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Fiscalía declaró de lesa humanidad el asesinato del magistrado Álvaro Medina Ochoa y reabrió un caso archivado hace 35 años

La Fiscalía General de la Nación declaró imprescriptible el homicidio del magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, asesinado en 1985 por sicarios del cartel de Pablo Escobar. La decisión revoca el auto que archivó el expediente en 1991 sin una sola orden de captura.

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Redacción IFM
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Fiscalía declara de lesa humanidad el asesinato del magistrado Álvaro Medina Ochoa y reabre un caso archivado hace 35 años

La Fiscalía General de la Nación declaró como crimen de lesa humanidad el asesinato de Álvaro de Jesús Medina Ochoa, magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín, ocurrido el 8 de abril de 1985. La decisión, adoptada por la Dirección Especializada contra las Violaciones a los Derechos Humanos, implica que la acción penal no estará sujeta a los términos ordinarios de prescripción y permite reactivar las diligencias judiciales.

La determinación fue conocida el martes 13 de octubre y divulgada inicialmente por el diario El Colombiano. Con esta medida, la Fiscalía también revocó el auto inhibitorio expedido el 1 de agosto de 1991, mediante el cual se había decidido no continuar con la investigación formal del homicidio.

La nueva disposición abre la posibilidad de recaudar pruebas, recibir testimonios e identificar a los responsables materiales e intelectuales que aún no hayan sido juzgados. Sin embargo, la calificación jurídica del crimen no constituye una condena ni establece por sí misma la responsabilidad individual de personas determinadas.

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Medina Ochoa fue atacado en la noche del 8 de abril de 1985, cuando llegaba a su vivienda en el barrio La Floresta, en el occidente de Medellín. Según la reconstrucción conocida del caso, dos hombres armados le dispararon cuando descendía de su vehículo en compañía de su esposa.

El homicidio se produjo después de que el magistrado adoptara decisiones judiciales contra Pablo Escobar Gaviria y algunos de sus colaboradores. Diversas fuentes lo han señalado como uno de los primeros funcionarios judiciales que ordenaron medidas de detención contra el entonces jefe del cartel de Medellín.

De acuerdo con los antecedentes del caso, el funcionario también habría rechazado ofrecimientos de soborno y recibido amenazas telefónicas y mensajes intimidatorios antes de su asesinato. Pese al tiempo transcurrido, no se han reportado capturas por este homicidio.

La familia del magistrado solicitó desde 2015 que el crimen fuera reconocido como de lesa humanidad. Ricardo Medina, hijo de la víctima y abogado, calificó la decisión como un reconocimiento a los integrantes de la Rama Judicial que fueron asesinados durante la ofensiva del narcotráfico.

La reapertura del expediente permitirá a los investigadores examinar nuevamente los elementos disponibles y determinar si existen pruebas que conduzcan a identificar a quienes participaron en la planeación y ejecución del asesinato.

Entre las personas mencionadas en la información divulgada sobre el caso figuran antiguos integrantes del cartel de Medellín, como Carlos Lehder y Fabio Ochoa Vásquez. No obstante, cualquier eventual citación o actuación judicial deberá definirse dentro de la investigación, sin que su mención implique responsabilidad en el homicidio.

La Fiscalía tendrá que establecer qué información puede incorporarse al proceso y si existen elementos suficientes para avanzar contra posibles responsables.

El asesinato de Medina Ochoa hizo parte de un periodo de violencia contra jueces, magistrados y otros funcionarios que investigaban las actividades del narcotráfico en Colombia.

Entre los funcionarios judiciales asesinados en Medellín durante esos años estuvieron los magistrados Gustavo Zuluaga Serna, Mariela Espinosa de Arango y Héctor Jiménez Rodríguez. También fueron víctimas de homicidio jueces como Julio Marín Jaramillo y Carlos Valencia García, este último asesinado el 16 de agosto de 1989, fecha que dio origen a la conmemoración del Día de los Mártires de la Justicia.

A esta serie de crímenes se suma el asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, ocurrido el 30 de abril de 1984. Estos hechos marcaron uno de los periodos más violentos para las instituciones judiciales y estatales frente al poder de las organizaciones narcotraficantes.

La violencia contra los operadores judiciales también hizo parte del contexto institucional que precedió a la Constitución de 1991 y a la creación de la Fiscalía General de la Nación.

Con la declaratoria de lesa humanidad, el caso de Medina Ochoa vuelve a la agenda judicial. El reto de las autoridades será reconstruir los hechos, evaluar las pruebas y establecer responsabilidades individuales, en un proceso que busca esclarecer uno de los asesinatos emblemáticos de la violencia contra la justicia en Medellín.

Preguntas y respuestas de contexto

¿Qué decisión tomó la Fiscalía sobre el asesinato del magistrado Álvaro Medina Ochoa?

La Fiscalía General de la Nación declaró el homicidio como un crimen de lesa humanidad, lo que significa que el caso es imprescriptible y permite reactivar la investigación tras 35 años de haber sido archivada.

¿Por qué fue asesinado el magistrado en 1985?

El magistrado fue atacado por sicarios del cartel de Medellín luego de ordenar medidas de detención contra Pablo Escobar y rechazar sobornos de la organización criminal.

¿Qué permite la reapertura de este expediente judicial?

La medida permite recaudar nuevas pruebas, recibir testimonios e intentar identificar a los responsables materiales e intelectuales que nunca fueron capturados ni juzgados por este crimen.

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