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(OPINIÓN) Voté por Paloma Valencia y ahora le pongo la raya al tigre. Por: Sandra Callejas

El sentimiento del domingo y la opción democrática. El domingo por la tarde, al conocer los resultados, me embargó un sentimiento extraño y contradictorio.

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(OPINIÓN) Voté por Paloma Valencia y ahora le pongo la raya al tigre. Por: Sandra Callejas

Por un lado, una profunda tristeza: Paloma Valencia merecía que le fuera mucho mejor; ella encarnaba la ilusión genuina de tener a la primera mujer presidente en la historia de Colombia. Por el otro, sentí una inmensa alegría al ver ganar a Abelardo de la Espriella, especialmente cuando todas las proyecciones daban como ganador al continuismo del "falso cambio". Esa misma noche, mis amigos me hicieron un meme tomándome un aguardiente con "El Tigre"; y es que esas largas e intensas discusiones que tuvimos durante meses sobre los candidatos quedaron atrás con un poco de humor. Al final, me quedó una conciencia absoluta sobre el enorme reto electoral que se viene en esta segunda vuelta. ¿Por qué sentí alegría si él no era mi candidato? Sencillo: porque Abelardo es la opción democrática. Independientemente de mis diferencias, veo en su candidatura la única alternativa que salvaguarda la institucionalidad fundamental para mantener viva nuestra democracia.

Una explicación a los «Tigres»: Paloma no actuó por egoísmo

A los seguidores de Abelardo que hoy celebran, les hablo con total claridad: es injusto y falso tildar a Paloma Valencia de egoísta o acusarla de dividir. A Paloma la destruyeron desde poderosos sectores económicos y mediáticos utilizando engaños, trampas informáticas y narrativas completamente distorsionadas. Además, hay que mirar las matemáticas de las urnas con realismo político: incluso si el 100 % de los votos que obtuvo Paloma se le hubieran sumado a Abelardo en la primera vuelta, los números no habrían alcanzado para ganar la presidencia de manera directa en esa primera jornada. La contienda siempre estuvo diseñada para definirse en este segundo round. En esta segunda vuelta se necesita que, más que criticarnos, enamoren a aquellos que no van a llegar tan fácil; si algo aprendimos es que estos votos no son endosables; de lo contrario, los resultados del Congreso le hubieran dado a Paloma otro resultado.

Una segunda vuelta enredada que se define en el centro

Los resultados cambiaron de golpe el tablero político y ahora el panorama de cara al balotaje se encuentra sumamente enredado. Ninguno de los dos sectores extremos tiene la victoria asegurada, lo que significa que el verdadero triunfo dependerá de la capacidad de conquistar los votos de centro y de los sectores moderados. El electorado que buscaba propuestas equilibradas, respeto institucional y coherencia técnica tiene en sus manos la balanza para definir el rumbo del país.

El dilema del 21 de junio: Tres caminos y el peligro de Iván Cepeda

El próximo 21 de junio los colombianos nos enfrentaremos a un tarjetón con tres opciones reales: Abelardo de la Espriella, Iván Cepeda y el voto en blanco. Al contrastar los proyectos, salta a la vista que la propuesta de Abelardo es la más cercana y similar a la que defendíamos con Paloma. Sus ejes se centran en pilares fundamentales: el respeto irrestricto a la institucionalidad, la defensa del libre mercado, el combate frontal a la corrupción y la eficiencia del Estado.

En la otra orilla, Iván Cepeda representa una amenaza inminente para la estabilidad nacional. Sus propuestas de implementar un "acuerdo nacional vinculante" y convocar a una asamblea nacional constituyente no son herramientas de unión; son mecanismos diseñados para desmantelar y reformar a conveniencia nuestro marco legal actual. Aquí concuerdo plenamente con la postura histórica de Sergio Fajardo: el problema de Colombia jamás ha sido la Constitución de 1991, sino su mala aplicación, la falta de voluntad política y las garras de la corrupción que desangran al Estado. El proyecto del Pacto Histórico busca culpar a la carta magna para justificar un asedio institucional y dar continuidad a un modelo que ya colapsó sectores vitales como el sistema de salud, sumado a los históricos vínculos ideológicos de Cepeda con las FARC.

El ridículo camino del voto en blanco: primero, Colombia

Promover el voto en blanco en esta instancia final es una postura ridícula e irresponsable. En la primera vuelta electoral se valía disentir, buscar opciones diversas y votar con el corazón por proyectos alternativos como el de Paloma Valencia. Pero en una segunda vuelta, el panorama cambia por completo: las opciones reales ya quedaron definidas por la mayoría del país y abstenerse o votar en blanco solo debilita la resistencia democrática. Dejar el destino de la nación al azar en un momento tan crítico es un lujo egoísta que no nos podemos permitir. Hoy no estamos escogiendo al candidato perfecto; estamos obligados a elegir la opción que garantice la supervivencia de la República. Primero está Colombia.

 

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