La FCF rechazó las amenazas a Jaminton Campaz y exigió justicia
Lo que debía ser una noche de fútbol, con la tristeza lógica de una eliminación mundialista, terminó destapando algo mucho más grave y mucho más vergonzoso: amenazas contra la vida de Jaminton Campaz y de su familia, apenas terminado el partido ante Suiza.
Lo que debía ser una noche de fútbol, con la tristeza lógica de una eliminación mundialista, terminó destapando algo mucho más grave y mucho más vergonzoso: amenazas contra la vida de Jaminton Campaz y de su familia, apenas terminado el partido ante Suiza. La Federación Colombiana de Fútbol no se quedó callada y salió con un comunicado que no da lugar a ambigüedades: rechazo categórico, sin matices ni condicionamientos. Y aunque en un inicio se pensó que los rumores de las amenazas eran simples chismes de pasillo, la Federación lo ratificó con su comunicado el día de hoy.

El mensaje del Comité Ejecutivo es claro desde la primera línea: “Ningún futbolista, ni nadie de su entorno, puede ser objeto de intimidaciones por el simple hecho de representar al país”. Parece una obviedad, algo que no debería ni necesitar aclaración, pero la realidad demuestra, una vez más, que hace falta decirlo en voz alta y por escrito.
La Federación no se limitó a la condena. Expresó su respaldo total a Campaz, a su familia y a todo el plantel que vistió la camiseta en este Mundial, y fue un paso más allá: “El Comité Ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol expresa su total solidaridad y respaldo a Jaminton Campaz, a su familia, a todos los jugadores de la Selección Colombia y a la delegación en general. Asimismo, solicita a la Fiscalía General de la Nación adelantar, con la mayor celeridad, las investigaciones necesarias para identificar, judicializar y sancionar a los responsables de estos hechos”. No es un gesto simbólico ni una frase de compromiso vacía; es un llamado directo a que esto tenga consecuencias legales, no solo repudio en redes.

Foto: Cortesía
Y hay algo en el comunicado que vale la pena subrayar, porque toca una fibra que va más allá del fútbol. La Federación recordó que los jugadores que se ponen la camiseta de Colombia lo hacen con disciplina, con compromiso, con amor genuino por el país y que cada vez que pisan una cancha mundialista, lo hacen sabiendo que el resultado no siempre acompaña, pero con la convicción de dar todo lo que tienen. Campaz, como cualquier otro futbolista, no eligió fallar ni eligió que el equipo quedara eliminado. Eligió jugar, representar, intentarlo. Y eso, en cualquier código de decencia mínima, jamás debería costarle amenazas a él ni a los suyos.
El comunicado cierra con una idea que debería ser innegociable en cualquier país que se diga futbolero: “El fútbol debe ser un espacio de unión, respeto y esperanza, nunca un escenario para el odio, la intimidación o la violencia. Por ello, la Federación hace un llamado a todos los colombianos para que las diferencias propias de la competencia deportiva jamás se traduzcan en amenazas o agresiones contra quienes dedican su vida a representar al país.”
Colombia ya vivió un capítulo amargo en 1994, y repetir esas páginas oscuras no tendría ningún sentido. Volver a manchar la pelota sería un completo despropósito.
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