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(OPINIÓN) ¿Le llegó la hora a la acción comunal? Por: John Jairo Llano Cano

(Otra vez con lo mismo…) Cada vez que Colombia entra en una campaña electoral ocurre el mismo fenómeno: los candidatos descubren nuevamente el inmenso potencial del Movimiento Comunal.

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(OPINIÓN) ¿Le llegó la hora a la acción comunal? Por: John Jairo Llano Cano

Las Juntas de Acción Comunal aparecen entonces como protagonistas de los discursos, se anuncian inversiones históricas, se promete convertirlas en ejecutoras de programas sociales, constructoras de obras comunitarias, administradoras de proyectos estratégicos y aliadas fundamentales del desarrollo nacional. Pero una vez termina la contienda electoral, la mayoría de aquellas promesas regresan al lugar donde suelen quedarse muchas iniciativas públicas: los archivos del olvido. La historia se ha repetido durante décadas.
 
Sin importar el color político del gobierno de turno, la Acción Comunal continúa siendo reconocida más por su capacidad electoral que por su extraordinaria capacidad para transformar los territorios y resulta paradójico.
 
Colombia posee posiblemente la organización social voluntaria más grande de América Latina. Ninguna otra estructura comunitaria tiene presencia simultánea en tantos barrios, comunas, corregimientos y veredas. Ninguna conoce mejor las necesidades de la gente. Ninguna tiene una relación tan directa con las familias.
 
Mientras muchos diagnósticos se elaboran desde oficinas alejadas de la realidad territorial, los comunales saben exactamente dónde falta una vía, un acueducto, un puente peatonal, una placa huella, un parque infantil, un escenario deportivo o un puesto de salud.
 
Son ellos quienes conocen el rostro de la pobreza, pero también el enorme potencial de sus comunidades. Sin embargo, esa gigantesca capacidad organizativa continúa siendo subutilizada. Sería injusto afirmar que ningún gobierno ha hecho esfuerzos por fortalecer la Acción Comunal. Existen avances normativos importantes, programas institucionales y recursos que han permitido desarrollar iniciativas valiosas.
 
Pero también sería ingenuo afirmar que ese respaldo ha sido proporcional a la magnitud del movimiento. Seguimos esperando una verdadera política pública nacional que trascienda los períodos presidenciales y convierta a la Acción Comunal en un actor permanente del desarrollo del país, y no únicamente en un aliado circunstancial durante las campañas políticas.

Sin embargo, toda reflexión honesta también exige mirar hacia adentro. No todo puede atribuirse a la falta de voluntad política de los gobiernos. Los comunales también tenemos responsabilidades.
 
Nos ha faltado mayor unidad alrededor de objetivos nacionales. En ocasiones hemos permitido que las diferencias políticas fragmenten un movimiento que debería hablar con una sola voz cuando se trata de defender los intereses de las comunidades.
 
Nos falta fortalecer la formulación de proyectos, mejorar la gestión técnica, consolidar los Planes Estratégicos de Desarrollo Comunal y Comunitario, avanzar en la capacitación permanente de los dignatarios y construir una agenda común que sobreviva a los cambios de gobierno.
 
Durante muchos años hemos esperado que otros definan nuestro futuro. Tal vez llegó el momento de asumir ese liderazgo.
 
LOS CINCO GRANDES DESAFÍOS DEL MOVIMIENTO COMUNAL
 
⦁ Consolidar una verdadera Política Pública Nacional para la Acción Comunal.
⦁ Fortalecer la financiación del sector mediante instrumentos permanentes de inversión pública.
⦁ Profesionalizar la gestión comunitaria mediante procesos continuos de formación y asistencia técnica.
⦁ Formular y ejecutar los Planes Estratégicos de Desarrollo Comunal y Comunitario en todos los organismos comunales.
⦁ Convocar un Gran Congreso Nacional Comunal que construya una agenda de largo plazo para presentar al Gobierno Nacional, al Congreso de la República y a los gobiernos territoriales.
 
 
NO SOMOS UNA MAQUINARIA ELECTORAL. La Acción Comunal nació para construir ciudadanía; su misión nunca fue entregar votos, sino organizar comunidades. Su mayor riqueza no son los recursos económicos. Es la confianza.
 
Miles de colombianos siguen encontrando en sus juntas comunales el primer escenario para resolver conflictos, gestionar soluciones y construir bienestar colectivo. Ese capital social no puede seguir desperdiciándose.
 
"La Acción Comunal no necesita que la recuerden cada cuatro años. Necesita convertirse en una política permanente del Estado colombiano."
 
Hoy el verdadero desafío ya no consiste únicamente en que los gobiernos crean en la Acción Comunal. El desafío consiste en que la propia Acción Comunal crea en la enorme fuerza que representa cuando actúa unida.
 
Porque cerca de siete millones y medio de comunales organizados alrededor de una visión compartida constituyen una de las mayores capacidades de transformación social que posee Colombia. No somos organizaciones de papel. Somos la escuela cotidiana de la democracia participativa. Somos el puente entre el Estado y la ciudadanía.
 
Somos quienes permanecemos cuando cambian los alcaldes, los gobernadores, los congresistas y los presidentes. (Hoy somos casi 70.000 Juntas, 1.425 Asocomunales, 40 Federaciones y 1 Confederación).
 
Quizá, después de más de 68 AÑOS de trabajo silencioso, ha llegado la hora de que el Movimiento Comunal deje de ser un actor secundario de la política colombiana para convertirse, definitivamente, en uno de los principales protagonistas del desarrollo nacional. Dependemos del trabajo conjunto entre ESTADO y CIUDADANÍA.

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