológicas y de seguridad.

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