(OPINIÓN) Ruge el tigre: Concesionar las cárceles. Por: Álvaro Ramírez González
Colombia se demoró demasiado tiempo para concesionar sus puertos. Colpuertos era un nido de inmundicia. Los puertos de Buenaventura, Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, por donde se mueve todo el comercio internacional de Colombia, estaban secuestrados por una maraña de sindicatos y de mafias, qu
Colombia se demoró demasiado tiempo para concesionar sus puertos. Colpuertos era un nido de inmundicia. Los puertos de Buenaventura, Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, por donde se mueve todo el comercio internacional de Colombia, estaban secuestrados por una maraña de sindicatos y de mafias, que hacían un verdadero calvario, la importación y exportación de bienes, además de carísimas sus tarifas.
El saqueo de contenedores y el robo de mercancías, eran ya cosa común en esos puertos. Amparados en pliegos y concesiones sindicales, hacían lo que les daba la gana. Además, los puertos colombianos, dada esa triste condición, estaban permanentemente sometidos a unas sanciones económicas de las navieras, que hacían todavía menos competitivo nuestro comercio exterior.
Hasta que llegó mi César Gaviria a la Presidencia y decidió acabar de tajo con esa aberrante situación. Liquidó Colpuertos y a todo su personal. Y concesionó el manejo y la operación de los puertos. Desde entonces, el comercio exterior del país, se dinamizó, y su operación y sus tarifas, se volvieron totalmente competitivas. Llegó mucho capital privado a los puertos y con él, unos avanzados protocolos tecnológicos y logísticos.
Ingresar hoy a un puerto colombiano es impresionante. El orden, el aseo, la eficiencia y el buen servicio, están por todas partes. Colombia ha tolerado por demasiados años el nido de ratas del INPEC. Es de las cosas más aberrantes que tiene el gobierno en la punta de la nariz. Ningún gobierno ha querido meterse a liquidar el INPEC, y a concesionar las cárceles colombianas.
Presionados por el mismo INPEC, y algunos políticos que se benefician a montones de ese estado de cosas. Las cárceles del país son unos verdaderos antros. Su aspecto físico es horrendo. Están secuestradas por 110 sindicatos convertidos en mafias, que han convertido esas cárceles en una mega empresa delictiva. Todo tiene allí tarifa y todo al interior se paga. Hasta por vivir, hay que pagar. Allí ingresan drogas, armas, celulares, licor, prostitutas, mariachis, vallenatos, orquestas, comidas especiales y hasta los permisos de salida, naturalmente prohibidos, tienen su precio.
El empresario Carlos Matos fue sorprendido en la calle, cuando su condena no permitía la salida de la cárcel. El dinero lo hacía todo posible en esos antros. Las visitas conyugales también tienen su tarifa. Son una verdadera universidad del crimen. Allí no puede haber rehabilitación. En los Estados Unidos, la justicia es pública, pero las cárceles son casi todas privadas. Los Condados se pelean porque el Gobierno Federal construya allí una prisión.
Son todo un “clúster económico “, que genera miles de empleos en la zona y dinamiza de manera impresionante la economía de esos condados. Los edificios son privados y tienen que mantener siempre las más estrictas normas de aspecto físico, seguridad, comodidad y operación.
El Gobierno le paga al concesionario, un arriendo por esa infraestructura física. La alimentación está a cargo de otra gran empresa que para una prisión de 5.000 reos, por ejemplo, debe fabricar 450.000 comidas mensuales o 5.4 millones de comidas al año. Detrás de ese descomunal plan de alimentación, hay una enorme empresa que prepara y suministra esos alimentos, bajo rigurosas normas de calidad. Y miles de empleos.
Lo mismo pasa con la seguridad en las prisiones. Está a cargo de unas empresas especializadas en seguridad carcelaria, que manejan todo en los penales. Las reglas son demasiado estrictas y no permiten nada distinto del orden. La tecnología en seguridad es impresionante.
El gobierno paga por todo eso. El Tigre Abelardo de la Espriella va a concesionar las cárceles colombianas. Terminar de una buena vez con ese INPEC, que es una fábrica de delincuencia tarifada, se hace inaplazable.
Reciba mi apreciado Tigre, mis más sinceras felicitaciones por esa sabia y valerosa decisión. Se acaban las academias de delincuencia en Colombia y se crean los verdaderos lugares de castigo y las academias de rehabilitación. Como tiene que ser. ¡Inaplazable!

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