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(OPINIÓN) Estamos listos. Por: Juliana Velásquez Rodríguez

Quien asuma la Presidencia tendrá una responsabilidad que va más allá de implementar un programa de gobierno. Tendrá la tarea de convocar, construir confianza y reconocer que el desarrollo de Colombia requiere sumar, no excluir”.

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(OPINIÓN) Estamos listos. Por: Juliana Velásquez Rodríguez

Ya votamos. Dos candidaturas van a segunda vuelta, y el 21 de junio Colombia escogerá entre esas dos opciones. Veinte días para, por fin, hablar de propuestas, escuchar ideas, debatir para ganar el favor de la ciudadanía. Poco para tanta urgencia acumulada. Desde Proantioquia, queremos decirles a los dos finalistas: estamos listos. Para trabajar desde el primer día, con datos, con propuestas concretas y con la convicción de que gobernar es convocar, no solo ganar.

Estamos listos para la energía. Colombia enfrenta un riesgo real de racionamiento: menos del 30% de los proyectos de generación han entrado en operación según sus cronogramas originales. El déficit de gas natural ya no es solo un problema de precios: es una amenaza de suministro. Antioquia tiene a Hidroituango y capacidad de crecer en energías limpias. El nuevo gobierno tiene que actuar en los primeros cien días para desbloquear proyectos, recuperar seguridad jurídica del sector y garantizar que la transición no se convierta en un apagón. Estamos listos para que la energía sea ventaja competitiva frente a la oportunidad que representa la inteligencia artificial en el mundo.

Estamos listos para la educación. Cuatro de cada diez bachilleres de Antioquia se gradúan sin competencias mínimas en lectura y matemáticas. Pero tenemos soluciones probadas y un sector privado que aporta recursos, experiencia y propuestas: el programa Aprendamos Todos a Leer pasó de beneficiar a 6.000 estudiantes en 2023 a 17.000 en 2025, y la Alianza por la Alfabetización Inicial ya impacta a 184.000 niños de primero a quinto de primaria. Antioquia tiene el modelo. El país necesita la voluntad de escalarlo.

Estamos listos para la infraestructura. El 60% de la red vial primaria de Colombia está en regular o mal estado. En Antioquia, el proyecto Pacífico 1 lleva once años en ejecución y está al 97%, sin poder terminar. El Aeropuerto José María Córdova, el segundo del país, opera con 14 millones de pasajeros anuales cuando fue diseñado para 10,5 millones. Hay 176 proyectos de iniciativa privada en el Registro Único de Asociaciones Público-Privadas (RUAPP), que no requieren recursos públicos y que esperan una decisión: acelerar la gestión pública para que la inversión privada pueda impulsar el desarrollo. El futuro está a unas pocas firmas de distancia.

Estamos listos para la agenda social. Más de 700.000 familias antioqueñas reportaron inseguridad alimentaria en 2024. La red hospitalaria está al borde del colapso financiero, con deudas acumuladas que comprometen la atención de millones de personas; en Antioquia hay voluntad y compromiso para actuar. El mecanismo de Obras por Impuestos que en 2025 viabilizó 26 proyectos por $420.000 millones de pesos, incluyendo el alcantarillado de Nueva Colonia en Turbo, demuestra que el sector privado está dispuesto a invertir en los territorios más vulnerables si se le dan reglas claras.

Estamos listos para acelerar de la mano de un nuevo gobierno nacional los proyectos de futuro: Urabá como motor industrial, agroindustrial y portuario de Colombia; región aeroportuaria conectada globalmente, y Medellín y Antioquia líderes en turismo sostenible.

Las elecciones definen gobiernos temporales. Pero el futuro de una nación depende de algo más profundo: su capacidad para construir propósitos compartidos que trasciendan los ciclos políticos. Colombia necesita competencia democrática, pero también necesita continuidad en aquello que funciona, estabilidad en sus reglas de juego y la madurez suficiente para entender que ningún gobierno, por sí solo, puede resolver los desafíos estructurales del país.

Quien asuma la Presidencia tendrá una responsabilidad que va más allá de implementar un programa de gobierno. Tendrá la tarea de convocar, construir confianza y reconocer que el desarrollo de Colombia requiere sumar, no excluir. Eso exige liderazgo, pero también humildad institucional. La capacidad de convocar, escuchar, corregir y reconocer que ninguna transformación profunda será posible sin la participación de las empresas, las universidades, las organizaciones sociales, los gobiernos territoriales y las comunidades. Eso es lo que la democracia exige de quienes aspiran a liderarla. En Antioquia, y en Proantioquia, estamos listos.

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