(OPINIÓN) Bienvenidos a la fiesta: Defensores de la Patria. Por: Sandra Callejas
Desde el fondo de mi corazón, tras un año largo de campaña, pensé que quienes creemos en la institucionalidad, la democracia y la libertad íbamos a concentrarnos de inmediato en la co-construcción de la Patria Milagro. Sin embargo, la coyuntura nos exige mantener la guardia en la defensa de los principios institucionales.
Esta semana, la elección de las presidencias de Cámara y Senado nos ha ofrecido un espectáculo digno de una producción de suspenso político al mejor estilo de Netflix en un House of Cards bananero. Más que una democracia deliberativa, por momentos parecemos atrapados en una infocracia: un escenario donde el efectismo digital marca la tendencia y la desinformación pretende sustituir el debate técnico.
Ante este panorama, es imperativo fijar tres claridades conceptuales y políticas:
1. El mandato del cambio real: El liderazgo de Abelardo De la Espriella representa el camino hacia la reconstrucción. Desde el pasado 21 de junio, Colombia respira una esperanza legítima tras recuperar el rumbo institucional frente a los años de la izquierda. Nuestra firmeza con la Patria es inquebrantable.
2. La vigencia histórica: El expresidente Álvaro Uribe Vélez se mantiene como una figura fundamental. Aunque el Centro Democrático manejó sus propias dinámicas en la contienda, su gestión histórica de contención ha sido clave. Hoy, la llegada de Abelardo recoge la nostalgia de la seguridad democrática para proyectarla hacia la modernidad.
3. Evolución del espectro político: El Centro Democrático se consolida como una fuerza de centroderecha. Esto abre un espacio natural, legítimo y necesario para una expresión nítida de la derecha. Los extraordinarios resultados de Defensores de la Patria en las urnas constituyen el capital político natural para dar vida a esta nueva colectividad, fortaleciendo el sistema de partidos.
¿Entre el modelo romano y el equilibrio republicano?
Uno de los grandes legados de la Ilustración y de la Revolución Francesa —plasmado conceptualmente por Montesquieu— fue demostrar que la salud de la República depende de la separación estricta de poderes. Hoy, la configuración del Congreso colombiano nos llama a una profunda reflexión sobre la construcción del Estado moderno.
Venimos de un periodo de severo desgaste institucional. Superar el riesgo del autoritarismo exige rigidez en los contrapesos: la independencia del legislativo y el judicial es lo único que garantiza que el poder responda verdaderamente a la voluntad popular.
En América Latina, nuestros modelos son adaptaciones complejas de las tradiciones democráticas occidentales. La literatura en ciencia política coincide en que su consolidación enfrenta habitualmente dos desafíos estructurales: la vulnerabilidad ante la corrupción (entendida como la captura de lo público por intereses particulares) y la fragilidad en la institucionalidad (cuando las normas se pretenden flexibilizar según la coyuntura del gobernante).
El gran reto del nuevo gobierno será navegar estas tensiones. Es natural que el entrante Ministro del Interior, Rodrigo Lara —un profesional de indiscutible disciplina, inteligencia y capacidad de articulación con todos los sectores— busque asegurar la gobernabilidad legislativa desde el primer día. Sin embargo, el análisis técnico nos obliga a advertir los riesgos de un pragmatismo excesivo en el Congreso. Apoyar a figuras que respaldaron la agenda del gobierno anterior genera tensiones legítimas en las bancadas que sostuvieron la resistencia institucional. El equilibrio entre la gobernabilidad y la coherencia ideológica será el examen definitivo de este inicio de mandato.
Es perfectamente comprensible que el Centro Democrático mantenga una postura de distancia frente a sectores que representaron la antítesis de sus tesis durante el último cuatrienio. La historia universal nos recuerda que cuando el legislativo se reduce a un órgano de mera validación formal como ocurrió con el Senado en el Imperio Romano la República se desvanece.
La evolución estratégica y el futuro
El expresidente Uribe avanza en la consolidación del Centro Democrático en su nicho programático. Los datos electorales recientes demuestran que el CD tiene una fuerza regional indiscutible, consolidándose como la segunda fuerza del Senado. Tienen un futuro electoral sólido y un rol clave que desempeñar.
Por ello, la eventual personería jurídica de Defensores de la Patria no debe leerse como una fractura o un acto de disidencia, sino como la evolución natural del mapa político. Los ciudadanos que se sumaron a la propuesta de Abelardo en primera vuelta ya pertenecían orgánicamente a esta nueva sensibilidad. Crear un nuevo partido es robustecer la democracia, ampliar la base de representación de la derecha y ofrecerle al gobierno de De la Espriella un soporte legislativo programático, técnico y sin ambigüedades.
El respaldo constructivo exige lucidez; el aplauso acrítico nunca ha sido una opción. Construir la Patria Milagro requiere tanto de lealtad al proyecto como de rigurosidad en los principios.
Vive la liberté!
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