(OPINIÓN) Crónica de un apagón anunciado. Por: Juan Espinal
¿Apagón sí o no? El pasado jueves se realizó en Bogotá el Congreso Anual de Energía de Acolgen. El encuentro contó con la participación del vicepresidente de la República, José Manuel Restrepo, quien presentó la visión del Gobierno sobre la recuperación económica y energética del país, y del expresidente Iván Duque, quien planteó una serie de recomendaciones para enfrentar uno de los mayores riesgos que hoy tiene Colombia, un eventual racionamiento de energía.
Y una pregunta terminó atravesando buena parte de las discusiones: ¿apagón sí o no?
Los diferentes paneles en los que participaron congresistas, empresarios, expertos y exministros de Minas y Energía coincidieron en la necesidad de actuar con urgencia para reducir los riesgos que enfrenta el sistema eléctrico. Más allá de las diferencias sobre la magnitud del peligro, hay una realidad que no podemos ignorar, Colombia necesita más energía firme, más infraestructura, más inversión y decisiones mucho más rápidas.
El gobierno Petro dejó un sector minero-energético profundamente debilitado. Durante cuatro años no se firmaron nuevos contratos de exploración de hidrocarburos, se suspendieron los proyectos piloto de investigación integral sobre yacimientos no convencionales, Air-e terminó intervenida y se acumularon obligaciones relacionadas con subsidios y otros compromisos del sistema eléctrico. A ello se sumaron mayores cargas para el sector y enormes dificultades para sacar adelante nuevos proyectos de generación y transmisión. El resultado es un sistema sometido a una enorme presión.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeLa situación del gas natural es quizás una de las señales más preocupantes. Colombia perdió la autosuficiencia y hoy depende crecientemente de las importaciones. En agosto de 2026, el gas importado representó el 34 % del suministro nacional y las proyecciones sectoriales indican que esa dependencia podría acercarse al 40 % al finalizar el año.
Mientras disminuyen nuestras reservas y producción de gas, aumenta la necesidad de importar un energético fundamental para los hogares, la industria, el comercio, el transporte y la generación térmica. Y cuando el sistema hidroeléctrico enfrenta condiciones climáticas adversas, el gas se convierte precisamente en uno de los respaldos fundamentales para garantizar la energía.
El desafío eléctrico tampoco es menor. La demanda continúa creciendo mientras numerosos proyectos nuevos presentan retrasos asociados al licenciamiento ambiental, las consultas previas, la infraestructura y la conexión al Sistema Interconectado Nacional. Colombia necesita acelerar inversiones multimillonarias durante los próximos años en generación, transmisión y distribución si quiere garantizar un sistema confiable y capaz de acompañar el crecimiento económico.
Porque aquí existe una contradicción que debemos resolver: queremos que Colombia vuelva a crecer por encima del 6 %, atraer nuevas industrias, desarrollar centros de datos, impulsar la inteligencia artificial, electrificar más actividades productivas y generar millones de empleos, pero nada de eso será posible si no tenemos suficiente energía.
Por eso, uno de los consensos importantes que dejó el Congreso de Acolgen fue la necesidad de tomar decisiones extraordinarias para enfrentar una situación extraordinaria. El expresidente Iván Duque planteó incluso la posibilidad de acudir a instrumentos de emergencia que permitan anticiparse al riesgo y acelerar las soluciones que requiere el sistema.
El Gobierno del presidente Abelardo De La Espriella ya ha comenzado a adoptar medidas para recuperar el sector, pero necesitamos ir más rápido. Debemos acelerar los proyectos estratégicos de generación y transmisión, reducir los tiempos administrativos del licenciamiento ambiental sin disminuir sus estándares de protección, establecer reglas claras y eficientes para la consulta previa y eliminar los cuellos de botella que mantienen inversiones fundamentales esperando durante años.
También debemos encontrar una solución estructural a las deudas acumuladas del sector. He venido proponiendo que determinadas obligaciones reconocidas por el Estado puedan convertirse en títulos de deuda de largo plazo, negociables con la banca nacional e internacional. De esta manera, las empresas podrían recuperar liquidez y el Gobierno tendría un horizonte fiscal razonable para responder por sus compromisos.
Al mismo tiempo, Colombia debe recuperar su soberanía energética. Necesitamos volver a explorar petróleo y gas, desarrollar los descubrimientos costa afuera, aumentar el recobro de nuestros campos existentes, avanzar responsablemente en los yacimientos no convencionales y garantizar suficiente generación firme. También debemos construir nuevas hidroeléctricas, fortalecer las térmicas, desarrollar las renovables y comenzar desde ahora la ruta de la energía nuclear.
Colombia necesita todas las energías que sean técnica, económica y ambientalmente viables. La seguridad energética no se construye con prejuicios ideológicos, sino con ingeniería, inversión, planeación y decisiones oportunas.
El actual Gobierno recibió un sistema energético bajo una enorme presión y ahora tiene la responsabilidad institucional de evitar que esos riesgos terminen materializándose. Eso exige unidad entre el Gobierno, el Congreso, los gremios, las empresas, las autoridades ambientales y las comunidades para acelerar las soluciones que el país necesita.
No podemos esperar a que se apague el primer bombillo para reaccionar. La historia ya nos enseñó en 1992 lo que significa para Colombia quedarse sin energía. Treinta y cuatro años después tenemos la obligación de no repetirla.
El apagón está anunciado como un riesgo. Nuestra responsabilidad es impedir que se convierta en realidad.
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