La filosofía kantiana detrás de la estrategia de Rodolfo Hernández
Por Enrique Morales Nieto Tres documentos tuve la oportunidad de leer hoy que me sorprendieron sobre Rodolfo Hernández y que me dieron luces de por qué es un fenómeno electoral y de su estrategia, y cambiaron mi percepción un tanto light que, confieso, me preocupaba a acerca de él. El primero, una r
Por Enrique Morales Nieto
Tres documentos tuve la oportunidad de leer hoy que me sorprendieron sobre Rodolfo Hernández y que me dieron luces de por qué es un fenómeno electoral y de su estrategia, y cambiaron mi percepción un tanto light que, confieso, me preocupaba a acerca de él. El primero, una reseña en diario El Tiempo de los orígenes políticos en dónde habla de que su gran mentor es uno de sus hermanos. Un filósofo que le enseñó los principios de Enmanuel Kant, y bautizó su campaña a la Alcaldía con el incomprendido, pero efectivo nombre de «Lógica, ética y estética».
El segundo, su programa de gobierno que se centra en que todo lo que haga tiene como eje central la lucha contra la corrupción y, por último, sus videos de campaña, así como su discurso de ayer. Mi conclusión: su estrategia de campaña utiliza de manera magistral lo que para Kant es ética y lo que el filósofo llama como «imperativos categóricos» que son reglas de comportamiento para un actuar correcto.
Los imperativos kantianos son tres y tienen la cualidad de ser inherentes al ser humano. Es decir, todos los llevamos dentro de nuestra naturaleza humana.
El primer imperativo de Kant es: «actúa como si quisieras que esa acción se convirtiera en acción universal». Es el caso de la honestidad, que si uno es honesto desea que los demás hagan lo mismo. Por eso, todos los seres humanos aceptamos la honestidad. Así que la lucha contra la corrupción cala en el discurso no solo porque es un problema que atañe a Colombia. Es una ley universal que, al ser propia del ser humano, todos la aceptaremos en cualquier lugar del mundo y no tendrá contradictores.
El segundo imperativo: trata a las personas como un fin y no como un medio. Significa que debemos tratar a todos por igual, sin importar su raza, credo, preferencias ideológicas, por eso no toma partido por ningún movimiento político, ni por ideologías y le parece bien la derecha, la izquierda o el centro y nadie lo puede definir. Lo hace porque sabe que hay una ley universal que valora como comportamiento ético tratar a todos por igual, que, si así lo hacemos, humanizamos nuestros actos.
Veamos el tercer imperativo: actúa como si quisieras ser ejemplo de los demás. La gente observa nuestras buenas acciones y las replica. Ya veremos publicidad en la que aparece Rodolfo Hernández entregando becas a estudiantes, construyendo casas, dando créditos, ayudando a las personas, todo esto a título personal y no como gobernante.
Su éxito está en basar su estrategia en una filosofía de principios universales de ética, convertidos en postulados no visibles de una campaña a la Presidencia. El que piense que Rodolfo Hernández es un loquito que no sabe para donde va, está muy equivocado, porque llega a toda una sociedad con postulados que están dentro de todos nosotros. Por eso no necesita de grandes eventos ni de una lista de 100 o 200 programas de gobierno. Por eso, sus mensajes llegan claro a todos, porque según Kant son parte de nuestra naturaleza humana. Algo realmente brillante que lo está llevando a la Presidencia de la República.

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