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(OPINIÓN) El precio de pactar con el “diablo”. Por: Bernardo Henao Jaramillo

El próximo 20 de julio se instalará el nuevo Congreso de la República para un periodo constitucional de cuatro años. Como ocurre al inicio de cada legislatura, todas las miradas estarán puestas en la elección de las mesas directivas del Senado de la República y de la Cámara de Representantes. Allí comenzará a definirse el equilibrio político del nuevo cuatrienio.

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(OPINIÓN) El precio de pactar con el “diablo”. Por: Bernardo Henao Jaramillo

No se trata de un simple acto ritual, formal. Y no lo es porque quien accede a ese cargo controla la dirección del Congreso de la República, tendrá una influencia decisiva sobre la agenda legislativa, el ritmo de los debates y la capacidad del Gobierno para sacar adelante sus iniciativas. Quien presida será, además, quien imponga la banda presidencial el próximo 7 de agosto. La elección enviará un mensaje político que trascenderá ampliamente el reparto de dignidades.

Como ocurre en todas las democracias, el Gobierno necesita construir mayorías. No tiene nada de ilegítimo que el presidente electo y su Ministro del Interior busquen acuerdos con los congresistas para garantizar gobernabilidad. Esa es la esencia de cualquier sistema presidencialista en el que ningún partido dispone, por sí solo, de las mayorías necesarias para gobernar.

La verdadera discusión no se efectúa en el Gobierno. Está en los partidos, especialmente en aquellos que durante la campaña construyeron su identidad alrededor de la oposición al proyecto político que está a horas de terminar su mandato y prometieron ejercer una forma distinta de hacer política.

La posibilidad de respaldar acuerdos que favorezcan a un dirigente de un partido tradicional, en lugar de defender una candidatura propia para la Presidencia del Senado, ha generado una evidente incomodidad entre dirigentes, militantes y simpatizantes. Más allá de quién termine ocupando el cargo, la controversia revela una pregunta profunda: ¿hasta dónde puede llegar un partido en nombre de la gobernabilidad sin poner en riesgo la confianza de quienes lo eligieron?

La política exige capacidad para construir consensos. Pero también exige memoria y respeto a la costumbre. Por eso resulta llamativo el debate que hoy vive el Centro Democrático, cuyo candidato a la Presidencia del Senado, Honorio Miguel Henríquez, al parecer solo podrá vencer con el sistema del voto limpio, pues no logró que se respete la tradición.  

Los ciudadanos votan por proyectos políticos, no únicamente por personas. Cuando un partido solicita respaldo electoral prometiendo independencia, firmeza o una determinada línea de conducta, adquiere un compromiso político con quienes depositaron en él su confianza. El CD aumentó de 13 a 17 senadores pero el haber corrido a declararse Partido de Gobierno no le está garantizando apoyo en la aspiración de su candidato; por el contrario, se puede anticipar una pronta ruptura.

 La mayoría de congresistas cambia. Las presidencias del Congreso duran apenas un año. Los acuerdos políticos son pasajeros. La credibilidad, en cambio, tarda décadas en construirse y puede perderse en una sola votación. La coherencia no es un lujo. Es el principal patrimonio de cualquier organización política.

La historia colombiana ofrece innumerables ejemplos de partidos que sacrificaron sus principios por obtener ventajas inmediatas. En casi todos los casos, el resultado fue el mismo: ganaron una elección interna, pero comenzaron a perder la confianza de sus propios electores. Ese es el verdadero riesgo.

La Ley de Bancadas fue concebida, precisamente, para fortalecer la coherencia y la responsabilidad política de los partidos. No pretende impedir los acuerdos democráticos, pero sí recuerda que las colectividades representan ideas, programas y compromisos adquiridos ante los ciudadanos.

Cuando esos compromisos empiezan a relativizarse por cálculos coyunturales, la política pierde uno de sus activos más importantes: la confianza.

El próximo 20 de julio conoceremos quiénes dirigirán el Congreso de la República. Pero también sabremos qué partidos decidieron mantenerse fieles a la palabra empeñada y cuáles consideraron que las circunstancias justificaban cambiar el rumbo. Cada colectividad tomará su decisión.

Después, serán los ciudadanos quienes emitan el verdadero veredicto. Porque la política permite negociar muchas cosas. Lo que difícilmente perdona el electorado es la incongruencia.

Para el nuevo Gobierno, esta será la primera gran prueba de fuego. La conformación de unas mesas directivas afines o, al menos, dispuestas al diálogo, puede significar la diferencia entre contar con gobernabilidad o enfrentar cuatro años de permanente confrontación institucional.  Sin embargo, las matemáticas en el nuevo Congreso no parecen favorecerlo. Sin mayorías propias, deberá construir acuerdos que le permitan garantizar la gobernabilidad y avanzar en la aprobación de los proyectos de ley y de los actos legislativos que constituyen el corazón de su programa. Ni su partido ni el Movimiento Nacional cuentan con los votos suficientes para imponer candidatos por sí solos.

 El 20 de julio se conmemora el Grito de Independencia. También empezará a escribirse la historia de las mayorías que gobernarán el Congreso. Los colombianos tendrán la oportunidad de observar quiénes actúan con coherencia y quiénes modifican sus alianzas según la dirección en que soplen los vientos del poder. El gobierno designado no honra en esta ocasión la costumbre al dejar conocer su guiño para presidir el Senado al aspirante del partido de la U Alfredo Deluque, guajiro quien es amigo personal de De La Espriella. Este partido escasamente cuenta con 8 senadores y es por completo afín al santismo.

El 20 de julio se conmemora el Grito de Independencia. También empezará a escribirse la historia de las mayorías que gobernarán el Congreso. Los colombianos tendrán la oportunidad de observar quiénes actúan con coherencia y quiénes modifican sus alianzas según la dirección en que soplen los vientos del poder. El gobierno designado no respeta en esta ocasión la costumbre y dejó conocer su guiño para presidir el Senado al aspirante de Cambio Radical Alfredo Deluque, guajiro quien es amigo personal de De La Espriella. Este partido escasamente cuenta con 8 senadores y es por completo afín al santismo.

 Parece sofisma pero no lo es; quienes pueden inclinar la balanza en la elección son los senadores del Pacto Histórico.

La política exige diálogo, sí. Lo que no permite es renunciar a la coherencia. Las mayorías construidas sobre principios pueden perder votaciones; las construidas sobre conveniencias terminan perdiendo credibilidad. Los pactos hechos únicamente para repartirse el poder suelen tener fecha de vencimiento. Y la historia enseña que, cuando se decide pactar con el “diablo”, tarde o temprano llega el momento de pagar el precio, y es desde luego la condena final.

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