(OPINIÓN) Intenso movimiento de la política en estos días de transición. Por: Juan José Gómez
Comenzando por el “tour de force” suscitado por la presidencia del Senado y del Congreso, en el cual fueron protagonistas los senadores Honorio Enríquez y Alfredo Deluque, que de alguna manera representaban al presidente electo Abelardo De La Espriella (Defensores de la Patria) y el expresidente Álvaro Uribe (Centro Democrático), y que terminó ganando el expresidente, ¡pero a qué costo!
En este duelo de intenciones y de voluntades se demostró la vigencia de aquel antiguo refrán según el cual “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, aludiendo a que la política, por más que se venda ante el electorado como nueva y distinta, no dejará de ser la misma de siempre.
Aunque la tradición colombiana de los últimos años ha sido que la colectividad de gobierno con mayor número de senadores electos presidirá el Senado durante el primer año, también ha sido tradición más antigua que el presidente de la República dé un guiño por lo menos al presidente de la Cámara Alta que, por serlo, preside también el Congreso y además es el que con sus compañeros de mesa directiva hace la lista de los proyectos del ejecutivo a considerar en plenaria.
En el caso de la elección del actual presidente, quedan algunos interrogantes que, aunque no lo parezca, son de importancia:
¿Por qué el doctor Uribe, (a quien respeto, admiro y le guardo un invariable sentimiento de gratitud como colombiano por su acertada labor de ocho años en la presidencia), si el Centro Democrático ya se había declarado partido de gobierno, no conversó con el presidente electo, aunque fuera por teléfono y así hubieran llegado a un acuerdo sobre ese importante tema, teniendo como siempre han tenido una excelente relación personal?
Acaso era imposible que como ocurrió en las anteriores legislaturas, el Centro Democrático pactara con los partidos, contando con el guiño presidencial, la elección durante el cuatrienio de las mesas directivas de ambas cámaras y de las comisiones constitucionales y legales?
¿No era lógico que fuera presidente del Congreso un amigo del presidente electo, quien le impusiera la banda presidencial al doctor De La Espriella, sobre todo considerando que el Centro Democrático, que bien podía esperar un año para conseguir la ansiada presidencia, lo había rechazado como candidato cuando se preparaba la campaña presidencial?
¿Pactar con el petrocededismo la elección del presidente del Senado y del Congreso, a sabiendas de los antecedentes de esta colectividad, de su censurable comportamiento durante el gobierno de Petro, de sus principios fundantes completamente teñidos de socialismo radical y de su feroz comportamiento con el expresidente Uribe, sobre todo el de Cepeda, no fue algo tan incoherente y absurdo que difícilmente será olvidado por los afiliados al Centro Democrático?
No pensaron los que celebraron este pacto funesto que la inmensa mayoría de los afiliados y simpatizantes del Centro Democrático (que, aunque se llame centro es una colectividad de derecha y como tal ha venido actuando desde su fundación) no solo rechazaban semejante alianza sino que aceleraba la constitución como partido político de los Defensores de la Patria, esta sí una colectividad que proclama con orgullo sus cimientos derechistas, especialmente cuando la nada cándida Paloma, candidata presidencial del mismo Centro Democrático, ha proclamado sin que quede lugar a dudas que su partido no es de derecha?
Ojalá que quienes tienen que reflexionar lo hagan, mucho y pronto, porque se va a iniciar un gobierno de derecha, que tiene la obligación de desmontar todo ese corrupto andamiaje que deja el desgobierno de Petro y su Pacto Histórico, lo mismo que construir una verdadera Patria Milagro y el Congreso tiene la oportunidad de jugar un papel esencial en esa labor. Así se lo prometieron a los electores y así lo espera una ansiosa opinión pública mayoritaria, que si es burlada o engañada migrará hacia la espeluznante izquierda petrista.
Postre:
Entre los muchos nombramientos hechos o anunciados por el señor presidente electo, destacamos el del doctor Carlos Felipe Mejía como embajador en España. Es indiscutible que se trata de un gran acierto del doctor De La Espriella que este caballero caldense nos represente en la Madre Patria y fortalezca los lazos de amistad y cooperación con ese país, con el cual nos hermanan tantos factores, comenzando por el idioma. Sin error o exageración podemos afirmar que enviamos a los españoles un caballero a carta cabal que se distinguió como senador de la República por su compromiso con sus principios, con su región y con su Patria.
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