(OPINIÓN) La faena del 20 de julio. Por: Héctor Quintero A
Pensé que por los ríos de tinta y el volumen de las descargas electrónicas que se han dado sobre el tema, yo no tendría que escribir sobre lo que pasó en el Senado de Colombia el 20 de julio. Pero ante honrosas peticiones me atrevo a dibujar algunas pinceladas sobre el evento.
Creo que se ha magnificado el asunto y que se quiere ver un cuadro de alianzas políticas en donde solo existió una necesaria medición de fuerzas para conformar la mesa directiva y la composición de las comisiones constitucionales que están atadas a la formación numérica de cada cámara.
Me parece que don Abelardo y sus inmediatos deben entender que quienes votamos por él y le deseamos todo el éxito para el bien de la Patria, no estamos todos en posición de formar un partido, tal vez un régimen que se alinee con postulados como por ejemplo aquel de “Viva Cristo Rey”, que tiene sabor franquista. A su turno don Álvaro debe entender que participamos de su idea de que una fuerza tan significativa como lo es Centro Democrático no se puede entregar así no más, pero que ella necesita abrir a su interior el análisis de por qué perdió en la campaña anterior el olfato con lo popular que siempre había acompañado al orientador.
Celebro que el Congreso, desde los últimos días del gobierno Petro muestre signos de independencia frente al ejecutivo, lo cual es conveniente para el robustecimiento de nuestra frágil democracia y por ello encuentro lógica la definición a voto limpio, pero comprendo la angustia de muchos uribistas que han caído en los enredos de quienes quieren ver una nueva alianza, en donde solo existe un acuerdo mecánico necesario para que el Congreso marche; entendimiento llevado a cabo muchas veces y en el que era experto el recordado Víctor Renan Barco.
Las fuerzas democráticas debieron hablar y buscar el camino común, papel que le correspondía al señor Lara y que al parecer no se dio.
Los comunistas no tienen la culpa de nada. Al inicio de estos acontecimientos estaban en la luna; incluso se decía que se iban a retirar en el momento de la elección comentada. Pero “a papaya partida, papaya servida”. Y Petro que no parece haber combatido, sabe aprovechar y ser estratega. Me parece que nuestros amigos, por insultarlo, no lo han estudiado y con ello incumplen con el deber de conocer al enemigo, como lo manda el estratega clásico de la guerra Sun Tzu.
Pero además, entendimientos de estos que no implican fusión se han dado muchas veces. Les suelto dos acontecidos fuera de Colombia y dos dentro de Colombia:
1. Richelieu, cardenal francés y primer ministro actuó varias veces en acuerdo con los protestantes para defenderse de los católicos retes de España, con lo que se inventó la teoría de las “razones de Estado”.
2. En la Segunda Guerra Mundial, el comunista más peligroso y desalmado de su tiempo, el señor Stalin, hizo causa común con el líder del capitalismo en el mundo, el señor Roosevelt y con el anticomunista Churchill para acabar con el nazismo.
3. Los conservadores de Antioquia en plena época federal, después de la derrota y muerte en combate de Pascual Bravo, llegaron a un acuerdo con Murillo Toro, el orientador del Olimpo Radical y ello les permitió a los antioqueños una era maravillosa de paz y progreso bajo la conducción de Pedro Justo Berrio.
4. Desprestigiada la dictadura de Rojas Pinilla, que había llegado al poder como un “golpe de opinión”, en palabras de Darío Echandía, Alberto Lleras el mayor espíritu liberal de la última centuria, se puso de acuerdo con el jefe de la caverna goda Laureano Gómez y juntos derrocaron la dictadura el 10 de mayo de 1957.
Así que don Abelardo y don Álvaro, nosotros los militantes de “pata al suelo” esperamos que dialoguen. Esto no es a porrazos sino conversando.
Todo esto me lleva al recuerdo de Beatriz Restrepo Gallego cuando dijo que, después de Aristóteles no hay nada nuevo en política.
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