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Fernando Rivillas: “Cortázar: El escritor y sus cuatro amores”

¿Podría usted indicarnos y mostrarnos desde las perspectivas del Método, de las Obsesiones y de la Necesidad (como destino), por qué y para qué, cómo se desarrolló este libro? “Julio Cortázar: el escritor y sus cuatro mujeres”, y cómo deviene de su otro libro: “La novela de la muerte de Cortázar” (2004).

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Fernando Rivillas: “Cortázar: El escritor y sus cuatro amores”

Por: Óscar Jairo González Hernández

La idea, la “necesidad”, la obsesión por escribir este libro me surgió en el año 1999 después de haber terminado de leer la biografía “Julio Cortázar, la biografía”, del escritor y docente de literatura argentino Mario Goloboff (Seix Barral, 1998). Para ese entonces yo llevaba 15 años de ser un cortazariano acérrimo; y en tal virtud buscaba y leía todo lo que se publicaba sobre él. Cortazariano no solo porque lo consideraba un muy buen escritor más que todo de cuentos, de Último round, de Historias de cronopios y de famas y de Rayuela, sino porque en lo político Cortázar había dedicado muchos esfuerzos a defender a los más oprimidos de Latinoamérica; de manera que lo sentía muy afín a nuestros ideales de entonces, muy como decíamos en la época “consecuente” con las luchas que desde las cafeterías de la universidad de Antioquia habíamos emprendido en los años 1970s y 1980s. En esa medida, Julio Cortázar era para nosotros en el argot de la época “man de la gallada”.

En estas circunstancias, el libro de Goloboff aunque bien escrito y revelador me había dejado insatisfecho, puesto que dejaba varias etapas importantes de su vida sin explorar suficientemente. Dejaba lagunas. Por ejemplo, se refería muy a vuelo de pájaro a la manera como fueron sus relaciones con sus mujeres: dos esposas, su amante rusa y con la Maga. Tampoco explicaba bien su larga etapa de activista político de izquierda. Y tampoco explicaba a ciencia cierta las circunstancias de su enfermedad y de su muerte. Por otra parte, me pareció que el profesor de literatura Goloboff abordaba al biografiado desde una perspectiva un tanto doctoral, un tanto distante, algo fría y académica.

Por eso recordando los consejos de Mario Escobar en su taller de literatura, en el sentido de escribir únicamente de asuntos que lo apasionaran a uno se me ocurrió la idea aventurada de escribirle otra biografía a Cortázar. Una biografía que lo “retratara” más a fondo, más de cerca, donde fuera el propio Cortázar quien le “hablara” directamente al lector. Una biografía que describiera en detalle sus inquietudes literarias, sus asuntos con las mujeres, todo lo relacionado con su activismo político (cómo, cuándo y por qué se había convertido a sus avanzados 49 años y de la noche a la mañana en un activista político de izquierda), saber y explicar cuál había sido la enfermedad que lo había llevado a la tumba.

Por supuesto que era consciente, desde el principio, de que yo no estaba preparado para una empresa de la envergadura de escribir una biografía sobre Cortázar. Para empezar, por entonces únicamente había escrito algunos relatos cortos y entrevistas a profesores en revistas estudiantiles (en el Liceo Antioqueño, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia); y ni siquiera había publicado nada literario. Pero me arriesgué de todos modos, quizás por la irresponsabilidad propia de la juventud (tardía en mi caso).

En La Anticuaria y otras librerías del centro de Medellín encontré una edición de Salvo el crepúsculo, y otra de Rayuela en papel biblia (una de las primeras) y otros de los libros suyos que me faltaban. En la hemeroteca de la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia encontré muchos artículos de prensa alusivos a los aspectos de él que me interesaban. Anecdóticamente, para ese año de 1999 no existían los teléfonos con cámaras ni nada parecido, por lo que tuve que pedir permiso en la biblioteca para que me dejaran ingresar mi computador personal (un pesado armatoste tipo “torre”, con un gordo monitor de 17 pulgadas, mouse y teclado aparte, además de un escáner de 30 por 60 cm) en donde “escaneé” periódicos y revistas durante unas tres semanas, ante la mirada curiosa de los dependientes de la biblioteca.

En el año 2000, a sabiendas de que Cortázar había visitado Cuba muchas veces, armé viaje a La Habana, donde me quedé desde principios de febrero hasta abril del año 2000. Allí conté con la suerte de que en la Hemeroteca de la Biblioteca de la Casa de las Américas conservaban varias revistas y recortes de prensa donde se detallaba casi todo lo hecho por Cortázar en la isla: entrevistas, declaraciones, conferencias, artículos, polémicas, etc. Además, entrevisté a Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Luis Suardías, Helio Orobio, Reynaldo González, al Chino-Lope, a una hermana de Haydée Santamaría y a otros intelectuales cubanos que interactuaron con Cortázar y me dieron su visión de primera mano de cómo era el trato de él para con ellos y viceversa.

De regreso a Medellín, retorné con mi computador a la Hemeroteca de la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia. A la salida cargado con mi “torre” del computador en un morral a la espalda, caminaba por las escalas que daban a la plaza Barrientos, y me encontraba con el puesto de libros usados que regentaba Gustavo Zuluaga, el llamado “Hamaquero”, al cual le preguntaba siempre “¿Qué tenés sobre Cortázar?”.

Gustavo, curioso, me preguntaba a su vez el porqué de tanto interés en Cortázar, que si “me había embobado con Cortázar”, un autor que a él no le gustaba (él era pizarnikiano, e hincha de Ciorán). Le conté de mi aventura. Prometió ayudarme para la publicación del libro y de inmediato me pidió leer los capítulos que tuviera adelantados. Los leyó y le parecieron “interesantes”, diciendo que se los iba a mostrar a su amigo, el periodista y profesor de la de Antioquia, Juan José Hoyos.

Hoyos me hizo varias sugerencias sobre la manera que, consideraba, debía “depurar” el material; de los aspectos que me sugería aclarar al futuro lector (le pareció muy curioso que en la narración intervinieran tanto personas reales como ficticias; tanto Cortázar y sus amigos como los personajes de sus cuentos y novelas, que actuaban y dialogaban entre sí y con las personas de carne y hueso). Yo cada dos o tres meses le enviaba nuevos capítulos y él semanas después me los devolvía a través del Hamaquero, con los respectivos comentarios en pro o en contra.

No se me olvida que, en los capítulos finales, al quedar abocado a relatar el momento de la muerte de Cortázar, me bloqueé: no pude teclear más, no me sentía capaz de escribir eso a pesar de tener frente a mí una multitud de artículos de prensa que confirmaban la noticia de su muerte. Pero algo dentro de mí se negaba a aceptarlo (hasta ahora no he podido explicar eso que me pasó, quizás era que aún no había hecho el duelo).

Me demoré como dos semanas más sin poder escribir una palabra adicional, buscándole salidas al impasse. De ahí que, en el libro, la muerte de Cortázar quede contada en varios capítulos y desde distintas miradas: la de sus viudas, la de sus amigos cercanos, la de los periodistas, y hasta la de los personajes ficticios de Rayuela.

A principios de 2003 el libro entró en prensa, en una editorial modesta (autopublicada) del centro de Medellín. A solicitud del Hamaquero y mía, Juan José Hoyos aceptó generosamente escribir el prólogo: “La novela de la muerte de Cortázar primera obra del escritor Fernando Rivillas es un libro raro, bello, que conmueve a todos sus lectores. Digo raro porque, al mismo tiempo que es una crónica minuciosa y documentada de los últimos días del gran escritor argentino, es también una novela: amigos de Cortázar, personajes de sus libros y escritores amigos y enemigos Onetti, Paz, García Márquez se congregan junto a su cadáver en el pequeño apartamento de París, en donde es velado y en donde vivió sus últimos años. También lo hacen las mujeres que lo amaron.

Unos y otros miran, se dicen frases, hilan recuerdos, se hacen reproches. Digo bello, porque en estas historias, pero por encima de todo con un gran amor por la obra de Julio Cortázar, Fernando Rivillas teje una biografía novelada cuya lectura, a pesar del tema doloroso de la agonía y muerte del escritor, nos depara ratos de solaz y alegría a casi todos los demás cronopios que, como Fernando, también amamos a Cortázar. Los mismos que también pensamos que la muerte no derrotará jamás a tipos de esta clase”.



Esa edición del año 2004 fue de apenas 500 ejemplares y bastante “rústica” en general. Ya para entonces me había resultado trabajo en el hospital Antonio Roldán de Apartadó y allí, en esa ciudad, se le hizo la presentación en una de las sesiones del Taller de Escritores Urabá Escribe. La otra presentación fue en la librería “Este lugar de la noche”, del Hamaquero, ya para entonces ubicada al frente de la universidad, por la calle Barranquilla, tras haber sido expulsado de las instalaciones de la universidad.

A mediados de ese año viajé a Buenos Aires una semana a entrevistar a la viuda oficial Aurora Bernárdez y algunas otras personas que conocieron a Cortázar. En el mes de diciembre, el libro resultó ganador del galardón “Flor de Arizá”, por un jurado conformado por Juan Mares, Albeiro Flores y compañía.

Pero yo no había quedado satisfecho con esa primera edición, empezando porque, por cuestiones del alto número de páginas del borrador original (unas 800 páginas) no había incluido el material político, el de las entrevistas realizadas en Cuba, que las había dejado aplazadas, supuestamente, para publicarlas en un segundo tomo. De manera que reemprendí las consultas bibliográficas, las pesquisas, las entrevistas, con miras a la publicación del segundo tomo de la biografía de Cortázar.

Pero transcurrieron años azarosos en el hospital y en la región de Urabá durante la primera década del siglo XXI, razón por la cual me vi obligado a trabajar en doble jornada y en dos clínicas distintas de manera que durante unos ocho años únicamente le pude “trabajar” al libro los fines de semana.

Con todo, para el año 2012 ya tenía casi lista la segunda versión, pero ese mismo año Alfaguara publica las Cartas de Cortázar en 5 tomos (antes lo habían hecho en 3), lo que me obliga a reescribir muchos capítulos. Y en 2017 Alfaguara publica El libro de Aurora, con información muy reveladora sobre sus relaciones personales con el autor de Rayuela, así como información corta pero valiosa sobre los motivos de su ruptura y sus flirteos con otras mujeres. Esto también me obligó a reescribir varios capítulos más.

Para el año 2022 ya tenía escrita la nueva versión de la biografía sobre Cortázar, y estaba averiguando imprentas en dónde autopublicarla; cuando una amiga que la leyó me sugirió que la enviara al Concurso de novela y cuento de la Cámara de Comercio de Medellín, pero enfocándola en sus aspectos amorosos y de su muerte: eros y tánatos. Por fortuna y cosas del destino la biografía novelada resultó finalista en el género de novela en la versión de 2024, a pesar de que dos de los jurados se opusieron a ello, al considerar que no era una novela en el sentido formal sino una biografía; pero otros tres jurados opinaron que, aunque era una biografía, también era una novela.

Uno de estos últimos jurados me puso en contacto con la editorial Planeta-Colombia, donde, después de someterla a una revisión crítica por su equipo de Lectores, aceptan publicarla en coedición. El prólogo lo hizo la filósofa y editora Ana Roda, quien había sido parte del jurado del concurso de la Cámara de Comercio: “Muy bien documentada, amena, escrita con afecto y conocimiento, esta biografía logra transportar al lector al ambiente literario y vital del autor de Rayuela, y reconstruir el panorama de lo que lo marcó como hombre, como escritor y como artista.

Finalmente, reconstruye el impresionante y conmovedor panorama de las repercusiones que en el mundo tuvo Cortázar, un hombre y un escritor que alcanzó en vida una inmensa fama e influencia, que conmovió con su vitalismo, su compromiso y su creatividad sin par, y despertó grandes afectos y devoción en todas partes del mundo. Una biografía que se lee con la pasión con que se lee una novela”.

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