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(OPINIÓN) Los otros. Por: Jaime Honorio González

Nos han mentido otra vez. Igual que siempre.

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(OPINIÓN) Los otros. Por: Jaime Honorio González

A los que creyeron y a los que no. A los que los apoyaron y a los que los vituperaron. Nos mienten como a niño chiquito que le prometen un helado para que deje de llorar y nunca le cumplen. Y el niño lo olvida. Somos menores de edad de esta sociedad manejada por adultos irresponsables, especialmente porque mienten a sus electores. Y, de manera particular, porque se mienten a sí mismos. Son unos tristes Pinochos. Ojalá se astillen.

Miren ustedes a nuestro actual presidente de la República, que ganó gracias entre otras cosas a varias y muy convincentes promesas de cambio y que está a punto de terminar su mandato con una serie de incumplimientos a cuestas, hay que decirlo.

Claro que, en el mundo político, faltar a la palabra en realidad no es cosa del otro mundo. No hay en la historia un mandatario que haya cumplido todo, aunque sigamos esperando la llegada del mesías presidencial. Y eso que hemos tenido de forma invariable más o menos uno cada cuatro años, comenzando con Simón Bolívar, libertador de cinco naciones, fundador de la patria, mesías de los mesías, inspirador de otros, como el actual. Para no ir más lejos.

Pero, no nos desviemos. No nos detengamos en la megalomanía que acompaña a todos y cada uno de los que se sientan en esa silla presidencial, sin excepción. Eso viene con el cargo.

Vayamos a lo fundamental. A las mentiras. A dos, en especial, a dos que quiero destacar: una, porque es grotesca la forma en que se está incumpliendo. Y la otra, porque me parece que representa explícitamente la burla a toda esta sociedad, horrible consecuencia de la mentira usada como arma política.

La primera, que por cierto está de moda, es la promesa de no hacer asamblea constituyente, jurada durante la campaña presidencial de 2018, escrita en piedra, en un decálogo como el de Moisés, planteada en mayúsculas, como segundo punto: NO CONVOCARÉ A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE. Fue el nueve de junio de ese año.

Después lo negó varias veces y también en la campaña de 2022, exactamente el diez de junio, en un informativo radial. Preguntó el periodista:

  • Si Usted llega a la Presidencia, ¿tiene intención de llamar a un proceso constituyente?

Respondió el entonces candidato:

  • Eso, ¿Dónde lo ha leído en mi programa de gobierno?

Y más adelante, afirmó:

  • La repetición de esa pregunta tiene como objetivo el cimentar en la opinión pública la idea de que están a punto de elegir un dictador de izquierda.

Unos días después, el candidato fue elegido presidente. Y aunque, según el informe periodístico, lo negó nueve veces, el presidente insistió en su discurso del pasado primero de mayo en su necia idea de citar la constituyente, una verdadera pérdida de tiempo, porque no tiene mayorías en el Congreso, no tiene tiempo para hacerla, y lo más grave, no tiene sentido hacerla.

Me parece que ese proyecto es, como varios lo han planteado, el verdadero engañabobos. Al final, no servirá de nada.

Y la otra mentira paradigmática en realidad afecta a muy pocos, pero es una de las más evidentes. Y, qué coincidencia, también estaba cincelada en ese mármol de 2018, exactamente en el octavo punto: NOMBRARÉ A LAS/LOS MÁS CAPACES. ¡Ja!

Apenas unos días llevaba como presidente cuando lanzó  la iniciativa “Aporta con tu experiencia”, dirigida a colombianos con estudios de doctorado, para que trabajaran en el nuevo gobierno.

Más de 15.000 doctores se inscribieron y no hay indicios de que al menos el uno por ciento de ellos hubiese sido contratado. Ni el 0.1 por ciento, que son apenas 15 doctores. Les mamaron gallo. Los ilusionaron. Les vieron la cara. Les mintieron. Nos mintieron.

En cambio, Juliana Guerrero, sin pregrado, sin posgrado, con título falso, con trampa, con total desfachatez y sin una gota de meritocracia terminó adueñándose del final de un gobierno que iba a contratar a los más capaces. Contrató a los más rapaces.

Sí, yo sé que hay más promesas incumplidas. Pero, yo sólo quería nombrar estas dos, porque muestran a las claras que estamos anestesiados frente a las palabras, porque no nos importan los hechos, porque de nada sirve que nos muestren o nos demuestren, porque nada cambiará nuestras concepciones.

Los uribistas seguirán siendo uribistas, pase lo que pase y digan lo que digan. Los petristas seguirán siendo petristas, pase lo que pase y digan lo que digan. Y los  otros seguirán siendo los otros, pase lo que pase y digan lo que digan.

Soy de los últimos, por si las dudas.

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