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(OPINIÓN) La soledad docente. Por: Jorge Andrés Rico Zapata

Si bien hay problemas de deben solucionar en el sistema educativo colombiano y en los modelos curriculares de diferentes instituciones de educación superior, en esta oportunidad mi preocupación tiene que ver con lo que denomino la soledad docente. Esto es por diferentes ingredientes que desde diversos actores ahondan más esta soledad.

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(OPINIÓN) La soledad docente. Por: Jorge Andrés Rico Zapata

Y no hablo de la soledad que en sentido del filósofo Arthur Schopenhauer es vista como la máxima expresión de libertad; me refiero a aquella que ha llevado el quehacer docente a entornos de nulo respeto y reciprocidad. Todo esto sin generalizar; cada quien lo interpreta en su contexto.

La docencia no es la transformación de la enseñanza en acciones que entretengan. Por más que se estén dando numerosas fórmulas de didáctica aplicada para entornos universitarios buscando conectar al público de estudiantes, no se puede seguir justificando el epicentro de la situación: la débil interiorización y formación desde el entorno inicial (familia, escuela, etc) de la población estudiantil sobre el respeto. Además, la educación no siempre entretiene, pero sí llena el alma y el espíritu y de eso no se encarga el docente, sino cada estudiante en su propio proceso.

Aulas donde la clase se da ante presencias físicas, pero sin mentes conectadas. Estudiantes estimulados por sus pantallas del celular y audífonos, los cuales utilizan como medio para disuadir su realidad, la cual es diferente en cada persona, pero esto no exime la responsabilidad y reciprocidad en el respeto. Esto es un asunto humano, de formación en valores que determinen en estudiantes que hay cosas que no se les deben permitir, como el uso irresponsable de artefactos tecnológicos ante quien les habla, en este caso, el docente.

Es irrespetuoso un estudiante con audífonos en clase; sin embargo hoy estamos con eufemismos y justificaciones para vender la idea que la responsabilidad es del docente, que no logra conectar y estimular lo suficiente a sus estudiantes. ¡Vaya cuento!

La escucha que el docente no tiene en las aulas es un síntoma de lo que pasa en la institución: lugares que cada vez más piensan que la solución a los problemas estructurales de menos ingresos en matriculas, es la de sacrificar la calidad con menos docentes y más concentración de funciones en ellos. Esta es una solución económica, pasajera. El problema sigue estando.

Sin duda debe volverse a las lecturas y conversaciones en el aula, y para ello se requiere respeto y reciprocidad en la atención. Si es necesario que se censure en clase el uso de celular, que se haga. No hay posibilidades que exista un coherente manejo de las tecnologías si no se compromete el estudiante a la formación del pensamiento crítico, creativo y al desarrollo de habilidades conversacionales.

La información está, pero en medio de la marejada de contenido, lo cual es desproporcional a la capacidad de reflexión de estudiante universitario; se queda en solo entretenimiento. Este se consume, pero no edifica integralmente, porque se requiere disciplina, respeto, permitir el aprendizaje desde la escucha y, sobre todo, responsabilidad. La soledad docente es cuando todo lo anterior lleva a que la docencia no se viva, sino que se padezca.

 

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