(OPINIÓN) Relaciones político y empresariales-académicas. Por: Jorge Andrés Rico Zapata
Hace poco conversando con un sector político, hablaba de la importancia de la academia.
De como ésta es parte de la conversación de ciudad y, sobre todo, de como a través de la academia se puede legitimar el actuar, en coherencia con la formación integral y el ejercicio de libertad moderado en deberes y responsabilidades académicas.
La academia entendida como el espacio, el epicentro de conocimientos y la amplitud de conversaciones diferentes, debe conectarse con la empresa y el poder político para la construcción de legitimidad. La habilidad está en aprovechar la participación del quehacer académico como parte de una cimentación de posibilidades de análisis y en ocasiones, de hacerlo, sin tratar de ser imparcial, porque esa imparcialidad la debe perder la academia cuando estén en riesgo lo principios rectores de la dignidad humana, institucional y de país.
Estos sectores, el político y empresarial deben extender la conversación con diferentes universidades, Instituciones y demás encargadas de experimentar el aprendizaje. Es cierto que hay matrimonios empresariales-académicos y político-académicos, pero el ejercicio debe ser más vasto. Uno de los motivos, es que la academia es la integración de voces de diferentes centros de pensamiento, no una sola voz y una sola persona. De lo contrario, se condiciona el desarrollo a individualismos que cooptan el ejercicio de legitimidad.
La Universidad como actor líder de la academia requiere compromiso con la defensa de los principios de dignidad humana y bienestar, en donde prime la búsqueda del fortalecimiento social, económico, cultural y político en bien y sentido integral de las sociedades. Lo cual, deja claro que hay escenarios donde deberá alzar su voz y de forma cohesionada, formar equipo con el sector empresarial y sectores políticos (no en búsqueda de participación política hacia el poder, sino en acción política como herramienta para construir y defender), y así, acompañar crisis o problemas que se den en el contexto de ciudad y país.
Para esto, los sectores empresariales y políticos deben abrirse a nuevos diálogos, con nuevos actores de la academia. Vincular seres humanos que no solo hagan parte de esos enlaces casi que históricos, que perse no son negativos, pero si debe propiciarse sincronías más democráticas y que visibilicen aquellos lugares de la academia e instituciones en donde también se hacen prácticas positivas y que permiten ser parte del dialogo de país para buscar soluciones a retos y amenazas que surgen.
El aspecto económico y el carisma relacional sigue siendo predominante en el modelo, de allí, proyectos y procesos que se dan desde el sector público con las mismas universidades o centros de educación, pero parte de este camino, es ampliar y fortalecer futuros aliados. Igual pasa con sectores empresariales, quienes siempre trabajan con las mismas entidades universitarias o académicas, lo cual no tienen nada de negativo, pero en algún momento, el resultado será el mismo: la lógica de obtenciones mutuas de interés, con debilidades en la exigencia, debido a que el relacionamiento depende del carisma individual.
Mi posición no es romantizar o idealizar la consecución de intereses entre sectores académicos y empresariales y políticos, es buscar la amplitud de diálogos. Es un llamado a nuevas conversaciones y apostar por la generación de redes y nodos fuertes. Esto también llevará, a que una empresa tenga claro con quienes no podría aliarse, por temas que van en contra de sus principios, y así debe ser. Al igual que las universidades y la academia pueden tomar postura sobre sus innegociables, y es parte del carácter de las instituciones. Lo que sí debe darse, es un cambio en modelos de operación donde no se permite nuevas interacciones empresariales académicas o donde sectores políticos se alejan de la academia porque todo lo piensan desde aquello que les genere votos, como si la academia estuviera en contra.

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Simbiosis. Por: Marta Palacio
Es una interacción entre "naturalezas diferentes".
(OPINIÓN) El problema no era la changua. Por: Manuela Correa Poveda
Crónica de un exceso colombiano
(OPINIÓN) ¿El populismo en campaña sale caro? Por: César Bedoya
El panorama electoral colombiano de 2026 nos pone, una vez más, frente al espejo de nuestras…