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(OPINIÓN) Álvaro Uribe Vélez, el eje del equilibrio en este cuatrienio

¿El gran regreso del elector? ¿Por qué De la Espriella necesita pactar con Uribe si quiere salvar su Gobierno? La sorpresiva elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado de Colombia para el periodo 2026-2027 ha sacudido los cimientos de la política nacional.

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(OPINIÓN) Álvaro Uribe Vélez, el eje del equilibrio en este cuatrienio

No se trata de un simple cambio de mesas directivas. Es el primer gran pulso político de la era post-Petro, y el veredicto es contundente. Álvaro Uribe Vélez ha vuelto a demostrar por qué es el gran determinador de la balanza en el país.

El triunfo del senador magdalenense con 56 votos frente a los 45 de Alfredo Deluque (la carta del mandatario electo) deja lecciones urgentes para el Gobierno entrante y, sobre todo, para el círculo cercano de Abelardo de la Espriella.

Un jalón de orejas al entorno presidencial. El resultado en el Congreso debe leerse como un urgente llamado de atención al entorno de De la Espriella.

En las últimas semanas, los sectores más radicales que rodean al presidente electo han concentrado sus energías en un proyecto miope: intentar canibalizar las bases del uribismo para fundar un nuevo partido propio, con la pretensión de sepultar políticamente a Álvaro Uribe Vélez.

Esta estrategia no solo ha resultado desleal desconociendo que los votos del Centro Democrático fueron vitales para ganar la Presidencia de la República, sino políticamente torpe.

El resultado está a la vista. Falta de lectura legislativa. La soberbia del entorno De la Espriella unió las fuerzas del Pacto Histórico y el Centro Democrático en una alianza impensable para frenar el oficialismo.

Gobernabilidad fracturada. Intentar gobernar ignorando las bancadas tradicionales debilitó la primera gran apuesta del Ejecutivo antes de arrancar.

El afán de protagonismo de los asesores presidenciales los llevó a olvidar una regla de oro de la política colombiana: a Uribe nunca se le debe dar por muerto.

Uribe: El garante de la estabilidad nacional. Álvaro Uribe Vélez emerge de esta coyuntura como el máximo ganador estratégico. Lejos de radicalizarse en una oposición ciega, el expresidente ha jugado la carta de la madurez institucional.

Al ofrecer públicamente plenas garantías de respeto y equilibrio institucional para los sectores de izquierda y de oposición, Uribe se posiciona en el lugar que más le conviene al país: el de un estadista capaz de tender puentes.

Mientras el Gobierno entrante cerraba puertas, el uribismo las abría, consolidándose como el jefe de la mayor bancada de derecha pero con la flexibilidad necesaria para atenuar la polarización nacional.

La encrucijada de De la Espriella. Quiera o no, el éxito o el fracaso del gobierno de Abelardo De la Espriella que inicia este próximo 7 de agosto dependerá de su capacidad para negociar con el Congreso que hoy lideran Honorio Henríquez en el Senado y Nicolás Barguil en la Cámara.

Sin mayorías propias y con reformas estructurales, presupuestos y el Plan Nacional de Desarrollo por aprobar, el nuevo Ejecutivo tiene dos caminos. INSISTIR EN LA SOBERBIA: Mantener la agenda radical de su entorno, enfrentarse a un Congreso independiente y condenar al país al bloqueo institucional.

Reconocer la realidad política: Desarmar los ataques contra el uribismo, aceptar que el Centro Democrático es el verdadero eje del equilibrio y sentarse a pactar con Álvaro Uribe. La lección del Senado es clara.

La soberbia sectaria del círculo presidencial acaba de recibir su primer baño de realidad. Para que el nuevo Gobierno tenga éxito, de la Espriella debe entender que el poder no se ejerce aniquilando a los aliados que lo llevaron a la cima, sino respetando el peso de la historia y de los votos.

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