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(OPINIÓN) Colombia no está dividida. Por: Mateo Arjona

En medio del debate político posterior a las elecciones, la idea de un país fracturado ha tomado fuerza en el discurso público. Sin embargo, más allá de los resultados en las urnas, la realidad nacional plantea una discusión distinta: Colombia enfrenta desafíos estructurales que trascienden cualquier diferencia electoral y que, lejos de dividirla, evidencian problemáticas comunes que afectan a toda la ciudadanía.

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(OPINIÓN) Colombia no está dividida. Por: Mateo Arjona

En los últimos días se ha repetido hasta el cansancio una frase que pretende convertirse en verdad por simple insistencia: "Colombia quedó dividida". No comparto esa conclusión.

Las elecciones producen ganadores y perdedores; no crean dos países distintos. La democracia consiste precisamente en que millones de personas, con visiones diferentes, decidan en las urnas quién debe gobernar. Una votación estrecha puede reflejar competencia política, pero no significa que exista una fractura irreparable entre los colombianos.

Además, el resultado electoral no puede analizarse únicamente a partir de una cifra final. En la campaña de Cepeda hubo denuncias sobre presiones armadas en algunas regiones, posibles prácticas de compra de votos, utilización de maquinarias políticas y del aparato estatal, asuntos que corresponde esclarecer plenamente a las autoridades competentes. Si la confianza en la democracia quiere fortalecerse, todas esas denuncias deben investigarse con transparencia.

Pero incluso dejando ese debate de lado, basta observar la realidad cotidiana para entender que el país tiene preocupaciones mucho más profundas que una supuesta división política.

¿Está dividida Colombia cuando miles de pacientes enfrentan dificultades para acceder a medicamentos? ¿Cuando familias enteras esperan tratamientos o citas médicas? ¿Cuando la inseguridad continúa golpeando ciudades y regiones? ¿Cuando la extorsión, el narcotráfico y los grupos armados siguen condicionando la vida de millones de colombianos? ¿Cuando la incertidumbre económica afecta la inversión, el empleo y el futuro de tantos jóvenes?

No. Frente a esos problemas, Colombia está mucho más unida de lo que algunos quieren admitir.

La inmensa mayoría de los colombianos quiere exactamente lo mismo: vivir en paz, trabajar con tranquilidad, acceder a una salud digna, educar a sus hijos, emprender, progresar y caminar por las calles sin miedo. Esos anhelos no tienen ideología; son el patrimonio común de toda una nación.

Por eso el verdadero reto del Presidente De La Espriella no es gobernar para quienes votaron por él. Es gobernar para todos los colombianos.

La propuesta de la denominada "Patria Milagro", impulsada por Abelardo, parte precisamente de esa premisa: construir un gobierno para todos los ciudadanos. Un gobierno que escuche a todos, que proteja los derechos de todos y que recupere la capacidad del Estado para resolver los problemas reales de la gente.

Gobernar para todos, sin embargo, no significa gobernar con quienes pretendan mantener prácticas contrarias al interés general o utilizar el poder para beneficios particulares. La reconciliación nacional exige principios, legalidad y un rumbo claro.

Colombia no necesita seguir alimentando la narrativa de los bandos irreconciliables. Necesita recuperar la confianza en sus instituciones, reconstruir la seguridad, reactivar la economía, garantizar una atención oportuna en salud y devolver la esperanza a millones de familias.

No somos dos Colombias.

Somos una sola nación, con diferencias legítimas, pero con desafíos comunes y un destino compartido.

— Mateo Arjona, Economista y Consultor en Marketing Estratégico.

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