(OPINIÓN) “Autoatentado controlado”, dice Cepeda. ¿Pero quién es el verdadero destinatario? Por: Eduardo Mackenzie
Miren bien dónde está metiendo los pies Iván Cepeda. ¿Lo del “autoatentado” es más aplicable a Gustavo Petro que a Abelardo De la Espriella?
Desesperado por la crisis de su campaña y por el avance que, a menos de dos semanas de la segunda vuelta, protagoniza el abogado penalista y candidato presidencial Abelardo De la Espriella, Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, está jugando con candela: lanzó una extraña ofensiva de intimidación-desinformación contra el candidato del movimiento Defensores de la Patria.
Lo que hizo Cepeda el 8 de junio pasado puede ser mucho más grave que sus otros esfuerzos para frenar a Abelardo De la Espriella.
“Se me ha hecho saber”, dijo el senador comunista en una red social (1), “que en la campaña de Abelardo De la Espriella se estaría fraguando un montaje para realizar un autoatentado controlado del candidato con el propósito de incidir en los resultados definitivos de la elección”. Y que ese montaje “tendría lugar en los días previos al próximo 21 de junio, fecha de realización de la segunda vuelta”.
Cepeda agregó: “Entrego esta información a la Unidad Nacional de Protección para que, de ser necesario, refuerce las medidas de protección de De la Espriella y su fórmula vicepresidencial.”
Esa dramática declaración no es una alerta para proteger a un rival en la lucha por la Presidencia de la República. Cepeda no lo hace para mostrarse prudente. Lo hace para sembrar la división dentro del campo de El Tigre. Es cierto, el embuchado es hábil: sugiere que el “autoatentado” estaría siendo organizado a espaldas del candidato, pero por elementos de sus propias filas. Cepeda sueña con eso: que el fuerte equipo de Abelardo se disgregue.
¿Era esa la carta secreta que quería jugar Cepeda cuando exigió un debate ya mismo con Abelardo De la Espriella, después de haberle huido a ese debate? Por fortuna, De la Espriella lo paró en seco: debatirán cuando Cepeda y Petro reconozcan los resultados de la primera vuelta.
El cuento del “autoatentado controlado” surgió después de la reunión del 1 y 2 de junio pasado entre Cepeda y el presidente Gustavo Petro, donde ellos simularon tener diferencias. Un diario izquierdista español tragó entero eso de que entre Cepeda y Petro hay grietas, que Cepeda le había pedido a Petro “abandonar ciertas posturas que perjudican su avance hacia la segunda vuelta del 21 de junio”. ¿Fue en esa reunión donde Cepeda discutió las ventajas de lanzar lo del “autoatentado” contra Abelardo?
Es evidente que Cepeda oculta algo muy feo
El candidato comunista dice haber recibido ese dato “por distintas vías”. Es decir, no da nombres pero conoce al menos una fuente, pero la oculta. ¿Le entregó él a la Fiscalía y a la UNP el nombre de su fuente?
Cepeda calla. Lo cierto es que él trata de montar algo que los especialistas llaman una operación de “contra-verdad no verificable”, un tipo de desinformación bien conocido.
Iván Cepeda cree que esa falsa revelación puede paralizar o frenar la actividad de Abelardo y, al mismo tiempo, construir una cortina de humo: si algo grave le ocurre a El Tigre, la primera reacción será atribuirle eso a Abelardo y a su movimiento y descargar de toda responsabilidad al gobierno y a las bandas narcoterroristas que utilizan, ambos, en estos momentos, la compra de votos y la violencia para forzar a regiones y municipios enteros a votar por Iván Cepeda.
¿Eso es lo que Ariel Ávila y Fernando Cristo llaman “buscar votos fuera del petrismo”?
Aunque la jugada es siniestra, sus móviles son descifrables. Iván Cepeda trata de borrar de la memoria popular el hecho de que los asesinatos recientes de opositores al régimen petrista el asesinato en Bogotá del senador y candidato Miguel Uribe Turbay, el 7 de junio de 2025; los atentados mortales que sufrieron Mauricio Devia Escobar y Fabián Cardona, militantes del movimiento Defensores de la Patria, el pasado 16 de mayo, en Cubarral, Meta; el asesinato de Mileidy Villada González, del Centro Democrático, el pasado 7 de mayo, en el Valle del Cauca; y el atentado contra Julián Cardona, del Centro Democrático, del cual salió ileso--, no son autoatentados sino atrocidades ejecutadas por aparatos del narcocomunismo.
Iván Cepeda ha desempolvado, quiéralo o no, un método execrable del comunismo internacional y del hitlerismo, antes y durante la Guerra Fría: el autoatentado, o atentado de bandera falsa, como pretexto para destruir al adversario político.
El incidente de Mainila es un ejemplo. En noviembre de 1939, el Kremlin ordenó que el Ejército Rojo disparara sus cañones contra el pueblo ruso de Mainila, cerca de Bolostrov, para culpar enseguida a los finlandeses e invadir ese país cuatro días después. La siniestra NKVD había preparado los detalles de ese autoataque.
El caso más conocido de autoatentado nazi fue el incendio del Reichstag en 1933. El 27 de febrero los nazis incendiaron el edificio del Reichstag para culpar a comunistas y judíos y lograr que el canciller Hitler obtuviera los plenos poderes. Así comenzó la dictadura genocida del llamado Tercer Reich.
Otro acto de tipo “autoatentado” fue el realizado en 1934 por orden de Stalin contra su “gran amigo” Sergei Kirov, líder del partido de Leningrado y figura ascendente de la dirección del PCUS. Stalin culpó de ese asesinato a un “complot” de agentes del NKVD bajo órdenes de Trotsky y Zinoviev. Gracias a ese crimen Stalin eliminó a sus adversarios, instauró su supremacía política e inició el periodo del Gran Terror (2).
En América Latina, ese recurso no es desconocido. Dos recientes: el presidente de Bolivia, Luis Arce, del Movimiento al Socialismo, lo utilizó para contrarrestar una caída de popularidad, y clamó que la “extrema derecha” quería destituirlo. Evo Morales, otro expresidente, también fundador del MAS, utilizó en 2025 el cuento de que habían disparado contra su vehículo para capturarlo y asesinarlo.
Al desempolvar ese asunto del “autoatentado”, Iván Cepeda exhibe su apego al sistema político-ideológico monstruoso que llevó a la muerte a más de cien millones de personas en los cinco continentes, que eliminaba a los rusos “enemigos del pueblo” y a sus propios militantes que dejaban de ser confiables. Durante la ocupación alemana, el PC francés clandestino, bajo órdenes de Jacques Duclos, hizo, entre otras cosas, 28 listas negras, entre 1933 y 1945, de más de 2.300 comunistas supuestamente “traidores”. Varias decenas de ellos fueron asesinados por los sicarios del “grupo Valmy” y otros tantos quedaron heridos. “Los traidores serán abatidos como perros”, había advertido a finales de 1941 L’Humanité. (2)
Esos son los valores de Iván Cepeda, a pesar de que se presenta como un “demócrata”.
La controvertida suspensión del presidente Petro
Lo más interesante es que, en las últimas horas, el campo Petro-cepedista creó una situación que permite pensar que aquello del “autoatentado controlado para incidir en los resultados definitivos de la elección” podría tener a Gustavo Petro como protagonista y a Iván Cepeda como beneficiario.
En efecto, la representante a la Cámara Gloria Arizabaleta Corral, miembro de la Comisión de Investigación y Acusaciones de la Cámara de Representantes, y exesposa del exsenador petrista Roy Barreras, radicó el 10 de junio de 2026 un polémico auto mediante el cual ordena la “suspensión del presidente Gustavo Petro por presunta participación en política hasta el próximo 21 de junio”.
Los antipetristas no interpretaron eso como una sanción genuina por la actitud del presidente Petro y sus intervenciones descaradas en favor de Cepeda, sino como una jugada “para que [Petro] se victimice y salga a hacer política por Iván Cepeda”, como cree saber Semana. Peor, muchos temen que el Petro suspendido de 2026 será el mismo Petro de 2021 y 2022 que logró incendiar al país, con ayuda de los carteles narco-comunistas, para ganar de manera oscura y brutal la elección presidencial.
El de hoy no es el Petro de 2022 que prometía de manera delirante ríos de leche y miel. Hoy es el hombre más detestado de Colombia. Es pues una jugada torpe. Quien inventó esa movida ve al desgastado presidente como un Júpiter tonante, capaz de hacerle creer al país que Cepeda superó por sus excelsas virtudes al ganador de la primera vuelta.
En ese contexto, la idea del “autoatentado controlado” sería el último recurso que le quedaría a Cepeda para violar masivamente las conciencias del país e intentar "robarse la elección" como dicen sus adversarios políticos.
La respuesta del campo de Abelardo De la Espriella no tardó en llegar. El mismo día, el jurista y candidato de derecha cuestionó la legalidad de la decisión de Gloria Arizabaleta: “La Cámara de Representantes no tiene ninguna competencia legal o constitucional para suspender al Presidente de la República, mucho menos la comisión. Esa facultad es exclusiva del Senado”. Y advirtió que, además, la ley había sido violada por ese auto pues se trata, más bien, de “un prevaricato monumental”, un “mecanismo fraudulento, ilegal e inconstitucional”. Exhortó enseguida a la comunidad internacional a vigilar aún más las elecciones del 21 de junio e hizo un llamado a la calma a la ciudadanía favorable a El Tigre.
Pero como suspender no es destituir, Petro aún suspendido no tendrá carta blanca para seguir agitando a los violentos y predicando en favor de Cepeda. En ese caso, lo hecho por la congresista Arizabaleta sería un doble engaño: sanciona la intervención en política de Petro para que reincida en esa infracción con mayor intensidad. Aun suspendido --no inhabilitado ni destituido, Gustavo Petro no quedaría libre de cometer tropelías e ilegalidades. Si el auto no se cae, él sigue siendo un presidente sancionable de nuevo.
Todo eso son síntomas de desorden en el campo de Petro-Cepeda. La unidad del electorado favorable a De la Espriella es fundamental. No dejarse perturbar por maniobras de corto vuelo.
Noticias relacionadas
¿Error jurídico o jugada política? Por: Julio César Prieto Rivera
Durante las últimas horas Colombia fue sacudida por una noticia que, por su gravedad, tenía la…
(OPINIÓN) Polarización y enfrentamiento político presagian nuevos estallidos sociales y creciente movilización popular para impedir que se hagan trizas las reformas sociales y las libertades democráticas. Por: Horacio Duque
El espaldarazo ultraderechista de Donald Trump al candidato de neofascismo colombiano, Abelardo De…
(OPINIÓN) El arte de soltar las expectativas en el fútbol y en la vida. Por: César Bedoya
Por estos días, los colombianos tenemos los ojos fijos, el corazón inflado de esperanza y el alma…