sábado, octubre 16, 2021

Karen

Por Juan Nicolás Gaviria

Les voy a contar la anécdota de cuando conocí a la hoy exministra Karen Abudinen. Era el inicio del gobierno Duque y andaban por Colombia desarrollando esas mesas de trabajo regionales con el fin de construir el plan de desarrollo. Pues bien, cuando fue la hora de Pereira me pidieron asistir en representación de un sector de la región y en efecto allí estuve.

El evento inició temprano, mucha gente fue convocada al punto de que casi me regreso, pues todo estaba medio caótico y esos cúmulos de gente no me gustan. En todo caso logré entrar. Finalmente, el taller inicio y nos distribuyeron por sectores, el mío fue turismo.

El evento transcurrió normal bajo una metodología sencilla de “desing thinking” con facilitadores probos y bien versados en política pública. Mi primera sorpresa llegó cuando llegaron los refrigerios.

Aún recuerdo con claridad ese refrigerio, que tenía más cara de desayuno, con almuerzo e incluso cena incluida, toda una barbaridad, yo no fui capaz con eso; solo les faltó meterle a eso una libra de arroz. Eso me resultó inquietante pues, debemos recordar que este taller se daba en un año en el cual estábamos en medio del escándalo del PAE, de forma tal que el comentario general se enfocó en el hecho que suponía tan exagerado refrigerio.

Sin embargo, el taller continuo sin novedad hasta que llegó al salón una avanzada numerosa, como si se tratara del presidente de la república; entraron escoltas, fotógrafos, asistentes, camarógrafos, en fin, un despliegue de personal increíble y ahí fue cuando entró una señora chiquita y muy extrovertida, quien se presentó como la “consejera presidencial para las regiones”, pero debo hacerles una confesión, yo no entendí eso, yo entendí “consejera para las reuniones”.

En todo caso, la señora entró como una tromba, habló maravillas de lo que sería este gobierno y así mismo se fue, dejando en mi mente una imagen de preponderancia y egocentrismo que hasta hoy tengo fijada, a lo cual debemos sumarle el derroche de recursos que pude ver en ese evento, recursos que bien podrían usarse en otros frentes, pues si usted hace la cuenta del costo de esos talleres a lo largo y ancho del territorio nacional, se puede llevar una sorpresa.

Yo me fui de ese evento con sentimientos encontrados pues, si bien logré el objetivo del sector que representaba ese día, no sentí que se fuera a materializar, pues la lógica que allí viví, la actitud de los facilitadores y los funcionarios de ese nuevo gobierno, me dieron a entender otra cosa.

En lo que respecta a la señora “de las reuniones”, no fue sino hasta el día siguiente que caí en la cuenta de mi error, lo cual me generó mucha risa y hasta hoy me la genera, pues si bien escuche mal, creo que no fue del todo así, la reunión en todo caso estuvo buena; buena comida, buena logística, buena cobertura de medios y buena convocatoria. Una reunión bien hecha y más bien costosa.

También, la señora Abudinen me dejó una impresión al respecto de su carácter y objetivos, pude advertir que el foco allí era ella, resaltarla a ella, exaltar su gestión y ejecutoria, no vi una persona técnica y proba capaz de levantar el insumo crítico de un plan de desarrollo nacional, vi una política en campaña. Eso me dejó muy triste, no puedo decir que fuera o sea incompetente, pero si puedo decir que carecía de las competencias para ese reto.

Eso me lleva a la actualidad. La verdad desconozco los pormenores del caso que hizo renunciar a la señora Abudiden a su ministerio, pero de lo que sí estoy seguro y lo manifesté en su momento, es que esa no era la persona indicada para ese cargo.

El tiempo siempre da la razón a los que la tienen, solo se debe tener la paciencia necesaria y esperar que las cosas sucedan. Por eso resulta triste ver como este gobierno sigue obstinado en aferrarse a figuras que, a todas luces no cuentan con las competencias necesarias, así sus diplomas digan lo contrario. Y si no me creen, pregunten hoy en el Banco de la República.

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