(OPINIÓN) Los milagros no ocurren solos. Por: Mateo Arjona
Colombia inicia una nueva etapa política con la expectativa de transformar la esperanza en resultados. En esta columna, Mateo Arjona plantea que el cambio de Gobierno, por sí solo, no basta para construir la llamada Patria Milagro: se requiere el compromiso de empresarios, trabajadores, funcionarios, regiones y ciudadanos para convertir la fe en propósito, el propósito en acción y la acción en una transformación real del país.
Cuando pensamos en milagros, tendemos a entenderlos como hechos extraordinarios cuya probabilidad de ocurrencia parece remota. Sin embargo, cuando miramos la historia, descubrimos que los grandes milagros casi siempre han estado antecedidos por profundos actos de fe.
El pasado viernes, a las 15:00, Colombia entera vivió uno de esos actos de fe. Un momento que puede marcar un hito en el propósito de recuperar el país y comenzar a construir eso que durante meses hemos llamado La Patria Milagro.
Pero ningún milagro colectivo ocurre simplemente porque lo deseemos. La fe enciende la esperanza, pero después debe convertirse en acción.
Por eso, lo que comienza ahora necesita del concurso de todos los colombianos. Cada uno desde su capacidad de actuación, desde su profesión, su empresa, su oficio, su región, su comunidad o su familia. Necesitamos que quienes pueden generar empleo lo hagan; que quienes administran recursos públicos los cuiden como propios; que quienes tienen conocimiento lo pongan al servicio del país; que quienes ejercen autoridad lo hagan con firmeza e integridad; y que cada ciudadano comprenda que la construcción de una mejor nación también depende de sus propias decisiones.
Ya tenemos un líder con la determinación necesaria para emprender esa transformación. Un hombre hecho de otro material, consciente del tamaño del desafío que tiene enfrente. Pero ningún presidente, por extraordinarias que sean sus capacidades, puede transformar solo una nación.
Necesita el trabajo decidido, transparente y coordinado de sus mejores hombres y mujeres. Necesita funcionarios que entiendan que servir al Estado significa precisamente eso: SERVIR. Necesita empresarios dispuestos a volver a creer e invertir, trabajadores que encuentren nuevas oportunidades, jóvenes capaces de imaginar su futuro aquí y regiones que vuelvan a sentirse protagonistas de Colombia.
Y, por supuesto, necesita el respaldo y el compromiso del pueblo colombiano.
La ruta está clara y el presidente De La Espriella la trazó en su discurso de posesión: recuperar el orden y la seguridad; enfrentar al narcotráfico, al crimen y a la corrupción; recuperar la disciplina fiscal; devolverle al sector privado su papel como motor del crecimiento y la generación de empleo; liberar las fuerzas productivas del campo; llevar nuevamente el Estado a las regiones; gobernar con mérito, transparencia y eficiencia; defender nuestras instituciones y recuperar los valores que durante generaciones hicieron fuerte a nuestra sociedad.
No se trata simplemente de administrar mejor lo que existe. Se trata de elevar nuestra ambición como país.
Colombia puede y debe convertirse en el país líder de América del Sur y en un referente para el mundo.
Un país seguro, donde el Estado ejerza autoridad en todo el territorio. Una economía dinámica que atraiga inversión, genere empresas, empleo y oportunidades. Una sociedad que derrote la pobreza a través de la educación, el trabajo y el emprendimiento. Un país que vuelva sus ojos hacia las regiones y entienda que buena parte de su futuro está precisamente allí. Y un Estado eficiente, austero y transparente, administrado por los mejores y capaz de convertir los recursos públicos en resultados.
Tenemos con qué hacerlo: una ubicación geográfica privilegiada, dos océanos, biodiversidad, riqueza energética y minera, un enorme potencial agrícola, talento humano, empresarios capaces de competir en cualquier mercado y regiones llenas de oportunidades.
Lo que nos ha faltado no son recursos.
Nos ha faltado propósito.
La Patria Milagro debe convertirse precisamente en eso: un gran propósito nacional que nos convoque alrededor de una idea elemental pero poderosa: Colombia puede ser mucho más de lo que ha sido.
Para lograrlo tendremos que recuperar principios fundamentales: autoridad, mérito, responsabilidad, eficiencia, transparencia y orgullo de servir. Y entender que Colombia no se transforma solamente desde Bogotá, sino desde cada territorio, cada empresa, cada campo, cada escuela, cada hogar y cada ciudadano dispuesto a hacer bien su parte.
Porque los países no cambian únicamente cuando cambia un gobierno. Cambian cuando cambia la actitud de una sociedad frente a su propio futuro.
El viernes ocurrió un profundo acto de fe. Ahora viene nuestra parte.
Convertir esa fe en trabajo. La esperanza en resultados. El liderazgo en transformación. Y el propósito en realidad.
Tenemos Presidente. Tenemos rumbo. Tenemos país. Y tenemos millones de colombianos capaces de hacerlo posible.
Los milagros pueden parecer improbables. Pero cuando millones de personas deciden trabajar juntas para hacerlos realidad, dejan de ser una posibilidad remota y comienzan a convertirse en destino.
Ese debe ser ahora nuestro gran propósito nacional: Construir, entre TODOS, La Patria Milagro.
— Mateo Arjona, Economista y Consultor en Marketing Estratégico
IG: https://www.instagram.com/mateoarjona
X: https://x.com/mateoarjona
mat@mmcapitalventures.com
Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Seguridad como prioridad. Por: Rafael Nieto Loaiza
Por fin quedan atrás cuatro pésimos años. Una pesadilla. El país no aguantaba uno más. El gobierno…
(OPINIÓN) Lo primero que con verdadera urgencia esperamos los colombianos de nuestro nuevo presidente. Por: Juan José Gómez
El presidente Abelardo De La Espriella encarna hoy, en la conciencia nacional, una promesa de…
(OPINIÓN) Del discurso al poder: los diez desafíos del nuevo gobierno. Por: Bernardo Henao Jaramillo
Terminó la campaña. Terminó la discusión sobre si el presidente electo podía o no posesionarse.…