(OPINIÓN) Por qué nos lo preguntan mucho. Por: Sebastián Gutiérrez
LOS 22 MANDAMIENTOS de Palantir.
El sábado 18 de abril de 2026, a las 2:45 de la tarde hora de Washington, Palantir Technologies publicó en X un documento de 22 puntos (
. ) Lo presentó con una frase aparentemente menor“Porque nos lo preguntan mucho.” Para el lunes lo habían leído más de 33 millones de personas.
Era una doctrina tecnológica, política y militar; la declaración más audaz que una corporación privada haya hecho sobre cómo debe reorganizarse el mundo en la era de la inteligencia artificial.
Yo lo leí con preocupación.
No porque sea el delirio de un excéntrico, sino porque es coherente, con muchas cosas de nuestra realidad, es una doctrina que está bien construida, y la firma la empresa más integrada al aparato de seguridad del planeta. Palantir fue fundada en 2003 por Alexander Karp y Peter Thiel con capital de In-Q-Tel, el brazo de inversión de la CIA. Hoy tiene contratos activos con el ejército estadounidense, con la agencia que ejecuta las deportaciones masivas de la administración Trump, y con el ejército israelí, para el que construyó bases de datos de objetivos militares en Gaza. No produce aplicaciones pero si la infraestructura que decide, en tiempo real, a quién se vigila y a quién se ataca.
Una empresa tan poderosa no publica en sus redes sociales y como posición oficial el resumen de libro por curiosidad intelectual, en realidad Palantir le contó a la humanidad, cuáles son sus objetivos.
El documento sintetiza The Technological Republic, escrito por Karp y Nicholas Zamiska, en 2025. El punto 12 del manifiesto declara el momento histórico, “La era atómica está terminando… una nueva era de disuasión construida sobre inteligencia artificial está por comenzar.” El punto 4 extrae la consecuencia operativa “el poder duro de este siglo se construirá sobre software.” Y el punto 5 cierra cualquier deliberación posible, la pregunta no es si se construirán armas de inteligencia artificial, sino quién las construirá. Los adversarios de Occidente, advierte el texto, no harán una pausa para “debates teatrales.”

La democracia deliberativa queda descartada de entrada. Lo que emerge es un paradigma que rompe con las reglas que la civilización construyó después de 1945. El derecho internacional, el multilateralismo, la soberanía de los estados, el manifiesto no los niega. Hace algo más eficaz. Los convierte en obstáculos. Y una vez instalada esa lógica, el punto 9 habilita la acción, la sociedad debe mostrar “más gracia hacia quienes toman decisiones difíciles.” Traducido sin eufemismos, no juzguen a quienes hacen lo que hay que hacer. El héroe contemporáneo que opera estas tecnologías debe quedar libre del juzgamiento moral ciudadano y de los límites legales de las instituciones. Libre, en última instancia, de rendir cuentas ante cualquier norma que no sea el resultado.
La ideología que sostiene el manifiesto no nació el 18 de abril. Tiene genealogía.
Peter Thiel es una de las figuras centrales del universo TESCREAL —el conjunto de corrientes que define al Valle del Silicio contemporáneo, transhumanismo, extropianismo, singularitarismo, cosmismo, racionalismo, efectivismo y longtermismo—. Una cosmología que combina la fe en la aceleración tecnológica como destino inevitable con el desprecio por la deliberación democrática como obstáculo al progreso. Silicon Valley tiene su propia religión secular. A esa religión, el manifiesto le suma un lenguaje que no le pertenece, nación, sacrificio, fe, civilización.
El resultado no pasó inadvertido. El filósofo Mark Coeckelbergh, de la Universidad de Viena, lo llamó por su nombre, un ejemplo de tecnofascismo. No como insulto sino como categoría analítica precisa —la fusión de vigilancia masiva, poder corporativo y Estado militarizado justificada en nombre de la eficiencia y la seguridad (Al Jazeera, 21 de abril). El economista Yanis Varoufakis fue más crudo, Palantir acaba de señalizar su disposición a añadir al Armagedón nuclear la amenaza existencial de la inteligencia artificial militarizada. El politólogo Donald Moynihan, de la Universidad de Michigan, concluyó que la visión del manifiesto es la de un gobierno estadounidense y sus aliados tecnológicos operando sin restricciones de ningún tipo de rendición de cuentas (Common Dreams, 20 de abril). Y el analista geopolítico Arnaud Bertrand fue el más preciso sobre el negocio detrás de la doctrina, “Están diciendo efectivamente: nuestras herramientas no están pensadas para servir a su política exterior. Están pensadas para imponer la nuestra.”
Hay un punto que el manifiesto no explica pero que lo atraviesa todo.
El punto 21 afirma que ciertas culturas han producido maravillas mientras otras han resultado mediocres y, en el peor de los casos, “regresivas y dañinas.” El punto 22 rechaza el pluralismo como tentación vacía. Nadie nombra cuáles son las culturas problemáticas. Pero la empresa que escribe esto deporta latinoamericanos con reconocimiento facial en la frontera norte y tiene contratos de inteligencia en tres continentes del Sur Global.
La pregunta se formula sola: ¿en qué categoría ubica ese relato a las sociedades que disputan con el narcotráfico, la pobreza estructural, la guerra interna, las contradicciones de un desarrollo que nunca terminó de llegar? ¿Somos parte del nosotros que defiende la civilización, o somos parte del problema que la amenaza? ¿Somos sujetos en este orden, o somos su insumo?
Calvino tardó décadas en ver sus tesis recorrer Europa. La Declaración Universal de Derechos Humanos tardó una generación en volverse lenguaje político operativo. Este manifiesto tardó una semana en alcanzar 33 millones de lectores. Ya es lenguaje circulante. Ya está instalando una grilla para interpretar la guerra, la tecnología, el poder y el porvenir.
El problema no es que Palantir piense lo que piensa.
El problema es que ya construyó la infraestructura para ejecutarlo.
Fuentes: @PalantirTech, X, 18 de abril de 2026. Visualizaciones: Fortune y Disruption Banking, 22 de abril. Declaraciones de Coeckelbergh, Varoufakis, Moynihan y Bertrand: Al Jazeera (20 y 21 de abril), Common Dreams (20 de abril). Datos corporativos de Palantir: Al Jazeera, TechCrunch, Futurism, abril de 2026.
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