(OPINIÓN) La creatividad no es un don ni tampoco es una excusa. Por: María Fernanda Valdivieso C
Hay personas que encuentran una solución mientras los demás todavía están tratando de entender qué está pasando. En una reunión responden rápido, conectan ideas y proponen una salida que nadie había visto. Otras necesitan más tiempo: se sientan, escriben, piensan, descartan y vuelven a empezar.
Cuando finalmente encuentran una respuesta, muchas veces es mejor que la primera que habrían dado bajo presión. Esa diferencia existe. No todas las personas tienen la misma facilidad para generar ideas, imaginar posibilidades o encontrar caminos diferentes, y reconocerlo no debería ser una amenaza.
La cuestión se complica cuando esa diferencia deja de ser una característica y se convierte en una etiqueta. Desde pequeños aprendemos a clasificar a las personas como creativas, ingeniosas, imaginativas, racionales, estructuradas o poco creativas. Una etiqueta repetida durante años puede terminar convirtiéndose en identidad. Una persona que escucha constantemente que “no es creativa” puede empezar a comportarse como si esa capacidad estuviera reservada para otros: el diseñador, el artista, el escritor, el publicista, el emprendedor que siempre tiene una idea nueva o esa persona que parece encontrar una respuesta para todo.
Entonces la etiqueta deja de describir y empieza a limitar. Hay profesionales que creen que no podrían emprender porque no se consideran creativos. Hay emprendedores que piensan que necesitan una idea completamente novedosa para diferenciarse. Hay personas que llevan años haciendo lo mismo porque nunca han considerado que buscar otra manera también forma parte de la creatividad. Y hay quienes dejaron de proponer porque aprendieron que sus ideas no eran suficientemente buenas. En todos esos casos, decir “yo no soy creativo” puede parecer una descripción, pero también puede convertirse en una excusa para no explorar capacidades que nunca se han entrenado.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeTampoco sería serio responder con otra frase bonita: “Todos somos creativos”. No todas las personas parten del mismo lugar. Hay quienes tienen una facilidad natural mayor para asociar ideas, imaginar escenarios, tolerar la ambigüedad o experimentar con lo desconocido. La personalidad, la educación, las experiencias y los ambientes en los que una persona se desarrolla también influyen. Negarlo sería tan poco realista como afirmar que todos tenemos exactamente la misma facilidad para correr, cantar, memorizar, calcular o aprender un idioma. Las diferencias existen, pero tener una facilidad inicial no significa tener el monopolio de una capacidad.
La discusión realmente interesante está en saber si esa diferencia inicial determina hasta dónde puede llegar una persona. Y la respuesta, desde mi perspectiva, es no. Una persona que no tiene facilidad para producir diez ideas en cinco minutos puede aprender a producir tres. Puede entrenarse para observar mejor, buscar alternativas, cambiar de perspectiva, relacionar información y ampliar sus referencias. Puede aprender técnicas para generar posibilidades cuando la primera respuesta no resulta suficiente. No necesariamente se convertirá en la persona más imaginativa de la sala, pero sí puede ampliar considerablemente el rango de opciones que es capaz de considerar antes de tomar una decisión.
Porque la creatividad no siempre se parece a una idea brillante que aparece de repente. Puede ser encontrar una manera diferente de explicar algo que la otra persona no está entendiendo, reorganizar un espacio porque ya no funciona, modificar la manera de presentar un producto cuando los clientes no responden o encontrar una salida cuando el presupuesto no alcanza.
Puede ser cambiar la forma de abordar un desacuerdo familiar, mejorar un proceso de trabajo o descubrir por qué se sigue haciendo algo de determinada manera cuando nadie recuerda ya la razón. Muchas de las soluciones que mejoran la vida profesional y cotidiana no nacen de una ocurrencia espectacular, sino de alguien que se permitió mirar lo conocido desde otro ángulo.
También hay algo que revisar en la educación y en el trabajo. Durante años se ha premiado mucho más encontrar la respuesta correcta que aprender a encontrar alternativas. Se enseña a seguir instrucciones, cumplir y evitar errores. Después, en la vida adulta, se espera que las personas sepan adaptarse, resolver situaciones nuevas, tomar decisiones, emprender, innovar y encontrar caminos diferentes.
Queremos personas capaces de pensar distinto después de haberlas acostumbrado durante años a buscar una única respuesta. La contradicción también aparece en muchas organizaciones: se pide iniciativa, pero no siempre se tolera el intento; se habla de innovación, pero una idea que no funciona puede convertirse rápidamente en motivo de crítica.
La creatividad necesita espacio para desarrollarse. Eso no significa aceptar cualquier ocurrencia ni convertir cada idea en una decisión. Generar posibilidades y evaluar posibilidades son momentos distintos. Una persona necesita poder explorar antes de juzgar y después necesita criterio para decidir qué merece convertirse en algo. Una idea no vale porque sea extraña, llamativa o completamente nueva. Vale cuando permite comprender, resolver, mejorar, crear o transformar algo de una manera que antes no estaba disponible. Por eso una persona puede producir cien ideas y no saber qué hacer con ninguna, mientras otra puede producir dos y encontrar entre ellas una solución extraordinaria.
También es un error confundir creatividad con velocidad. Hay quienes necesitan silencio para pensar y aun así tienen una enorme capacidad para encontrar soluciones. Pueden tardar más en responder porque están conectando información que otros todavía no han relacionado. Pueden hablar menos y observar más. Pueden no tener la idea más llamativa de una reunión y, sin embargo, encontrar la solución que finalmente funciona. La creatividad no siempre se nota en quien habla primero. A veces está en quien escucha algo que los demás pasaron por alto, cuestiona una regla que nadie había cuestionado o encuentra una manera sencilla de resolver algo que todos habían complicado.
Entonces, ¿la creatividad se trae o se aprende? Las dos cosas. Existe una base individual y no todos tenemos la misma facilidad para imaginar, asociar o explorar. Pero también existe una capacidad que puede desarrollarse mediante conocimiento, experiencia, práctica y exposición a nuevas perspectivas. Y existe una tercera posibilidad que sí debería preocupar: la creatividad puede atrofiarse cuando una persona deja de utilizarla. Puede ocurrir por miedo a equivocarse, por costumbre, por ambientes donde las ideas diferentes son rechazadas o simplemente porque alguien se convenció demasiado pronto de que “eso no es lo suyo”.
Por eso no basta con preguntarse si una persona nació creativa. También habría que mirar cuánto espacio ha tenido para desarrollar esa capacidad y cuánto espacio está dispuesta a darse ahora. Tal vez hace falta dejar de asumir que la primera respuesta es la única posible, probar otra manera, leer algo diferente, escuchar a alguien que piensa distinto o quedarse un poco más con una idea antes de descartarla. Esa práctica puede cambiar la manera de resolver un problema, construir un negocio, dirigir un equipo, tomar una decisión o relacionarse con los demás.
Decir “yo no soy creativo” parece una descripción. Muchas veces es una renuncia que se tomó demasiado pronto. No hace falta haber nacido con una imaginación extraordinaria para aprender a mirar de otra manera. La creatividad que una persona no utilizó ayer no está necesariamente perdida; puede entrenarse, ampliarse y volver a ponerse en movimiento y tal vez no sea únicamente aquello que algunos reciben al nacer, sino también aquello que otros descubren cuando dejan de tratar sus límites actuales como si fueran definitivos.
Nos leemos pronto.
Noticias relacionadas
¿Qué es la Patria Milagro? Por: Álvaro Ramírez González
Desde el momento mismo de la llegada de Abelardo De la Espriella a la Presidencia, con su plan de…
(OPINIÓN) Pedirle peras al olmo. Por: María Clara Posada
Militares investigados por la JEP ¿pueden estar seguros de que, al entrar a su sala, no llegan ya…
(OPINIÓN) 10 años de la gran estafa. Por: Álvaro Ramírez González
En 2010, Juan Manuel Santos llegó a la presidencia, con los votos de Álvaro Uribe, los de los tres…