(OPINIÓN) Se quitó la máscara el Centro Democrático. Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón
Traicionados: así se sintieron millones de colombianos al escuchar a una de las figuras más relevantes del Centro Democrático quien hace solo unas pocas semanas aspiraba a la candidatura presidencial por la colectividad, Paloma Valencia, decir: “Tenemos que entender muy claramente en qué partido estamos: este no es un partido de derecha”.
Durante más de 15 años, el partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez fue visto como un movimiento de derecha que velaba por la protección de principios afines al conservadurismo y al libre mercado. Sin embargo, en sus propios estatutos nunca se definieron en ese lado del espectro: “El CENTRO DEMOCRÁTICO nace como un partido de CENTRO dentro del espectro político; incluyente, participativo, con respeto por la diversidad de ideas y matices ideológicos”.
Al declararse como partido de centro, el Centro Democrático no define claramente hacia dónde se inclina su pensamiento. Por eso, en la colectividad tienen cabida desde exmiembros del M-19 hasta reconocidos líderes de derecha. Esa ambivalencia confunde al ciudadano del común y es la principal falla que condenará al partido al ostracismo, al haberse fundado desde una posición vergonzante que evita identificar con claridad lo que es. Lo dijo Dante Alighieri en su magna obra La Divina Comedia: “Los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en momentos de gran crisis moral mantienen su neutralidad”.
José Obdulio Gaviria, una persona bastante cercana al expresidente Uribe durante décadas, ha expresado en múltiples ocasiones que el mandatario nunca ha sido de derecha. Ha sostenido que la matriz de pensamiento de Uribe se basa en un liberalismo social y pragmático, lo que lo posiciona más bien en la socialdemocracia; es decir, en una izquierda moderada. Pareciera que, durante la creación del movimiento, tuvieron miedo de ser identificados con algo que los relacionara con esa misma izquierda a la cual combatían ferozmente en el campo militar.
Durante las presidencias de Uribe, el mayor éxito llegó con la política de Seguridad Democrática, la cual combatió de frente a las organizaciones guerrilleras marxistas-leninistas del país. Por consiguiente, el ciudadano del común relacionó a Uribe con la derecha, sin comprender que la seguridad estatal no tiene color político. Uribe, como gran estratega, vio la oportunidad de sacar rédito a esa confusión y obtener una ganancia política que lo mantiene vigente hasta hoy.
“Quien no distingue la derecha de la izquierda en la política es como el ciego que camina en un campo minado: no importa hacia dónde lo empujen, el costo de su ignorancia siempre lo pagará él, mientras el político se queda con el mapa.”
—Anónimo—
Paloma Valencia, durante su intervención en la Jornada de Reflexión y Talleres de Democracia del Centro Democrático en Medellín convocada bajo el lema "Unidad, Doctrina y Futuro", lanzó un ataque directo contra el libre mercado: “El que cree que este es el partido de (Friedrich Von) Hayek y de las libertades económicas… está en el partido equivocado”.
El Premio Nobel de Economía y figura clave de la libertad, Friedrich August von Hayek, demostró desde mediados de los años 30 del siglo pasado el desastre que ocurre cuando el Estado deja de ser un juez para convertirse en actor dentro del mercado. Hayek rebatió la teoría económica de John Maynard Keynes y advirtió los riesgos de la socialdemocracia al otorgar subsidios sin control. Como señala con claridad el profesor Jesús Huerta de Soto: “Los subsidios destruyen la actividad empresarial y solo benefician a los políticos de turno, porque los ciudadanos se convierten en peones del sistema que temen perder sus beneficios”.
Pareciera que a Paloma Valencia le atrae el control poblacional desde su posición como política e intelectual, pues en ese mismo discurso hizo una afirmación cuando recientemente visitó a un país austral: “Me dijeron: ‘Paloma, ¿qué crees tú que hacemos aquí en Chile?’. Yo les dije: lo primero es que monten una línea de subsidios muy agresiva para atender a la población pobre de Chile”.
Paloma Valencia siempre ha manifestado haber sido educada por la izquierda del país. No es de extrañar que su trabajo de grado fuera dirigido por Clara López o que en varias entrevistas haya insinuado virtudes en el modelo marxista. Por eso atacó de frente y sin tapujos a las posturas que defienden el libre mercado como motor de desarrollo, dejando al Centro Democrático en una posición contradictoria al cuestionar modelos liberales y declararse partido de gobierno: “…porque este partido tiene muy claro que una de las maneras como uno logra defender la democracia es que la gente no tenga hambre, que la gente tenga condiciones de vida, que la gente sienta que su dolor es atendido. Y porque sabemos que el modelo funciona a diferencia del de Milei, el de Bukele o el del Tigre, porque este modelo ya se utilizó y sí funcionó”.
El diagnóstico social, político y económico en esa postura es equivocado. Milei redujo la pobreza a una velocidad sin precedentes tras el colapso del modelo kirchnerista. El modelo de Bukele ha llevado a su país a altos índices de seguridad y bienestar, y la apuesta del "Tigre" guarda similitudes conceptuales. Lo más coherente habría sido declarar abiertamente al Centro Democrático como un partido independiente alineado con la agenda globalista y el bienestarismo socialdemócrata. De esa forma, los representantes de la colectividad en el Poder Legislativo podrían fijar sus posturas de acuerdo con sus propias convicciones personales.
Este discurso evidenció las brechas internas dentro del Centro Democrático. Exponentes como Andrés Forero y Daniel Briceño afirmaron en sus redes sociales que ellos sí son de derecha y que no renunciarán a sus banderas ideológicas. María Fernanda Cabal defendió una identidad clara de derecha; Paola Holguín tomó distancia del debate, y Gabriel Vallejo intentó explicar la postura institucional de la colectividad. Esto demuestra que no se trató de un simple malentendido, sino de un debate profundo sobre la identidad política del partido.
Paloma Valencia parece buscar la conducción de la colectividad fundada por Álvaro Uribe quien otrora fue el referente de la derecha para la opinión pública para orientarla hacia una postura de centro-izquierda globalista, marcando distancia del próximo gobierno y esperando posicionarse a futuro como la alternativa "moderada" en el 2030 en el caso de que la presidencia de Abelardo de la Espriella fracase.
Refresquemos la política desde Antioquia para Colombia.
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