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(OPINIÓN) ¿Cómo suicidarse políticamente en 80 días? Por: Lola Portela

En el manual de la supervivencia electoral, existe una regla de oro que cualquier estratega de tres pesos conoce: jamás dejes descubierta tu retaguardia mientras intentas conquistar el patio ajeno.

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(OPINIÓN) ¿Cómo suicidarse políticamente en 80 días? Por: Lola Portela

Paloma Valencia, sin embargo, prefirió inaugurar su propia escuela de ingeniería política: la del harakiri electoral en tiempo récord. Su campaña presidencial por el Centro Democrático pasará a los anales de la historia no por lo que construyó, sino por la espectacular y minuciosa forma en que dinamitó su propia casa para terminar mendigando un café en el centro.

Pero Paloma no vuela sola. Detrás de cada uno de sus aleteos torpes está la mano del titiritero mayor, Álvaro Uribe Vélez, quien en su obsesión por mimetizarse en la moderación terminó bendiciendo el diseño de su propia debacle. Si usted aspira a heredar un fortín electoral y quiere destruirlo en apenas 80 días con la complicidad de su mentor, el "Manual Valencia-Uribe" ofrece una secuencia infalible:

Primer paso, la minoría de edad permanente: Arrancar la contienda gritando que Uribe es su "papá político" condenó a Paloma al papel de la hija sumisa. Uribe, cómodo en su rol de patriarca, prefirió una ficha obediente antes que un liderazgo, con pantalones propios, como María Fernanda Cabal.

Al asumir esa narrativa, Paloma se puso voluntariamente las cadenas del cuerpo ajeno, mientras sus rivales cabalgaban hacia el futuro libres de equipaje.

Segundo paso, elegir a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial. El intento de Uribe y Paloma por ‘oxigenar’ la propuesta con un técnico bogotano perfumado de centro fue el escupitajo definitivo a la cara de la base radical. Para el uribismo de a pie, Oviedo no es moderación; es el defensor de la JEP y del Acuerdo de La Habana y la antítesis descarada de los principios de la derecha tradicional. Traerlo a la casa fue meter al caballo de Troya en la sala y pretender que la militancia aplaudiera el decorado de las directrices de su jefe.

Tercer paso, “aquí cabemos todos”: Bajo el pragmatismo ramplón avalado desde la cúpula, la campaña abrió de inmediato las compuertas a las maquinarias más tradicionales y al clientelismo de siempre. La promesa de pureza ideológica y de renovación del partido se vendió al mejor postor en el altar de una supuesta segunda vuelta que, a este paso, verán por televisión.

Cuarto paso, apelar a la intimidad: Paloma ventiló en los medios que duerme con el enemigo, admitiendo que está casada con un "mamerto". ¿Cómo va a gobernar con mano firme contra la amenaza socialista quien no puede convencer a su propio esposo?

Quinto paso, un autogol musical: Convencida de su carisma, la senadora decidió entonar ante las cámaras el clásico vallenato de los Hermanos Zuleta: "Y ahí vas, Paloma, con mi cariño, que nadie sepa que me destrozaste el nido". Pocas veces una metáfora literal ha sido tan letal. Sus contradictores ni siquiera tuvieron que esforzarse; la misma candidata les regaló el himno oficial de su debacle, convirtiéndose en el meme de la paloma que, en efecto, terminó por destrozar el nido que Uribe tardó dos décadas en empollar.

Sexto paso, abrazar a Judas: El partido vio con indignación cómo Paloma recibía con un sonriente abrazo la adhesión de María Claudia Tarazona, haciendo caso omiso de una traición que ya habían consumado en la intimidad familiar, mientras el padre de Miguel Uribe Turbay despotricaba contra esa decisión y contra las propias banderas de la casa. Con esa sola foto, en su afán desesperado por sumar de donde fuera, Paloma terminó de sepultar su autoridad moral ante sus propios electores.

Séptimo paso, atacar al contrincante por sus medidas de seguridad en un país violento: En un partido que nació bajo la premisa de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe y que ha puesto los muertos de la patria, burlarse del chaleco antibalas de Abelardo De La Espriella fue una insensibilidad mezquina. El ataque victimizó a Abelardo y lo ungió ante las bases como el verdadero heredero de la doctrina de seguridad.

Octavo paso, recurrir a la frivolidad para descalificar al contrincante: Cuando las encuestas confirmaron el desplome de Paloma y el país exigía debates sobre economía y orden público, la fórmula vicepresidencial de la campaña se dedicaba a hacer videos criticando a De La Espriella por no usar medias. La respuesta del abogado, negándose a debatir bajo una caballerosidad selectiva, terminó de invisibilizar a Paloma, dejando su insistencia diaria con el tufillo amargo del desespero de quien ve que el apellido Uribe ya no endosa votos automáticamente.

El suicidio asistido, un café con el que tenía tus votos: A las puertas de la votación, Paloma buscó un sonriente café con Sergio Fajardo que terminó en ejecución pública. Ver a la candidata del uribismo coquetear con lo que siempre llamaron ‘tibio’ ya era un insulto, pero la humillación fue total cuando Fajardo la expuso ante las cámaras aclarándole que él jamás se subiría a las tarimas con las personas con las que ella sí lo hace, y que sus caminos políticos son irreconciliables. Paloma sonreía mientras el centro la desechaba mediáticamente, demostrando que en su afán de cálculo terminó por vaciar el partido y dejar su retaguardia completamente huérfana.

La estocada final, perder el norte por desespero: Y cuando el país creía haberlo visto todo, Álvaro Uribe puso el broche de oro al desconcierto. En un giro delirante, les lanzó una advertencia al ELN, a las FARC y al Clan del Golfo: "No se confíen de Cepeda", les dijo, asegurando que el candidato los entregaría ante el primer apretón de Estados Unidos. El cortocircuito fue absoluto: mientras la candidata era menospreciada por el centro, el mentor le enviaba recados tácticos a la criminalidad.

En política los vacíos se pagan caro. Abelardo De La Espriella solo tuvo que quedarse quieto en la derecha dura, hablarle al corazón de los traicionados y recoger, uno a uno, los pedazos del nido que la Paloma, volando bajo las órdenes de su papá político, terminó por destrozar.

El próximo domingo, cuando se cierren las urnas, sabremos, a ciencia cierta, cuáles son las verdaderas consecuencias de haber seguido un manual que parece haber sido diseñado por el enemigo.

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