(OPINIÓN) La insensatez de la turba. Por: Óscar Ricardo Colorado Barriga
El 25 de abril, una estructura criminal de las FARC al mando de alias Marlon ordenó explotar cilindros cargados con explosivos en la vía Panamericana.
Acción que cobró la vida de 21 personas inocentes y 48 heridos. Lo más aberrante es que este psicótico criminal sea “gestor de paz”, contertulio de Iván Cepeda, artífice del programa bandera de Gustavo Petro, quien fue capturado en el 2013 y puesto en libertad en el 2017 al ser incluido en el proceso de paz.
Sin el más mínimo respeto por las víctimas, la fórmula presidencial de las guerrillas Cepeda-Quilcué responsabilizó de esta masacre a los candidatos de la derecha, en su afán de proteger a los asesinos, violadores, secuestradores y pedófilos de estas estructuras, a quienes ellos consideran humildes revolucionarios dignos de todo tipo de concesiones, ocultando de manera cómplice las 53 masacres ocurridas en 2026.
El 3 de mayo la Policía capturó 21 guerrilleros que llevaban 12 menores de edad secuestrados por las FARC en el Cauca, los cuales se suman a los más de 1.350 reclutados en este desgobierno. No olvidemos como antecedente que el 5 de febrero de 2024, en las fallidas conversaciones con los terroristas del ELN, lideradas por Iván Cepeda Castro, acordaron NO incorporar menores de 15 años, lo que en la práctica les dejó la vía libre para reclutar niños de 15, 16 y 17 años. La JEP, organización creada para lavarle los delitos a las FARC, en donde también fue clave la participación de Cepeda y su esposa, quien trabaja en esa entidad, se vio obligada a reconocer el reclutamiento forzado de 18.677 menores debidamente censados, pese a que estos terroristas, miembros del pacto histórico y los tres ivanes (Márquez, Cepeda, Mordisco), llevaban años negándolo.
Es ilógico desconocer el flagelo de la corrupción de gobiernos anteriores, que nos han llevado a padecer como nación problemas de alta complejidad, pero es TOTALMENTE INSENSATO, ver cómo hoy aún existen personas que defienden el más inoperante, criminal y corrupto de todos los gobiernos, cerrando los ojos ante la evidente realidad, siendo ellos mismos víctimas de sus malas decisiones en temas de salud, seguridad, educación, trabajo, infraestructura, economía, entre otros. Gustavo Petro encarna la bajeza moral, su familia la indignidad, su núcleo cercano la corrupción, sus funcionarios la ineptitud y sus seguidores la estupidez.
Ninguna persona decente puede defender la atrocidad criminal de estos terroristas o pretender negociar con estos psicópatas, brindándoles todo tipo de beneficios e impunidad; eso solo lo pueden hacer aquellos que han sido parte activa de estas organizaciones como Gustavo Petro y su hoy candidato Iván Cepeda, quienes creen tener patente de corso para sus aberraciones, gracias a la insensatez de la turba que los sigue.
Los colombianos, en su gran mayoría, somos alegres, resilientes y buenas personas; a cuatro semanas de las elecciones, merecemos algo mejor: la fuerza del TIGRE o la esperanza de la PALOMA, no la enfermedad y miseria de otra RATA.
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