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Cabello humano. Una alternativa sostenible para reforzar viviendas en zonas sísmicas

Un residuo cotidiano podría convertirse en un aliado clave para mejorar la seguridad estructural de las viviendas en zonas sísmicas. Investigadores de la Universidad de Medellín desarrollaron un mortero reforzado con fibras de cabello humano que, según pruebas de laboratorio, duplica la capacidad de

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Redacción IFM
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Cabello humano. Una alternativa sostenible para reforzar viviendas en zonas sísmicas

Un residuo cotidiano podría convertirse en un aliado clave para mejorar la seguridad estructural de las viviendas en zonas sísmicas. Investigadores de la Universidad de Medellín desarrollaron un mortero reforzado con fibras de cabello humano que, según pruebas de laboratorio, duplica la capacidad de deformación de los muros, un factor determinante para reducir el riesgo de colapso durante un terremoto.

El proyecto surgió a partir de una preocupación ambiental. En ciudades como Medellín y los municipios del Valle de Aburrá, el cabello recolectado en peluquerías y barberías es considerado un residuo biológico que requiere manejo especial y cuya disposición genera costos. En muchos casos termina en rellenos sanitarios o es incinerado. Si se tiene en cuenta que cada persona produce entre 100 y 150 gramos de cabello al año y que el área metropolitana supera los 3,5 millones de habitantes, el volumen anual desechado puede superar las 350 toneladas.

A partir de este contexto, docentes de la Facultad de Ingenierías incorporaron fibras de cabello humano en morteros de revoque utilizados en muros de mampostería tradicional, ampliamente empleados en América Latina. El objetivo principal no fue incrementar significativamente la resistencia a la compresión, sino mejorar el comportamiento del sistema ante cargas dinámicas, como las generadas por un sismo.

Las pruebas evidenciaron que el aumento en resistencia fue inferior al 10 %. Sin embargo, en términos de capacidad de deformación los resultados fueron relevantes. Los muros reforzados con cabello lograron duplicar su desempeño frente a los convencionales. Esta propiedad es clave en eventos sísmicos, ya que permite que la estructura soporte mayores deformaciones antes de fallar.

El cabello actúa como una fibra de amarre posagrietamiento. Cuando el mortero comienza a fisurarse, las fibras mantienen cohesionados los fragmentos y retrasan el desprendimiento, lo que reduce el riesgo de colapso inmediato y de lesiones asociadas a la caída de materiales.

Desde el punto de vista técnico, el cabello está compuesto principalmente por queratina, una proteína que le otorga resistencia y flexibilidad. En el laboratorio se evaluaron variables como longitud, proporción en la mezcla y tipo de fibra, identificando mejores resultados en cabellos más ondulados o crespos.

La iniciativa propone una alternativa sostenible y de bajo costo frente a fibras plásticas o metálicas utilizadas en la industria. Además de aportar a la resiliencia sísmica, abre la posibilidad de crear una cadena de aprovechamiento de este residuo, contribuyendo a la reducción de impactos ambientales y al desarrollo de soluciones constructivas innovadoras.

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