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El Campín cumplió su promesa: fiesta total, goles y despedida de gala para la Tricolor

La fría noche bogotana fue puro cuento. El Campín se transformó en una caldera para darle el último y definitivo adiós a la Selección Colombia antes de su viaje al Mundial 2026.

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El Campín cumplió su promesa: fiesta total, goles y despedida de gala para la Tricolor
Foto: Cortesía

La fría noche bogotana fue puro cuento. El Campín se transformó anoche en una caldera para darle el último y definitivo adiós a la Selección Colombia antes de su viaje al Mundial 2026. Más allá del resultado, la atmósfera en la capital demostró que el romance entre el país y el equipo de Néstor Lorenzo está en su punto más alto; 40.000 almas en las tribunas y millones pegados a la pantalla empujaron un barco que zarpa con rumbo norte cargado de ilusión.

Desde el pitazo inicial, Colombia asumió el protagonismo con un fútbol asociativo y vertical. El encargado de frotar la lámpara en los primeros compases fue Luis Díaz, el faro futbolístico de esta generación, quien volvió loca a la defensa tica con su desequilibrio.

El premio a la insistencia no tardó en llegar. Sobre los 17 minutos, tras un tiro de esquina ejecutado por 'Lucho', Dávinson Sánchez apareció en el área con la frialdad de un delantero centro para mandarla a guardar. Estalló El Campín con el 1-0. Lejos de sacar el pie del acelerador, el monólogo nacional continuó y el propio Luis Díaz, el crack del Bayern Múnich, fabricó una genialidad en el área: amague y definición con clase y un 2-0 parcial que ponía a bailar a todo el estadio.

Costa Rica intentó reaccionar y encontró el descuento a los 32 minutos por intermedio de Andrey Soto, aprovechando un parpadeo en la zaga cafetera. Sin embargo, la defensa pudo sostener los hilos para irse al descanso con el 2-1 y la tranquilidad del juego controlado.

Para el complemento, Lorenzo movió el banco pensando en el rodaje mundialista. Saltaron a la cancha Jhon Arias, Jhon Lucumí y Luis Suárez, pero los focos se los llevó el ingreso de James Rodríguez. El cucuteño dejó claro que su calidad técnica sigue intacta, regalando destellos de su característico pase entrelíneas y manejando los tiempos del partido, y aunque solo pudo filtrar en un par de ocasiones, sigue siendo el 10 referente de la tricolor. El estadio se vino abajo al minuto 74, no por un gol, sino para ovacionar de pie a un Luis Díaz que dejaba el terreno de juego con la tarea hecha.

La cereza del pastel llegó a diez minutos del final. James sacó un pase para Luis Suárez; el atacante samario aguantó la embestida del central costarricense con pura potencia y sacó un remate fulminante que infló la red para el 3-1 definitivo. El marcador adornó la noche, pero lo verdaderamente valioso fue la comunión con la afición. Colombia se va al Mundial con la maleta llena de certezas tácticas, goles y el respaldo unánime de un país que vuelve a creer en grande. El jueves despegará el avión con la ilusión.

 

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