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(OPINIÓN) Lo primero que con verdadera urgencia esperamos los colombianos de nuestro nuevo presidente. Por: Juan José Gómez

El presidente Abelardo De La Espriella encarna hoy, en la conciencia nacional, una promesa de renovación y firmeza que la sociedad colombiana ha depositado en sus manos con la esperanza de un porvenir más seguro, más justo y más humano. Su campaña no fue un simple ejercicio retórico: fue un pacto solemne con los electores, un compromiso de honor que lo obliga a responder con hechos a las expectativas de millones de ciudadanos que lo convencidos de que su liderazgo puede marcar un giro decisivo en la historia reciente del país.

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(OPINIÓN) Lo primero que con verdadera urgencia esperamos los colombianos de nuestro nuevo presidente. Por: Juan José Gómez

La primera exigencia que se alza con fuerza es la del combate integral contra las amenazas que han desgarrado a Colombia durante décadas. Guerrillas, contraguerrillas y bandas criminales han sembrado el miedo en los campos y en las ciudades, han desangrado la economía y han debilitado la confianza en las instituciones. La sociedad reclama que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional actúen con coordinación, inteligencia y determinación, no solo para reducir la violencia, sino para erradicarla de raíz. El pueblo espera que el presidente cumpla su palabra de devolver la tranquilidad a los hogares, de garantizar que la ley prevalezca sobre la barbarie y de demostrar que el Estado es más fuerte que cualquier grupo armado.

La segunda prioridad, igualmente urgente, es la recuperación del sistema de salud. Las EPS, que en su momento representaron un modelo de éxito y cobertura, se han visto deterioradas por la corrupción, la ineficiencia y la falta de control. El compromiso del presidente es emprender un plan de choque que rescate lo que funcionaba, que corrija lo que se torció y que devuelva a los colombianos la confianza en un servicio que debería ser sinónimo de dignidad y bienestar. La salud no puede seguir siendo un privilegio de pocos ni un campo de batalla burocrático: debe ser un derecho garantizado con eficacia y humanidad.

La tercera necesidad, que toca las fibras más sensibles de la nación, es la protección generosa de los ancianos y de los niños. Los primeros, depositarios de la memoria y del esfuerzo de toda una vida, merecen un trato digno, cuidados adecuados y reconocimiento social. Los segundos, que representan el futuro y la esperanza, requieren educación de calidad, alimentación suficiente y un entorno seguro para crecer. El presidente ha prometido que su gobierno será un refugio para ellos, que no se les negará la mano solidaria del Estado elevada a rango constitucional y que se les brindará la atención que la justicia y la moral reclaman.

En Abelardo De La Espriella se concentran hoy las ilusiones de un pueblo que no quiere resignarse a la mediocridad ni al desencanto. La sociedad lo observa con expectativa, consciente de que los compromisos adquiridos durante la campaña no son simples palabras, sino obligaciones que deben cumplirse con rigor y con grandeza. El país necesita un conductor que sepa unir la fuerza con la sensibilidad, la disciplina con la generosidad, la autoridad con la compasión. Si el presidente logra honrar esas tres prioridades la seguridad, la salud y la protección de los más vulnerables, habrá cumplido con la esencia misma de su mandato: devolverle a Colombia la confianza en sí misma y abrirle el camino hacia una patria más fuerte, más justa y más humana.

Es el momento de demostrar que la política puede ser un instrumento de redención y no de frustración. El pueblo ha entregado su confianza; ahora corresponde al presidente demostrar que esa confianza no fue en vano. La historia lo juzgará, pero antes lo juzgarán los colombianos que esperan ver en él no solo a un gobernante, sino a un hombre de palabra, capaz de transformar las promesas en realidades y de convertir la esperanza en destino.

¡Que la mano providencial y misericordiosa de Dios lo conduzca a él y a nosotros por el mejor de los caminos!

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