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El Niño inminente: Colombia ante un desafío económico y energético sin precedentes

Colombia se prepara para enfrentar la inminente llegada del fenómeno de El Niño, cuya mayor intensidad se proyecta para el último trimestre del año. Este evento climático, que ya supera registros históricos, plantea serias preocupaciones sobre su impacto en la economía nacional y, de manera particular, en el sector energético, que exhibe un margen de maniobra limitado ante los desafíos que se avecinan.

REDACCIÓN
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El Niño inminente: Colombia ante un desafío económico y energético sin precedentes
Foto: IFMERAImagen procesada con IA

Según un informe reciente de Corficolombiana, el actual fenómeno de El Niño está marcando registros históricos significativos. Se espera que, para finales de año, la temperatura oceánica supere en dos grados el promedio histórico, una situación que, desde 1950, solo se ha presentado en tres ocasiones: 1982, 1997 y 2015. La magnitud de este evento es tal que el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) asigna una probabilidad del 75 % de que este Niño se consolide como el más fuerte desde que se tienen registros.

Repercusiones económicas. Del campo a la inflación

Los efectos de El Niño no se harán esperar y su transmisión a la economía colombiana es un punto de atención crucial. El Banco de la República ha identificado los alimentos, la energía y la actividad agropecuaria como los principales canales de impacto. El sector ganadero ya ha comenzado a sentir las consecuencias, con estimaciones de Fedegán que cifran las pérdidas económicas en cerca de 70.000 millones de pesos entre el 1 de junio y el 1 de agosto, principalmente debido a la muerte de bovinos y afectaciones en 19 departamentos del país.

La experiencia de eventos pasados subraya la gravedad de la situación. El fenómeno de El Niño de 1997-1998, considerado el más similar en trayectoria hasta la fecha, generó pérdidas económicas equivalentes al 0,55 % del Producto Interno Bruto (PIB), según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Más recientemente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) proyecta que un fenómeno de El Niño de intensidad muy fuerte podría reducir el crecimiento económico en 0,9 puntos porcentuales.

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Corficolombiana advierte que “los episodios de El Niño de intensidad fuerte suelen venir acompañados de mayores presiones inflacionarias, particularmente en alimentos, así como de incrementos en las tarifas residenciales de energía y en los precios de bolsa”. La entidad también estima que, ante un eventual racionamiento, el costo sobre el PIB ascendería a 5.600 millones de pesos de 2025 por cada hora de interrupción.

El sistema energético. Un margen de maniobra estrecho

El informe de Corficolombiana lanza una advertencia sobre el bajo margen de maniobra del sistema energético colombiano. Al 10 de septiembre, solo había ingresado el 23 % de los 4.475 MW de nueva capacidad de generación previstos para 2026. Este rezago no es un fenómeno aislado de este año; entre 2021 y 2025, ingresó aproximadamente una quinta parte de la capacidad de generación programada, evidenciando dificultades persistentes para materializar los proyectos en los tiempos previstos. Esta situación limita la capacidad para atender el incremento de la demanda y reduce la habilidad del sistema para compensar una menor disponibilidad de generación hidroeléctrica.

El retraso no se limita a la generación, sino que se extiende a la infraestructura de transmisión, donde el 60 % de los proyectos del Sistema de Transmisión Nacional (STN) registran demoras. Un caso particularmente relevante es el de la línea Colectora, infraestructura estratégica para conectar la generación eólica de La Guajira al Sistema Interconectado Nacional (SIN), cuya entrada en operación fue aplazada de agosto de 2026 a abril de 2027. A esto se suman los proyectos Chivor II Norte y Sogamoso, fundamentales para Bogotá, Meta y el Guaviare. Estos retrasos limitan la incorporación efectiva de nueva generación y reducen las alternativas disponibles para diversificar la matriz energética durante un período de mayor presión sobre la generación hidroeléctrica, explica Corficolombiana.

Crecimiento de la demanda y deterioro hidrológico

Este escenario de vulnerabilidad se agrava en un contexto de crecimiento de la demanda energética superior al inicialmente previsto. En agosto, el consumo de energía eléctrica aumentó un 6,5 % interanual, y las últimas proyecciones de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) revisaron al alza las expectativas para los próximos meses, con crecimientos anuales superiores al 10 % durante el cuarto trimestre de 2026.

La preocupación se intensifica por varios factores. La brecha de energía en firme, aquella que garantiza el suministro en los escenarios más extremos, ya se ubica en un 7,7 % frente a la demanda proyectada para 2026-2027, cuando hace tres meses se proyectaba en el 4,4 %. Esto evidencia una insuficiencia de respaldo para atender el próximo período crítico bajo condiciones adversas.

Aunque los embalses se encuentran actualmente en el 78,7 % de su capacidad, la situación hidrológica muestra un deterioro sostenido. Desde abril, los aportes hídricos se han ubicado por debajo de la media histórica. En agosto, fueron un 25 % inferiores a este promedio, y al 15 de septiembre, el déficit alcanzó el 27 %.

La matriz energética con mayor dependencia térmica y escasez de gas

Este comportamiento ha modificado la composición de la matriz de generación. Entre enero y mayo de 2026, antes de la declaratoria de inicio de El Niño, la generación hidráulica representaba en promedio el 78 % de la generación, frente al 13 % de la térmica. En septiembre, la participación hidráulica se ubicó en un 59 %, mientras que la generación térmica alcanzó el 31,6 %. La presión sobre el recurso hídrico ya se ha traducido en medidas de racionamiento de agua adoptadas en varios municipios de Santander, Nariño y Cundinamarca, así como en Medellín, añade el estudio.

La menor disponibilidad hídrica y la creciente participación de la generación térmica sugieren que la capacidad de respuesta del sistema dependerá cada vez más de fuentes de respaldo distintas a la generación hidroeléctrica. Ante este escenario, la generación térmica adquiere un papel cada vez más relevante como respaldo del sistema. Sin embargo, una mayor participación térmica incrementa simultáneamente las necesidades de gas natural, carbón y combustibles líquidos.

La experiencia del fenómeno de 2023-2024 permite dimensionar este riesgo: el consumo de gas natural de las plantas térmicas pasó de niveles habituales de 180-200 MBTUD a 550 MBTUD en abril de 2024, con máximos diarios de 612 MBTUD. En línea con esta tendencia, la demanda de gas para generación térmica ya creció un 85 % anual en agosto de 2026. La mayor dependencia de la generación térmica pone de manifiesto la necesidad de fortalecer oportunamente la infraestructura de abastecimiento y transporte de gas natural. Un incremento de entre 350 y 400 MBTUD, como el observado durante el último episodio de El Niño, superaría la capacidad adicional prevista por los proyectos que entrarían en operación a finales de 2026 y en el primer trimestre de 2027.

“Por ello, es prioritario evitar nuevos retrasos en los proyectos destinados a ampliar la capacidad de suministro de gas, especialmente los de regasificación. En este frente, sobresale el avance de la ampliación de SPEC, cuya entrada anticipada está prevista para el 1 de octubre de 2026 y que permitirá aumentar la capacidad de importación en un volumen equivalente a cerca del 6 % (58 MPCD) de la demanda nacional de gas. A ello se suman las terminales de Buenaventura y Puerto Bahía, cuya entrada en operación está prevista para los próximos meses”, señala Corficolombiana.

La entidad advierte que, si los proyectos no entran en operación, podría consolidarse un déficit de oferta equivalente a entre el 15 % y el 20 % de la demanda nacional de gas. En un escenario en el que las importaciones podrían cubrir más del 40 % de la demanda, contar con infraestructura adicional reduce la vulnerabilidad ante caídas de la producción nacional y aumentos de la demanda térmica. A este desafío se suma la situación de Canacol, cuyo suministro representa actualmente cerca del 7 % de la demanda nacional. La reducción de su producción ha profundizado el problema de abastecimiento: el suministro de Canacol pasó de hasta 220 GBTUD en 2021-2022 a menos de 60 GBTUD en agosto de 2026.

La UPME estima que, para el sector termoeléctrico, un racionamiento de gas tendría un costo de $6.187 por m³, al considerar tanto los impactos directos sobre los usuarios como los efectos sobre el Sistema Interconectado Nacional. El impacto dependería, entre otros factores, de las condiciones hidrológicas y de la disponibilidad de generación alternativa. Los cálculos, con base en las elasticidades de la UPME, sugieren que un desabastecimiento equivalente al 1 % de la demanda de gas destinada a generación térmica tendría consecuencias significativas.

Preguntas y respuestas de contexto

¿Qué tan intenso se espera que sea el fenómeno de El Niño en Colombia?

Se proyecta que este fenómeno de El Niño sea el más fuerte desde que se tienen registros, con una probabilidad del 75% según el IDEAM. Su mayor intensidad se espera para el último trimestre del año.

¿Cuáles son las principales repercusiones económicas de El Niño?

El Banco de la República identifica impactos en alimentos, energía y actividad agropecuaria, con presiones inflacionarias y pérdidas significativas en el sector ganadero. Un racionamiento energético podría costar 5.600 millones de pesos de 2025 por cada hora de interrupción.

¿Cómo se encuentra el sector energético colombiano ante esta situación?

El sector energético presenta un margen de maniobra estrecho debido a retrasos en la entrada de nueva capacidad de generación y en proyectos de transmisión. Esto, sumado al deterioro hidrológico y el aumento de la demanda, incrementa la dependencia de la generación térmica.

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