(OPINIÓN) 10 años de la gran estafa. Por: Álvaro Ramírez González
En 2010, Juan Manuel Santos llegó a la presidencia, con los votos de Álvaro Uribe, los de los tres huevitos, seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. Hasta el discurso de su posesión le duró la lealtad al hombre y a los principios que lo eligieron.
Pocas semanas pasaron para ver a Santos en Santa Marta, abrazado con Hugo Chávez, su “nuevo mejor amigo!”, con la clara intención de mostrar a Uribe como un pelión intransigente.
A partir de allí, Santos abandonó el libreto uribista que lo eligió y sacó las uñas, inició un proceso de paz con las Farc, producto según las malas lenguas de un bono multimillonario y de paso un Nobel de paz.
El país no lo entendía ni lo aceptaba; Santos, con la chequera oficial, compró el partido de la U, el que había montado Álvaro Uribe. Se apoderó de la colectividad.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeAl avanzar en el proceso de paz con unas FARC diezmadas y disminuidas que dejó Uribe, Santos decidió validar ese acuerdo de La Habana con un plebiscito.
“Si la mayoría de los colombianos lo aprueban, habrá acuerdo con las FARC, y si no lo aprueban, pues no habrá ese acuerdo”, sentenció Santos. Los colombianos negamos ese acuerdo.
Santos perdió el plebiscito que le validaba ese acuerdo de La Habana, salió con todos sus ministros con cara larga a aceptar la derrota, pero saltó un Chapulín Colorado, llamado Roy Barreras y lo convenció de que validara el acuerdo en el Congreso y compraron de nuevo con el presupuesto oficial a la mayoría de los congresistas.
Y aprobaron el Acuerdo de La Habana, un atraco, en la nariz de los colombianos. Cumple 10 años ese engendro y no consiguió ninguna paz. Las FARC, que eran un grupo, hoy son tres.
El ELN, casi extinguido se revitalizó; los paracos crearon el Clan del Golfo y hay 88 grupos terroristas y narcos que trabajan y gravitan alrededor de estos grandes grupos y un insumo vital: la cocaína.
Pasamos de 42,000 hectáreas sembradas de coca, al salir Álvaro Uribe, a 330,000 hectáreas al terminar Petro. También se disparó la minería ilegal, que ha producido miles de millones.
La extorsión, el secuestro y el robo de combustibles completaron el circuito financiero de la delincuencia; ese acuerdo nos ha costado a los colombianos más de $130 billones que se han ido al tarro de basura y la JEP un engendro de tribunal, construido para perdonar los pecados del terrorismo y condenar a soldados y policías.
Hoy es un nido enorme e inútil de magistrados que se ganan $ 83 millones mensuales y viajan y pasean por todo el mundo, sin la menor vergüenza.
Con la llegada del tigre, no solo se acabaron las inútiles y costosas mesas de paz, sino que se está combatiendo el terrorismo con toda la fuerza del Estado y de qué manera, y se inició ya la desfinanciación y el desmonte de la JEP. Y no se va a detener.
Una burla a la justicia, a las FFAA y a la dignidad de los colombianos
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