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(OPINIÓN) Entre la forma y el fondo: la guerra de valores que nos obliga a revisar trayectorias. Por: Sandra Callejas

Una locura de campaña presidencial. Esta carrera hacia la presidencia se ha convertido en una locura. Ha sido un camino largo, complejo y marcado por el dolor tras la pérdida de Miguel Uribe Turbay, pero la respuesta no es la parálisis. Es, como dijo María Claudia Tarazona, hacer que tantos sacrificios valgan la pena.

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(OPINIÓN) Entre la forma y el fondo: la guerra de valores que nos obliga a revisar trayectorias. Por: Sandra Callejas

Sin embargo, el panorama es difícil: estamos en una realidad donde los influencers de pantalla reemplazaron a los debates obligatorios, y donde los datos ya no se presentan con evidencia científica o técnica, sino como un juego de manipulación al servicio de poderosos intereses económicos. El peligro de esto radica en el uso de los medios como armas políticas; vemos cómo el grupo empresarial dueño de una prestigiosa revista nacional sesga la información con el único propósito de destruir la imagen de una candidata a través de narrativas distorsionadas.

Frente a esta manipulación, la gran diferencia radica en quién da la cara. Paloma Valencia es la única que asiste a los debates y confronta las ideas con rigor técnico. Mientras tanto, figuras como Abelardo de la Espriella o Iván Cepeda eluden esos escenarios y prefieren evitar la confrontación democrática directa. Pero no todo es sombra en esta contienda. Hay momentos felices que nos llenan de profunda luz, como el reciente encuentro de Paloma con María Corina Machado y las valiosas palabras de apoyo de Cayetana Álvarez de Toledo. Estamos siendo testigos de la consolidación de un poder femenino real, valiente y articulado que está llenando de esperanza el futuro de nuestro país.

Una guerra axiológica frente a una oportunidad histórica.

Hoy nos encontramos inmersos en una intensa confrontación de principios. Vivimos en una especie de guerra axiológica, donde cada bando está plenamente convencido de encontrarse en el lado correcto de la historia. Si bien, como bien advierte el profesor Gaona, estamos frente a la que podría ser la última elección democrática de nuestro país, el panorama no tiene por qué ser de resignación. Por el contrario, estamos ante la oportunidad dorada de dar un verdadero salto democrático. El momento histórico nos llama a elegir, por primera vez, a una mujer en la presidencia de Colombia. Paloma Valencia representa ese cambio de fondo que protege las instituciones y el Estado de derecho, transformando el temor por el futuro de nuestra democracia en una esperanza real de renovación y estabilidad. Símbolos frente a la gestión real: el neotribalismo político

Es evidente que la propuesta de Abelardo de la Espriella ha logrado construir un fenómeno político muy llamativo. Desde la sociología, autores como Michel Maffesoli explican que la sociedad actual tiende al "neotribalismo": un fenómeno donde las personas ya no se agrupan por programas técnicos, sino por la necesidad emocional de pertenecer a una comunidad con códigos compartidos. Entramos así en un ambiente de "tribu" donde lo importante es estar, lucir una estética y repetir rituales como el saludo de "firme", aceptando incluso narrativas mesiánicas como su autorreferencia a Cincinato, el dictador de Roma. No obstante, de cara a la inmensa responsabilidad de guiar una nación, resulta necesario activar el pensamiento crítico. Debemos preguntarnos si detrás de esa mística, de la simbología histórica y de un extraordinario mercadeo político existe un verdadero fondo programático. Cuando la pertenencia a un grupo nubla la evaluación racional, corremos el riesgo de ignorar trayectorias que, históricamente, pueden resultar incoherentes con las banderas institucionales que el país necesita ejecutar hoy dentro del marco de la ley.

Nuestra campaña, en cambio, no logra convertirse en una tribu cerrada, y esa es su mayor virtud. Aquí sumamos. Nos unimos tantas personas, tan diversas y desde tantas orillas distintas en el deseo común de una Colombia libre, democrática y próspera, que la rigidez de una tribu nos queda pequeña. En este proyecto sumamos con orgullo desde la diferencia. Sin embargo, si hay un símbolo de esta campaña que adopto por completo y que resuena con fuerza en mi cabeza todos los días, es este: una mujer a la presidencia.

Por eso, resulta legítimo y necesario el giro en la estrategia de Paloma Valencia al poner sobre la mesa verdades incómodas pero esenciales. Gobernar a Colombia no es una puesta en escena ni una política del espectáculo; requiere manos limpias y coherencia absoluta entre lo que se dice y lo que realmente se ha sido en la vida. No se trata de atacar por atacar, sino de evaluar con rigor los hechos: examinar los vínculos del pasado, los silencios frente a ciertos regímenes y, muy especialmente, la firmeza real ante el respeto y la dignidad de las mujeres. Mientras algunos sectores prefieren el show, la fantasía y los discursos vacíos evitando los debates abiertos, el país reclama un camino de trabajo y honestidad comprobada. La verdadera defensa de la patria se demuestra en el terreno de las ideas y en la consistencia histórica, no en estrategias de mercadeo de temporada.

La importancia de revisar trayectorias

Ante la pregunta de cómo escoger el rumbo adecuado, mi experiencia me ha enseñado que el mejor camino es mirar atrás. Yo pertenezco a ese círculo social que de forma natural se siente atraído y va con "el Tigre". Sin embargo, me permití dar un paso afuera de esa neotribu, mirar más allá, usar el pensamiento crítico y revisar las trayectorias reales. Así encontré a mi candidata, una mujer coherente que esta misma semana encomendó con fe el destino de nuestro país al Sagrado Corazón.

Esta semana, ella ha señalado con argumentos las diferencias de fondo en esta contienda, demostrando que su fuerza no radica en una estrategia de momento, sino en una coherencia sostenida por años. Su arraigo es absoluto: Paloma vive en Colombia y no tiene planes de irse si su proyecto no llega a la Casa de Nariño; esa permanencia es la mayor garantía de su compromiso real con el país, a diferencia de quienes ven la patria desde la barrera o de paso. Los invito a revisar con rigurosidad las trayectorias de cada aspirante. Es en la historia de trabajo y en el arraigo genuino donde se encuentran las verdaderas respuestas.

Esta decisión me dio la oportunidad de compartir con la Colombia profunda y vivir la realidad de la calle. Lo presencié este sábado en Belén, en Envigado y en Rionegro: plazas con llenos totales, vibrando con amor puro y con la ilusión intacta de tener la primera mujer presidente. Quiero que hagamos esto posible para que mi hija y todas las niñas de Colombia vean que sí se pueden alcanzar los espacios de liderazgo más altos de la patria.

Por eso te digo a ti, Amapola: yo no estoy "firme" con Abelardo. Yo estoy firme con Colombia y firme con Paloma Valencia.

Mi nombre es Sandra Callejas y quiero que Paloma Valencia sea la primera mujer presidente de Colombia en este 2026.

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