(OPINIÓN) Con la comida no se juega. Por: Marta Palacio
Desde que nacemos, es la consigna.
La comida es sagrada. Nadie tiene la comida asegurada, eso es real. Hay que conseguirla, lo que significa "trabajar" a veces muy duro.
Sea en una oficina, en la calle, porque la comida no "brota" de la nada. Si uno no trabaja, es decir, no hace algo para merecer la comida, quien se la proporciona trabaja el doble para que no te falte.
¿De dónde sale la comida? Del campo. Desde las materias primas un pan, arepa, carne, legumbres, harina, azúcar, sal. Todo sale del trabajo de muchas personas que trabajan para producir la comida.
En las ciudades, se paga por la papa, el arroz, el vestido, los zapatos. Es un engranaje que, si se para, todos vamos a tener un gran problema que se denomina HAMBRE.
La tierra hay que trabajarla, aunque sea para sembrar y recoger la cosecha.
La comida hay que comprarla, después de viajar kilómetros para llegar hasta MI CASA y poderla cocinar, con agua que llega porque muchas personas trabajan para traerla limpia hasta MI CASA.
Con electricidad o gas, que igualmente hay un esfuerzo enorme para que llegue a MI CASA y cada uno TRABAJA PARA TENER LA COMIDA lista, después de un día de trabajo, que le sirve a los demás, porque contribuye a que a los demás también les llegue la COMIDA A SU PROPIA CASA.
Es imperdonable la inconsciencia sobre nuestra participación en la dinámica del sustento diario.
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En este artículo voy a tratar un tema que es muy delicado