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(OPINIÓN) No está fácil. Por Diego Arango O

No está fácil el triunfo de Abelardo el 21 de junio, pero tampoco imposible. Me he caracterizado por ser una persona optimista pero realista.

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(OPINIÓN) No está fácil. Por Diego Arango O

La fuerza de esa izquierda petrista es consistente, muy difícil que sus seguidores den un giro hacia la derecha que representa De la Espriella, pues se trata de una postura diametralmente opuesta al discurso de Cepeda, que unido al poder real que tiene el presidente Petro y al enorme presupuesto de campaña supuestamente patrocinado en gran parte con negociados, dineros oscuros, compra de votos, burocracia y dinero público, esa votación de 663 mil votos que Abelardo le sacó, podrían no ser suficiente para marcar una diferencia electoral que supere holgadamente a Cepeda.

Otro aspecto de gran relevancia en un análisis objetivo de lo que fue la pasada votación de la primera vuelta, observamos que de los 32 departamentos incluido el Distrito Capital, 19 de ellos le votaron más a Cepeda, es decir el 60% del territorio. Pero comparativamente Abelardo al ser un outsider sin una estructura política tradicional, debido a que los partidos en gran parte apoyaron a Paloma, sumado a lo anterior que, siendo su primera campaña, ha sorprendido derrotando a otros candidatos con más experiencia electoral dentro de ellos la misma Paloma Valencia, quien actuaba a nombre del uribismo, corriente política de mucha consistencia.

Pero lo anterior no es un panorama que muestre una definición final a favor de Cepeda, pues se sabe que ya guarda sus diferencias con el presidente Petro quien ha querido imponer algunos aspectos a los que Cepeda no ha accedido como el reconocimiento de los anteriores resultados, además ciertas manifestaciones violentas de sus seguidores que afectan mucho ante la opinión pública, sumado a lo anterior el desprestigio internacional que de alguna manera inquieta en la conciencia del votante indeciso, que como están las cosas serán en gran parte quienes definirán en la rueda electoral.

Pero de otra parte están los llamados votantes de centro, aquellos que sufragaron por otros candidatos que se ubicaban en ese lugar político, de manera que lo que se viene es un “tête a tête” (cabeza a cabeza) entre estos dos candidatos con posiciones, ideas e intenciones diametralmente opuestas; la de Cepeda una izquierda clásica, recalcitrante, con propuestas estatistas de la propiedad privada, incremento burocrático, control del Estado en la producción y comercio, así como la educación, a más de otras de índole socialista emanadas de ejemplos como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua entre otros; mientras que las que Abelardo propone van hacia el fortalecimiento de la iniciativa privada, obras de infraestructura nacional, servicios públicos eficientes, garantía de la salud, educación, libre inversión y propiedad privada, libertad religiosa, defensa de los valores de vida y especialmente la seguridad ciudadana en las ciudades y sectores rurales, acabando con esa violencia de los grupos ilegales y narcoterroristas que tan azotado tienen al país.

Como se puede ver las diferencias son diametrales entre ambas propuestas, pero con la particularidad que la experiencia de un sistema de gobierno continuación del actual, que se ha caracterizado por la improvisación, corrupción, inseguridad, despilfarro, irresponsabilidad y demás factores que han afectado la producción interna, el costo de la vida, las exportaciones, el turismo y la seguridad nacional, incrementando la delincuencia y mancillando nuestra imagen internacional.

He ahí la diferencia, la disyuntiva está en continuar con lo mismo cuatro años más con la casi segura opción de haber caído en un túnel sin salida o bien dar un salto diametralmente opuesto que le brinde al país seguridad, respeto institucional y democrático, progreso y mejores condiciones de vida entre otros aspectos más de una sociedad creciente como la colombiana.

Estamos a tan solo diez días de cumplir con ese objetivo, de manera que la opción más viable y conveniente para nuestro país es votar por Abelardo De la Espriella y dar un viraje correcto a nuestra nación, que a decir verdad ofrece muchas posibilidades a sus habitantes bajo una buena conducción. Dios nos entregó un gran país, es responsabilidad nuestra llevarlo por buen camino y eso solo se logra cumpliendo con el sagrado deber de elegir bien con nuestro voto.

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