(OPINIÓN) El cierre de una gran campaña. Por: Mateo Arjona
En esta columna, el economista y consultor en marketing estratégico Mateo Arjona reflexiona sobre el recorrido de la campaña presidencial de Abelardo De La Espriella, un proyecto político que, según el autor, logró consolidarse como un movimiento ciudadano impulsado por voluntarios en todo el país. Arjona destaca el papel de sus seguidores, la construcción de símbolos como "El Tigre" y la conexión de la campaña con sectores de la población que buscan una alternativa frente a la política tradicional.
Toda campaña política tiene un inicio. Muy pocas tienen alma.
La campaña de Abelardo De La Espriella nació de una petición popular. Nació de miles de voces que, cansadas de los mismos discursos, de las mismas fórmulas y de los mismos protagonistas de siempre, le pidieron a un colombiano dispuesto a defender sus convicciones que considerara asumir el reto de aspirar a la Presidencia de la República.
Desde entonces comenzó una travesía extraordinaria. Una campaña distinta, disruptiva, innovadora y profundamente conectada con el sentimiento de la gente. Una campaña que decidió romper los moldes tradicionales de la política y construir un movimiento basado en la esperanza, la convicción y el amor por Colombia.
Lo que hemos visto durante estos meses no ha sido simplemente una campaña electoral. Ha sido un fenómeno ciudadano. Un movimiento impulsado por voluntarios en los 32 departamentos del país, por hombres y mujeres que entregaron tiempo, esfuerzo y pasión sin esperar nada a cambio, convencidos de que Colombia merece un futuro diferente.
Ha sido una campaña construida desde las calles, desde los barrios, desde los municipios y veredas. Una campaña donde el candidato dejó literalmente la piel en el juego, recorriendo el país, escuchando a los ciudadanos y asumiendo riesgos personales que pocos estarían dispuestos a enfrentar por una causa.
Como ocurre con los grandes movimientos, esta campaña fue construyendo sus propios símbolos. Sus colores, sus mensajes y sus emblemas terminaron reflejando el alma de la colombianidad. Y fue el mismo pueblo quien reclamó uno de los símbolos más poderosos de todos: El Tigre.
El Tigre representa la fuerza, la inteligencia, la determinación y la capacidad de avanzar con valentía hacia cualquier objetivo. No fue una creación artificial de una mesa de mercadeo. Fue una identificación espontánea de la gente con un liderazgo que encarna esos atributos.
Esa conexión llegó incluso a los más jóvenes. Hoy, en cualquier rincón del país, los niños saben quién es el Tigre y conocen el saludo de Firme por la Patria. Porque cuando una campaña logra trascender la política y convertirse en un símbolo cultural, empieza a ocupar un lugar especial en la memoria colectiva.
Nada de esto habría sido posible sin el trabajo de cientos de personas que hicieron realidad este sueño. Debo hacer una mención especial al doctor Carlos Suárez, estratega político de esta campaña, así como a los coordinadores nacionales y regionales, al equipo creativo, de comunicaciones, al equipo programático, al equipo jurídico, a los activistas, al equipo digital, al equipo de seguridad, a los voluntarios y a cada una de las personas que aportaron su talento, su esfuerzo y su corazón para construir este proyecto.
A todos ellos, gracias.
Hoy se cierra una etapa. Se cierra la campaña más innovadora y emocionante que ha vivido Colombia. Pero los sueños no terminan cuando termina una campaña.
La política, al final, no pertenece a los candidatos ni a los estrategas. Pertenece a los ciudadanos. La campaña concluye. La decisión queda en manos de Colombia y con seguridad, el pueblo, elegirá a Abelardo como Presidente y a José Manuel como Vicepresidente, porque cuando un pueblo recupera la esperanza, cuando se atreve a creer nuevamente y cuando decide unirse alrededor de una causa común, es capaz de mover montañas.
Hoy y siempre... #FirmePorLaPatria
Mateo Arjona. Economista y Consultor en Marketing Estratégico.
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