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(OPINIÓN) Donde llega un avión, nace una economía. Por: Mateo Arjona

La conectividad aérea puede convertirse en mucho más que una solución de transporte: puede ser el punto de partida para activar el turismo, generar empleo y dinamizar economías locales en regiones históricamente aisladas. En esta columna, Mateo Arjona, presidente de SATENA, plantea cómo llevar pasajeros a territorios con alto potencial turístico también puede significar abrir oportunidades, fortalecer emprendimientos y contribuir a la reconstrucción económica y social de Colombia.

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(OPINIÓN) Donde llega un avión, nace una economía. Por: Mateo Arjona

Durante años hemos hablado del turismo en Colombia como una promesa. Hoy los números obligan a hablar de él como una realidad económica.

En 2025 llegaron al país cerca de 6 millones de viajeros no residentes. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo estimó, además, que el sector aportaría alrededor de US$21.600 millones a la economía colombiana, equivalentes al 5,1 % del PIB, y sostendría cerca de 1,3 millones de empleos.

Pero lo verdaderamente poderoso del turismo no está solamente en cuánto produce, sino en dónde puede producirlo y entre cuántas personas puede distribuirlo.

Un turista no compra únicamente una habitación. Toma un taxi, come en un restaurante, contrata un guía, compra una artesanía, paga una lancha o visita un parque. Detrás de cada transacción hay personas y familias recibiendo ingresos.

Por eso el turismo tiene una característica especialmente valiosa para Colombia: convierte activos que ya existen —naturaleza, cultura, gastronomía, biodiversidad e historia— en capacidad para producir bienestar.

Y buena parte de esos activos se encuentran precisamente en territorios que históricamente han estado aislados: el Amazonas, el Pacífico, la Orinoquía, Guaviare, Vaupés o Chocó, entre muchos otros.

Allí aparece una paradoja: podemos tener destinos extraordinarios, pero si llegar es demasiado difícil, su potencial económico permanece bloqueado.

Porque antes del hotel, del restaurante o del operador turístico hay algo todavía más elemental: hay que poder llegar.

Y allí la conectividad aérea deja de ser solamente transporte y se convierte en infraestructura para el desarrollo.

El problema es que los territorios que más necesitan esa conectividad suelen ser aquellos donde inicialmente resulta más difícil justificar una operación aérea bajo criterios exclusivamente comerciales.

Es el viejo dilema de qué fue primero, el huevo o la gallina: no llegan turistas porque no hay vuelos, y no hay vuelos porque todavía no llegan suficientes turistas. En algún momento, alguien tiene que romper ese círculo.

Ese es uno de los grandes propósitos de SATENA.

Nuestra aerolínea puede llegar donde las reglas tradicionales de rentabilidad hacen que otros operadores todavía no lleguen. Y eso obliga también a entender la rentabilidad de una manera diferente.

Durante el primer semestre de 2026, SATENA consolidó un Retorno Social de la Inversión —SROI— de 2,79. Es decir, por cada peso invertido se generan $2,79 de valor social asociado a su operación y conectividad.

Ese número cambia la conversación.

Porque una ruta puede tener una rentabilidad financiera limitada para una aerolínea y, simultáneamente, una enorme rentabilidad económica y social para un territorio.

El verdadero retorno también está en el hotel que abrió, el restaurante que contrató trabajadores, el joven que se convirtió en guía, la familia que ofrece alojamiento o el emprendedor que creó una empresa de transporte.

Por eso creo que debemos incorporar otra palabra cuando hablamos de turismo en Colombia: reconstrucción.

Reconstruir un territorio no consiste exclusivamente en llevar subsidios o infraestructura. También significa darle herramientas para construir una economía propia y sostenible.

Y el turismo tiene una ventaja extraordinaria: muchas veces su principal materia prima ya está allí.

El paisaje ya existe. La cultura ya existe. La biodiversidad ya existe. La historia ya existe.

Lo que falta es conectarla con quienes quieren conocerla.

Por supuesto, debemos hacerlo responsablemente: protegiendo ecosistemas, respetando comunidades y procurando que una parte importante del valor generado permanezca en los territorios.

Pero si lo hacemos bien, SATENA puede cumplir una misión mucho más profunda que transportar pasajeros.

Puede ayudar a crear destinos, activar economías locales y abrir territorios al turismo y a nuevas oportunidades.

Porque una aerolínea social no debería limitarse a volar hacia donde ya existe mercado.

También debe ayudar a que el mercado exista.

Y algunas veces la reconstrucción económica de un territorio puede comenzar con algo tan sencillo como esto: que por primera vez sea posible llegar.

— Mateo Arjona, Presidente de SATENA.

IG: https://www.instagram.com/mateoarjona
X: https://x.com/mateoarjona
presidencia@satena.com

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