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(OPINIÓN) “Réplicas” del comunismo. Por: Juan Esteban Cock Vélez

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(OPINIÓN) “Réplicas” del comunismo. Por: Juan Esteban Cock Vélez

Política y desastres naturales no deberían mezclarse, porque ningún lugar sobre la tierra está exento de sufrir algo así, pero, como muchos, llevo días con el teléfono en la mano, viendo caer con profunda tristeza a Venezuela, y no puedo quedarme en silencio.

Y esta vez no era una metáfora, era literal. Dos terremotos, uno detrás del otro, con segundos de diferencia, partieron edificios en Caracas, sepultaron familias enteras en La Guaira y arrojaron a la calle a un país que ya casi no tenía nada más que perder.

¡Qué dolor! Centenares de muertos y desaparecidos, y la cifra sigue subiendo mientras escribo. Padres escarbando escombros con sus propias manos. Niños que despertaron bajo el cemento. Frente a eso no hay bandera, no hay ideología, no hay frontera. Hay un nudo en la garganta y muchas oraciones. A los hermanos venezolanos, que son tantos y que hoy caminan también por nuestras calles, les debemos en este momento lo único que de verdad vale: abrazos solidarios sin condiciones.

Pero permítame darle un giro a mi reflexión. El terremoto del pasado 24 de junio no fue el primero.

El primero llevaba más de dos décadas sacudiendo a Venezuela, solo que en cámara lenta. Se llamó “revolución”. Y derrumbó, ladrillo por ladrillo, justamente todo lo que un país necesita para sobrevivir a otra tragedia como esta: hospitales con insumos, ingenieros que no se hubieran ido, un Estado organizado capaz de coordinar un rescate, maquinaria especializada, ambulancias y muchos otros recursos que el comunismo destruyó y que hoy se anhelan para la reconstrucción que viene.

Lo están haciendo “con las uñas” y suplicando al mundo ayuda. Cuando llegó la tragedia natural, Venezuela ya estaba en ruinas. La tierra solo terminó de tumbar lo poco que el comunismo había dejado en pie de milagro.

Mire usted la escena con cuidado. Además de las personas comunes que se han remangado para ayudar, los rescatistas profesionales que hoy sacan personas de entre los escombros casi no son venezolanos. Están llegando de fuera: de Estados Unidos, de Chile, de República Dominicana, de México. Mientras las autoridades locales miran desde la tribuna. Hasta Colombia envió equipos especializados para buscar señales de vida entre el polvo. Un país que se sienta sobre el mayor yacimiento de petróleo del planeta, que alguna vez fue el más próspero del continente, hoy tiene maquinaria parada al lado de los escombros por falta de combustible (ver informe CNN: https://www.instagram.com/reel/DaOxtWdCtHT/?igsh=eTI5bnVmN2s4bDg4) y depende de manos ajenas para desenterrar a sus propios hijos. Esa, y no otra, es la obra del socialismo del siglo XXI. No empobrece poco a poco: deja a una nación tan exhausta que ni siquiera puede levantar a sus muertos con fuerzas propias.

Porque el comunismo no produce; reparte miseria. No construye; destruye. No fortalece instituciones; las vacía hasta dejarlas “en los huesos”. Y ahora que la naturaleza, toco la puerta, no hay con qué responder. La hiperinflación se llevó el ahorro. La persecución se llevó a los profesionales que hoy podrían estar cooperando. La corrupción acabó con los recursos del Estado. Quedó el discurso. Pero los discursos no levantan escombros.

Por eso hoy, mientras rezamos por nuestros hermanos venezolanos, no puedo callar lo otro que siento: gratitud.

Gracias a Dios que Colombia se salvó del continuismo de ese comunismo inepto y destructor. Ese que tiene efectos diferentes pero tan devastadores, como esta tragedia que hoy viven nuestros hermanos. Gracias a Dios que estuvimos al borde del abismo, lo vimos de cerca, respiramos su aire y alcanzamos a dar un paso atrás.

Lo que hoy se derrumba al otro lado de la frontera no es solo concreto, es también un modelo político: es la prueba, en vivo y en directo, de hacia dónde nos querían llevar los bandidos de Petro y Cepeda.

Que la tragedia venezolana nos duela. Pero que también nos abra los ojos para siempre. Porque cuando un país se entrega al comunismo, no necesita esperar a que tiemble la tierra para empezar a caer. Empieza a caer por sí solo.

Fuerza Venezuela

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