El centro de Medellín, un híbrido de culturas que está plagado de inseguridad y habitantes de calle
El centro de Medellín, una de las comunas más concurridas dónde más de un millón quinientas mil personas lo recorren diariamente, es un lugar invadido de historias; para muchos es un refugio natural que hace parte de la vida diaria; para otros, es solo un sector de paso.
El centro de Medellín, una de las comunas más concurridas dónde más de un millón quinientas mil personas lo recorren diariamente, es un lugar invadido de historias; para muchos es un refugio natural que hace parte de la vida diaria; para otros, es solo un sector de paso. Se encuentra ubicado en la Comuna 10, con una gran oferta de puntos centrales y tradicionales para conocer, uno de ellos la Catedral Metropolitana, el Parque San Antonio, la Alpujarra y la plaza Minorista.
Ese refugio que poco a poco ha ido cambiando con el paso de los años es una zona en la que se quedó gran parte de su juventud y vida, así lo dijo Carlos Botero, un hombre de 53 años de edad, quien llegó desde los 12 años a recorrer estos caminos que hoy por el desarrollo urbanístico ha transformado su vida y la de muchos.
Su transformación es tal que se ha convertido en un epicentro de la educación. IFMNOTICIAS conoció que ahora el centro de Medellín alberga 139 instituciones educativas, 19 universidades, 62 instituciones técnicas y 30 colegios aproximadamente, sin contar prescolares y escuelas de formación.
Para gran parte de los medellinenses es inimaginable y casi increíble la conversión del centro de Medellín, y es que para muchos de los habitantes de la Eterna Primavera les pasan los años y no van por esos lados a nada, y todo porque los barrios están plagados de todo lo que en otrora solo se encontraba a lo largo y ancho de estas calles, sin contar la gran variedad de centros comerciales y que son hoy el referente y encuentro de amigos y familias, dejando del lado esta zona de la ciudad.
En medio de un diálogo con fuentes confidenciales, indicaron que pese a que ahora el centro de Medellín y más concretamente la Comuna 10 tiene una gran oferta educativa, la formación nocturna se está acabando. Hace algunos años mucha gente trabajaba de 8:00 a.m. a 6:00 p.m. y estudiaba en la noche en el centro de 6:00 a 10:00 p.m., y ahora a duras penas llega hasta las 8:00 o 9:00 p.m. y todo por la inseguridad. Estos centros de formación están disminuyendo su horario académico.
Para nadie es un secreto que el centro de Medellín se ha plagado de habitantes de calle; la noche es un terror, el crecimiento ha sido exagerado y en medio de la conversación sale al ruedo el exalcalde Daniel Quintero, quien en su cuestionada administración acabó con los programas sociales y los centros día; lugares que albergaban a estas personas que por cosas del destino eligieron este tipo de vida, dejando como resultado una población tirada sin una atención oportuna.
Aún así el centro de Medellín en medio de tan controversiales situaciones es el epicentro de un hibrido de culturas, donde como dice don Carlos: “es una selva de cemento”. La vida pasa de aquí para allá todo bajo las manecillas del reloj, que marcan las horas y los minutos y cada momento cuenta. En el diario vivir se ve gente caminado apurada para no llegar tarde a su lugar de trabajo o estudio, otros huyendo de los dueños de lo ajeno y para otros es solo pasar el día como quien ya no tiene afán en su cotidianidad, tomarse un tinto hace parte de ese paso por el centro.
Son muchos los edificios en los que existieron oficinas de abogados, contadores, médicos y hasta “brujos” y que ahora estos se han convertido en instituciones educativas; la transformación es evidente, y aunque la lucha por la supervivencia es otro tema complejo, en el Centro hay de todo.
La guerra por el centavo no solo se ve en el transporte público, también se observa en cada uno de estos centros de formación ofreciendo a miles de estudiantes programas para el ingreso al mundo laboral, aquellos que en medio de una gran oferta escogen lo que le sea mejor tanto en lo económico como en sus objetivos para alcanzar sus metas.
Este hombre de 54 años de contextura delgada y estatura mediana, mirando al horizonte manifestó que, diariamente el centro de Medellín recibe a más de 200 mil estudiantes, cifra que fue confirmada por esa fuente confidencial que le dijo a IFMNOTICIAS que esta zona necesita de manera urgente acciones concretas por parte de las autoridades y de la Alcaldía Distrital, porque de lo contrario, estos centros de formación irán acabando sus programas nocturnos que para miles de personas son la única manera de estudiar y salir adelante. El tema de seguridad es complicado.
Dando una vuelta a la página, Carlos manifestó que, el centro es otro mundo, es muy diferente a lo que se vive en los barrios; “aquí hay de todo como en botica, una zona comercial con una variedad para todos los gustos y bolsillos, y eso sin contar la amplia oferta gastronómica, igual para todos los gustos y bolsillos”. Es importante que se avance en la recuperación del centro con acciones concretas.
Renglón seguido y en medio de una mirada triste, Carlos lanzó la pregunta: «¿por qué la Alcaldía de Medellín no pone sus ojos en esta comuna?», de inmediato interrumpe su propia conversación para decir que la falta de iluminación es otra problemática, pero la iluminación en las vías peatonales.
Al principio este hombre se refería al centro de Medellín como «una selva de cemento” y al preguntar ¿por qué esta definición? con la voz firme respondió: «porque aquí no vive el que quiere, aquí vive el que puede, el que es capaz de sortear todas esas culturas que se albergan, la inseguridad, el microtráfico etc.».
Este mágico lugar da para mucho, manifestó este hombre que asegura conocer hasta el rincón más escondido del centro, ni que hablar de las iglesias y sus lugares tradicionales, a los que miles de turistas llegan a visitar y conocer, simplemente se enamoran de todo lo que se puede vivir en tan solo pocas horas o minutos que aquí pasan.
«El centro de Medellín, un mundo lleno de sorpresas en el que uno se tiene que saber mover, porque de lo contrario se lo traga el tigre», finalizó Carlos Botero entre risas y muchas más cosas por contar.

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