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(OPINIÓN) Medellín y sus liderazgos de base: La fuerza que aún no descubre todo su poder. Por: John Jairo Llano Cano

Medellín es reconocida dentro y fuera de Colombia por su capacidad de transformación social. Buena parte de esa historia se ha construido desde los barrios y corregimientos, gracias al trabajo silencioso de miles de hombres y mujeres que, sin esperar remuneración alguna, dedican su tiempo a servir a sus comunidades.

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(OPINIÓN) Medellín y sus liderazgos de base: La fuerza que aún no descubre todo su poder. Por: John Jairo Llano Cano

Son los líderes de base, esos ciudadanos que entienden que el desarrollo no comienza en un escritorio, sino en la esquina del barrio, en el salón comunal, en la escuela, en el parque o en la casa donde un vecino necesita ser escuchado. Nuestra ciudad está conformada por 16 comunas y 5 corregimientos, un territorio diverso que alberga 489 Juntas de Acción Comunal, organizaciones que reúnen, como mínimo, a 8.802 dignatarios comunales, si se considera la estructura básica de 18 dignatarios por cada junta. A ello se suman las 21 Juntas Administradoras Locales (JAL), integradas por 147 ediles, además de cientos de corporaciones, fundaciones, asociaciones, colectivos ciudadanos, grupos juveniles, organizaciones de mujeres, de personas mayores, de víctimas, de personas con discapacidad y muchas otras expresiones de participación comunitaria. Si observamos estas cifras, Medellín cuenta con uno de los mayores capitales sociales del país. Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿por qué, teniendo tanto liderazgo organizado, aún nos cuesta tanto trabajar juntos? Con frecuencia encontramos líderes impulsando valiosos procesos sociales de manera aislada. Juntas de Acción Comunal que apenas conocen el trabajo de la organización vecina. Juntas Administradoras Locales que, en ocasiones, funcionan como pequeñas islas institucionales, desconectadas de las dinámicas comunales. Organizaciones sociales que comparten objetivos similares, pero que rara vez coordinan esfuerzos para alcanzar metas comunes. No se trata de cuestionar el trabajo que cada uno realiza. Por el contrario, el esfuerzo de miles de líderes merece todo el reconocimiento. La reflexión apunta hacia otro lugar: la enorme oportunidad que Medellín sigue desaprovechando cuando sus liderazgos trabajan separados. La historia demuestra que los grandes cambios no son producto de acciones individuales, sino de la capacidad de construir propósitos colectivos. Cuando las organizaciones dialogan, comparten experiencias y unen capacidades, los resultados suelen multiplicarse. La cooperación permite optimizar recursos, evitar duplicidades, fortalecer la representación ciudadana y ejercer una interlocución mucho más sólida ante las instituciones públicas, el sector privado y los organismos de cooperación nacional e internacional. Trabajar en equipo no significa perder autonomía ni renunciar a la identidad de cada organización. Tampoco implica subordinarse a la administración distrital de turno. Al contrario, la independencia se fortalece cuando existe una ciudadanía organizada, capaz de construir propuestas propias y de ejercer un diálogo respetuoso pero firme con quienes administran lo público. Imaginemos por un momento lo que significaría ver a las Juntas de Acción Comunal, las Asocomunales, las Juntas Administradoras Locales, las organizaciones sociales y los distintos liderazgos trabajando alrededor de grandes propósitos compartidos. Participando activamente en la formulación de los Planes de Desarrollo Local. Aportando de manera articulada a la actualización del Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín. Construyendo los Planes Estratégicos Comunales y Comunitarios de cada territorio. Incidiendo colectivamente en la Ruta del Presupuesto Participativo para los próximos años. Promoviendo Comités Comunitarios de Gestión del Riesgo y Atención de Emergencias. Conformando redes de comerciantes, de emprendedores y de organizaciones sociales. Creando redes comunitarias de comunicación que mantengan informados a los habitantes sobre proyectos, convocatorias y oportunidades para sus barrios. Todo ello es posible. Lo que hace falta no son más organizaciones, sino una mayor voluntad para encontrarse alrededor de objetivos comunes. El verdadero liderazgo no se mide por el protagonismo individual, sino por la capacidad de convocar, unir y construir confianza. Los liderazgos que dejan huella son aquellos que entienden que ninguna organización, por importante que sea, puede transformar un territorio actuando en solitario. Medellín necesita fortalecer una cultura de colaboración. Una ciudad donde el éxito de una Junta de Acción Comunal también sea celebrado por la junta vecina; donde una Asocomunal vea en la JAL un aliado estratégico; donde las organizaciones sociales compartan conocimientos y experiencias, y donde el interés general prevalezca sobre los intereses particulares. La grandeza de una ciudad no se mide únicamente por sus obras de infraestructura, sus indicadores económicos o sus reconocimientos internacionales. También se mide por la capacidad de sus ciudadanos para organizarse, confiar unos en otros y construir futuro desde la solidaridad. Quizás el mayor desafío de nuestros liderazgos de base ya no sea crear nuevas organizaciones. El verdadero reto consiste en tejer puentes entre las que ya existen, convencidos de que la unidad no elimina las diferencias, sino que las convierte en una fortaleza para alcanzar propósitos superiores. Porque cuando Medellín logre que sus miles de líderes dejen de caminar en paralelo y comiencen a caminar juntos, la ciudad descubrirá que su mayor riqueza nunca estuvo en el cemento, sino en su gente. La transformación de Medellín no empieza en los grandes edificios. Empieza cuando sus liderazgos de base deciden sentarse en la misma mesa, escucharse con respeto y trabajar unidos por un objetivo común: el bienestar de sus comunidades.

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