(OPINIÓN) Sandiego ya no es Sandiego. Por: Luisa Fernanda Montalvo Arroyave. PhD
Un minuto de silencio por una identidad gráfica que funcionaba, que era bonita, que tenía significado. Restyling por moda es tan peligroso como lo fue la reingeniería en su momento. No sé quién lo hizo, pero no lo hizo bien, lo siento.
Un minuto de silencio por una identidad gráfica que funcionaba, que era bonita, que tenía significado. Restyling por moda es tan peligroso como lo fue la reingeniería en su momento. No sé quién lo hizo, pero no lo hizo bien, lo siento.
Según leí en algunos artículos, se busca renovar el ADN de la marca y se compara con el caso de Coltejer que consideran algunos estáticos y anquilosados… en realidad no es una comparación justa: Coltejer, por desgracia, ha perdido protagonismo por temas económicos y sociales, pero San Diego sigue tan vivo como el primer día, a pesar de la proliferación de centros comerciales de la ciudad.

Repitan después de mí: repensar el ADN va más allá de hacer un (mal) cambio de logo, implica cambios de fondo, rebranding serio, no solo restyling a la fuerza.
¿Quién es el público actual de la marca? ¿Es acaso una Lovebrand? Si es así, ¿no se trata entonces de una marca que se hereda? Si un centro comercial, que es la nueva ágora de la sociedad moderna, no ofrece experiencias que generen memorias, será muy difícil que una nueva identidad gráfica conecte más allá de lo funcional con las nuevas generaciones (que supongo es la nueva apuesta).

Hay tanto de largo como de ancho en este caso. Me gustaría que este caso lo analizara Javier Velilla, a quien considero un mentor en temas de identidad y branding. Bandera a media asta por una marca que nos acompañó desde la niñez a muchos… en este caso no es nostalgia romántica, es coherencia estratégica, y de esto falta mucho.


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