(OPINIÓN) Cuatro años para sanar. Por: Juliana Velásquez Rodríguez
Sanar no es un eslogan de posesión; es la tarea de los próximos cuatro años en la que todos debemos trabajar, y empieza hoy, con decisiones firmes y valientes.
Colombia no solo necesita ser gobernada; requiere sanar, recuperar la confianza y reconstruir las condiciones para imaginar un futuro compartido. Las heridas que afronta este gobierno no son pocas, y cada una tiene un nombre propio.
La polarización se erige como la primera herida a sanar. No es solo un resultado electoral que unos celebran y otros lamentan; es un ambiente de desconfianza y odio instalado en las conversaciones cotidianas mucho antes de esta campaña, y que persistirá si no se aborda con determinación. Sanarla exige lo que el presidente prometió: “Seré el presidente de todos los colombianos, de quienes me honraron con su voto y de quienes, en ejercicio de su libertad, depositaron su confianza en otras opciones políticas”. Gobernar es, ante todo, unir.
Sanar las finanzas públicas es imperativo. El ministro de Hacienda designado, Miguel Gómez Martínez, fue directo al afirmar: “Colombia enfrenta la crisis económica más grave de su historia republicana”. El déficit fiscal real se sitúa entre el 7 % y el 8 % del PIB, el segundo más alto del mundo, solo superado por Egipto. Sanar esta situación exigirá el recorte de gasto público más significativo que haya emprendido el país, priorizando la austeridad y la responsabilidad en la gestión de los recursos públicos.
La seguridad también demanda una profunda sanación. Los Grupos Armados Organizados (GAO) pasaron de 15.120 integrantes en diciembre de 2022 a 28.802 en julio de 2026: un crecimiento del 90 % en menos de cuatro años. El Clan del Golfo, el más numeroso, experimentó un aumento del 152 %. Sanar la seguridad implica devolverle al Estado el control efectivo del territorio, garantizando la seguridad física para las personas, tanto en las ciudades como en el campo, y la seguridad jurídica para que las empresas inviertan en el futuro con la confianza de que las reglas no cambiarán de un día para otro. Este propósito solo tendrá legitimidad si logra traducirse en instituciones más fuertes y en una presencia estatal efectiva en todo el territorio nacional.
Sanar la salud es otra prioridad. Con siete EPS intervenidas y una gestión del sistema sin rumbo claro, la deuda actual a hospitales y clínicas asciende a $41,5 billones, y el 92,6 % de esa deuda tiene más de 60 días de mora. Esto no es solo una cifra; es la razón por la que se cierran servicios y el personal de salud sostiene el sistema con lo que ya no tiene. Una atención en salud digna es sinónimo de dignidad para todos.
Sanar la naturaleza es fundamental. La expansión de la minería ilegal y la destrucción acelerada de ecosistemas no solo representan una tragedia ambiental; también fortalecen economías criminales y debilitan la presencia institucional en amplias zonas del país. Proteger la biodiversidad exige combatir con determinación la ilegalidad y promover una minería formal, responsable y sostenible que genere desarrollo para las regiones.
Colombia necesita construir con sus regiones. El centralismo nace en Bogotá, pero también forma parte de la mentalidad regional la idea de que nada se logra sin pasar por el centro del país. El futuro es posible si las regiones asumimos el desarrollo desde nuestra capacidad, no desde nuestras limitaciones. La descentralización es una oportunidad ineludible.
Desde Proantioquia y, en general, desde Antioquia, nos ponemos a disposición del nuevo Gobierno como lo que somos: una plataforma de confianza entre lo público y lo privado, con la firme convicción de que el desarrollo se construye juntos. Si a las regiones les va bien, a Colombia le va bien. Sanar no es un eslogan de posesión; es la tarea de los próximos cuatro años en la que todos debemos trabajar, y empieza hoy, con decisiones firmes y valientes. Colombia tiene cuatro años para sanar, y Antioquia está lista para ayudar a lograrlo.
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